domingo, 15 de noviembre de 2020

POLÍTICA ESTADOUNIDENSE: Joe Biden o el regreso del catolicismo en la Casa Blanca





El próximo 20 de enero, terminará la era de Donald J. Trump en los Estados Unidos de América. El ególatra, pendenciero y autoritario empresario de bienes raíces y del espectáculo Donald J. Trump deberá entregar el mando de la nación, después de perder la reelección, pasando a la lista no menor de hombres (hasta el día de hoy solo hombres) que, habiendo ganado la Presidencia de los Estados Unidos, fracasaron en su intento de reelegirse. El efecto Trump, que fascinó a muchos votantes en 2016, este año se redujo y como consecuencia, el personaje que ganó la Presidencia sin haber competido anteriormente en ninguna elección popular (sin ser un político de carrera) perdió la elección de este mes. Donald J. Trump comenzó su batalla por la Presidencia de su nación atacando, en twitter, de forma xenófoba y hasta racista a los mexicanos, y abandonará su puesto tras un año de mala racha que el electorado de estados clave le cobró en las urnas. Como consecuencia del resultado de la elección, un nuevo hombre llega al poder en enero del año entrante. Ese hombre se llama "Joseph Robinette Biden Jr"; más conocido públicamente como "Joe Biden". Un demócrata ya mayor (tendrá 78 años al asumir la Presidencia) que en dos ocasiones anteriores, en 1988 y en 2008, intentó obtener la nominación de su partido para competir en elecciones presidenciales. 

Joe Biden; un hombre de varios fracasos, importantes puestos políticos y también un hombre practicante de la religión católica, apostólica y romana: en síntesis, un político católico. Esto último, el hecho de que Joe Biden sea católico, puede parecer un dato menor y hasta de simple ficha biográfica; incluso, para algunos hasta puede ser una frivolidad mencionarlo. Un dato sin importancia si desconocemos la importancia de la religión en la sociedad estadounidense y el papel del protestantismo entre los "valores fundadores" de la nación americana más poderosa y la segunda más extensa del continente. Porque en efecto, el protestantismo fue uno de los valores o conjunto de elementos que fundaron la esencia de los Estados Unidos de América; y ha sido la rama del cristianismo predominante en la política, la ideología y hasta en los negocios; si bien en este último ámbito, y desde hace varias décadas, el judaísmo ha ganado poder e influencia social. Un católico en la Presidencia de la nación más poderosa del planeta y quizá, hasta el día de hoy, de la historia mundial, es una rareza que no pasa desapercibida pese a ser la religión de una persona un dato menor. Y pese a que, desde su fundación, Estados Unidos separó la religión de la política y adoptó el laicismo como doctrina institucional; no ha sido nunca este país una nación clerical como lo fue la España del imperio en "donde no se ponía el sol" o la Rusia zarista, por mencionar ejemplos del pasado. O como varias naciones del mundo árabe en los tiempos actuales. 

Desde luego, una cosa sí debe mencionarse: Joe Biden no es quién va a pasar a la historia como el personaje que rompa el monopolio protestante en la Casa Blanca. Aun cuando la llegada de un católico a la Oficina Oval aun es una rareza, el monopolio protestante en la residencia presidencial de los Estados Unidos ya había sido roto anteriormente. Porque en Estados Unidos ya antes hubo un mandatario (muy popular y carismático, a diferencia de Joe Biden) que fue, en vida, creyente del catolicismo. Uno que pasó a la lista no muy corta de presidentes asesinados en el ejercicio de su cargo. Y uno que pasó a la historia de su país por lo de la crisis de los misiles en Cuba, su presunto amorío con Marilyn Monroe y por su aire jovial que trajo a la Casa Blanca tras ocho años de gobierno de Dwight David Eisenhower y su marca más bien formal y seria. El católico al que nos referimos es John F. Kennedy. 

En efecto, John Fitzgerald Kennedy fue el primero, y hasta el día de hoy el único presidente de los Estados Unidos de América en ser miembro de la comunidad católica. Y en su momento, cuando el joven mandatario era candidato del Partido Demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos, el catolicismo de Kennedy fue un tema de campaña. Desató su posible triunfo electoral temor en sectores protestantes muy conservadores; para ellos, la idea de tener a un mandatario católico podría significar que el Vaticano o el Papa pudieran influir en las decisiones presidenciales de su administración. Todo esto refleja la importancia que la religión tiene en la vida pública del pueblo estadounidense; aun cuanto, como se ha mencionado en líneas arriba, Estados Unidos sea un país oficialmente laico y ajeno a la religión. Tanta importancia tiene el protestantismo que los sectores de la ultraderecha o extrema derecha estadounidense imponen como uno de sus requisitos para ser considerado un ciudadano de la nación el ser protestante. Los grupos del Ku Klux Klan (que en los años sesentas se volvieron muy activos en contra de las protestas de la población  negra por el reconocimiento oficial de sus derechos ciudadanos) tienen entre sus fundamentos ideológicos el anticatolicismo: el odio a la religión y a la iglesia católica es parte de la serie de ideas de la ultraderecha estadounidense, así como en España, Latinoamérica y otros países mayoritariamente católicos la ultraderecha nativa tienen entre sus fundamentos ideológicos el rechazo y el odio al protestantismo. 

Así pues, podemos ver que el tema del catolicismo en la familia presidencial no es tema sin importancia. El catolicismo de Kennedy fue, en su día, un tema de debate e interés. Quizá hoy el día, el catolicismo de Joe Biden sea un tema menos polémico de lo que lo hubiera sido en los sesentas, pero aun es tema de gran importancia en la sociedad de ese país. Y finalizamos con las palabras de John F. Kennedy en plena campaña electoral (en la que contendió contra el republicano Richard M. Nixon, años después Presidente de los Estados Unidos). Palabras en torno a su religión. 

  "La iglesia no habla por mí. Yo no soy el candidato católico a Presidente. Soy el candidato del Partido Demócrata a Presidente, que resulta que también es católico. No hablo por mi iglesia en temas públicos y la iglesia no habla por mí". 

martes, 20 de octubre de 2020

Elecciones Regionales Coahuila e Hidalgo: ¿Comienza la Caída Definitiva de MORENA?



El domingo pasado, como se sabe, hubo elecciones regionales en dos entidades de la República Mexicana: Coahuila (en el norte) e Hidalgo (en el centro). Dos entidades actualmente gobernadas por mandatarios estatales procedentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI): Miguel Ángel Riquelme Solís en Coahuila y Omar Fayad Meneses en Hidalgo. Como dato importante, debemos recordar que en México existen aun cinco (solamente cinco) entidades federativas en donde, desde los años veintes, han estado gobernados, de forma ininterrumpida, por el otrora partido oficial PRI a nivel estatal; es decir, en donde desde hace más de noventa años todos los gobernadores han sido priistas. Entre esas cinco entidades figuran Coahuila e Hidalgo; las otras tres son Campeche, Colima y el Estado de México.

El resultado ha sido un desastre para el partido gobernante a nivel nacional: MORENA (Movimiento Regeneración Nacional). Un desastre que, pese a todo, no lo hace el perdedor absoluto: quedó como la segunda fuerza electoral en esas entidades, por arriba del PAN, PRD y otros partidos. No obstante, es un duro golpe al lopezobradorismo y a su caudillo, que aspiran a construir un carro completo de triunfos electorales. Hasta la fecha, lo habían logrado. Como se sabe, en 2018 ganaron la Presidencia y obtuvieron el control del Congreso Federal. Y en 2019 arrebataron al PAN (Partido Acción Nacional) la gubernatura de Baja California, que el blanquiazul había retenido desde 1989. También, MORENA gobierna en la CDMX y en Veracruz (la segunda y la tercera entidad más poblada de la nación, respectivamente). Se puede ver, pues, que nada parecía detener el ascenso del nuevo partido político que hoy tiene a su líder y fundador como el Presidente de México.

Pero la realidad ha sido otra. Para sorpresa de MORENA y quizá para su ego y orgullo guinda. Porque el tricolor le ha ganado de calle, en ambas entidades. El PRI ha comenzado, en estas entidades, el que quizá sea el lento y gradual derrumbe de MORENA del poder. No digo que el PRI vaya a ser el partido que saque de la Presidencia a MORENA; más bien, presiento que el personaje que logre hacerlo provendrá del PAN. Lo que afirmo es que es el PRI el que ya asestó la primera grieta al ascenso del partido que lo sacó de la Presidencia el año antepasado.

¿Significa todo ello que el PRI ha comenzado de nuevo su ascenso? Para los priistas, la noticia les devuelve la esperanza. Es una bocanada de aire fresco desde el enrarecido clima adverso que vivían desde el año 2016, cuando el PAN le ganó, en términos generales, en las elecciones estatales y regionales de ese año. Proceso que fue como una edición de lo que vendría, a nivel nacional, en 2018. En esas elecciones, además de perder la Presidencia, quedaron en tercer lugar. Y hoy, en la Cámara de Diputados, el PRI es la quinta fuerza electoral, por debajo incluso del Partido del Trabajo (PT), partido paraestatal y mercenario que el priismo ayudó a fundar en los años noventas, con el objetivo de restarle votos a la oposición. Un desastre que entonces significó un golpe al orgullo del antaño partido hegemónico. Hoy, en esta semana, la cosa cambia: hay motivo de fiesta para el partido tricolor. Ha comenzado un nuevo ascenso.

Para MORENA, en cambio, hay motivo de verdadera preocupación. Aunque hay que apuntar varias reservas: el derrumbe está llegando, pero no será de forma rápida y además, puede haber nuevos episodios de felicidad para el partido guinda antes de perder el poder. Esto por varias razones: el PRI ganó, y MORENA perdió. Pero no es que el PRI haya despertado mucho entusiasmo. En las elecciones del domingo pasado, hubo un notable abstencionismo electoral. En la entidad norteña (Coahuila) el abstencionismo fue, según cifras, de alrededor del 60.6% de los votantes registrados. En cuanto a la entidad central, Hidalgo, el abstencionismo fue de 51%, según datos.

Es decir, la oposición puede festejar el comienzo del derrumbe de MORENA, pero no tanto. No es que el hartazgo por el actual gobierno federal y la decepción de muchos que han visto burladas sus esperanzas ya estén obrando el milagro de despertar entusiasmo popular hacia los diferentes partidos políticos de la oposición (PAN, PRI, PRD, MC, etcétera). MORENA se está derribando más por abstencionismo y decepción que por popularidad en los candidatos que presenta la oposición. Aun México tendrá mucho morenismo, por lo menos durante un tiempo. Y además, aun hay otro factor. Andrés Manuel López Obrador. Si bien ya muchos ciudadanos desaprueba al Presidente, este conserva todavía mucha popularidad. Estando López Obrador en plena campaña, aun puede lograr para su partido muchos votos. Claro está que su partido también ha perdido muchos otros votos más que no recuperará ni aunque el Presidente aparezca en la boleta.

Así las cosas, veamos que más sigue. Veamos si el PRI aprovecha su racha de buena suerte...y comienza otra vez su ascenso hacia posiciones políticas importantes. Veamos si otros partidos de la oposición obtienen sus logros propios en el pastel que irá desocupando MORENA. Veamos si MORENA reacciona a tiempo y de milagro corrigen el camino. Porque si no es así el derrumbe seguirá...y seguirá. El tiempo corre.

domingo, 29 de diciembre de 2019

EL final de una década: 2010 - 2019. El mundo entre la sociedad virtual de las redes sociales y el mundo real (Segunda Parte)




No solo fueron las redes sociales, la tecnología inteligente que dio pasos inimaginarios en los aparatos de teléfonos inalámbricos y la obvia relación de todo esto en la evolución de las comunicaciones humanas. Aunque por supuesto, esto es la marca de esta década. La década que comenzó en enero de 2010 y que finaliza en el último segundo de este año fue importante por otros eventos y fenómenos de carácter político, social, económico, cultural, religioso, tecnológico, artístico y hasta ecológico. Podemos mencionar los de carácter político y social. 

Nueva ola revolucionaria y democratizadora 

Para comenzar, el gran primer fenómeno histórico, político y social de la década: la "primavera árabe". Todo un conjunto masivo de explosiones sociales en forma de protestas multitudinarias en el mundo árabe en contra de sus respectivos gobiernos y regímenes, y a favor de las libertades ciudadanas, la democracia y un mayor respeto a los derechos humanos. Un fenómeno iniciado a fines de diciembre de 2010, cuando en la Ciudad de Sidi Bouzid (Túnez) un vendedor ambulante de nombre Mohamed Bouazizi se inmoló en forma de protesta; esto tras de que la policía le embargara sus mercancías y ahorros; en pocas palabras, sus medios de subsistencia. Este acto provocaría dos cosas: primero, llevó a la fama y a la inmortalidad histórica a un personaje que estaba destinado a ser una persona anónima más, una de esas personas de la colectividad cuyo nombre la historia nunca registraría: su terrible y desesperado acto de protesta contra el corrupto, abusivo y anquilosado régimen político de su nación llevaría su nombre a la historiografía. Por el otro lado, su acto y su drama provocaría una ola de protestas en Túnez que el caduco régimen autoritario de ese país ya no pudo vencer ni contener. Pero la ola de protestas no solo provocaría el fin del régimen de Zine El Abidine Ben Ali, quién tuvo que renunciar al gobierno en enero de 2011. La ola de protestas  de Túnez causaría una explosión de protestas callejeras multitudinarias y hasta rebeliones armadas en otros países del mundo árabe. Egipto, Libia, Argelia, Omán, Yemén, Siria y Barhéin se verían envueltos en todo un proceso imparable de rebeliones civiles que tendrían diferentes efectos según la nación en cuestión. En menor medida, otras naciones del mundo árabe tendrían sus propias manifestaciones de la ola proveniente de la "primavera árabe", como Qatar, Irak e Irán. 

No obstante que las rebeliones en el mundo árabe tenían un interés en la democracia, un mayor respeto a los derechos humanos y otros aspectos del liberalismo político, hasta la fecha, finales de la década, solo Túnez ha logrado instaurar la democracia y consolidarla, con altas y bajas, naturalmente. La democracia fue el interés en el estallido de las revueltas por el mundo árabe; no obstante, la democracia no ha logrado instaurarse en ningún otro país en donde la ola de la primavera árabe logró estallar, aunque sí es importante mencionar que las rebeliones cívicas y callejeras sí han logrado mejoras en el avance de la democratización en dos naciones: Omán y Barhéin. En estas dos naciones, los respectivos monarcas, el Sultán de Omán (Qabus bin Said al Said) y el Rey de Barhéin (Hamad bin Isa Jalifa) concedieron mayor poder y autonomía a los parlamentos; esto por supuesto, sin apartar la línea vertical y autoritaria de sus respectivos regímenes autoritarios, monárquicos y antiliberales. Actualmente, y pese a la llegada de la primavera árabe, esos dos países ubicados en el sudoeste asiático no pueden ser considerados como "democracias", ni siquiera en el aspecto electoral. No obstante, y gracias a la primavera árabe esos dos países dieron un paso más en el avance de las libertades. 

Egipto es un caso aparte. Egipto fue una de las primeras naciones, junto a Túnez y Libia, en donde las explosiones sociales de la primavera árabe se dejaron sentir con fuerza incontenible. En Egipto, desde principios de 2011 las protestas callejeras arreciaron. Finalmente, el 11 de febrero de 2011 el dictador Hosni Mubarak renunció a la Presidencia, cargo que había ocupado desde octubre de 1981. Había sido Hosni Mubarak un dictador liberal en el aspecto económico, y de política exterior favorable a Occidente. No obstante, la corrupción y la represión que caracterizaron a su gobierno finalmente tuvo como consecuencia que los sucesos de Túnez se extendieran a la tierra de los antiguos faraones. Casi de inmediato, se instauró un gobierno provisional que convocaría a nuevas elecciones generales. Estas se realizaron a mediados de 2012. En ellas, resultó triunfador el candidato del "Partido de la Libertad y la Justicia" (un partido islamista de tendencias radicales) Mohamed Mohamed Mursi Isa al-Ayyat, el cual asumió la Presidencia de la República Egipcia el 30 de junio de 2012. No obstante, en Egipto la democracia no se consolidó. No solo por el hecho de que en las primeras elecciones democráticas del país haya triunfado un partido aun más radical y antidemocrático que el gobierno de Mubarak, sino porque a un año de haber asumido Morsi la Presidencia de la nación, un golpe de Estado militar liderado por el "Presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas", Abdul Fatah al-Sisi, derrocó al nuevo gobierno. Abdul Fatah al-Sisi asumió la Presidencia de la nación. Aunque la Presidencia de Al-Sisi se ha pretendido legitimar mediante elecciones en 2014 y 2018, Egipto vive actualmente, a fines de la década, en un régimen civil y electoral pero de corte vertical, hegemónico y autoritario. Un régimen de autoritarismo electoral no muy diferente al de Perú en los noventas, la Rusia poscomunista o el México del siglo XX.

En Libia y en Siria, la ola de la primavera árabe se manifestó en forma de guerra civil. Guerra sangrienta y encarnizada que muy difícilmente tendrá una solución pacífica. En Libia, la rebelión armada de parte de grupos de oposición diferentes entre sí en ideología y propósitos comenzó desde principios de 2011. Libia era gobernada desde 1969 por una dictadura encabezada por Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi, uno de los enemigos más encarnizados de Occidente entre 1969 y principios de los años noventas, cuando comenzó a moderar su discurso islámico radical y antioccidental. En 2011, la rebelión estalló, primero en forma de protestas que fueron reprimidas y casi de inmediato por una rebelión armada que se extendió a gran parte del país africano, ocasionando una guerra civil en la cual intervinieron fuerzas de la OTAN en apoyo de los rebeldes. Los rebeldes fueron ganando terreno, y el 20 de octubre de 2011 una partida de estos logró capturar al dictador Gadafi, quién se había escondido en una tubería en las cercanías de la Ciudad de Sirte, lugar donde el sátrapa había refugiado a su gobierno. La captura concluyó en la ejecución del dictador, quién prácticamente fue linchado por la multitud. Tras estos sucesos, Libia quedó en manos de un gobierno de transición que convocaría a elecciones legislativas. No obstante, Libia no ha podido consolidar un régimen fuerte (ni democrático ni autoritario) y la paz social ha sido alejada sin haber signos de que la situación cambie en el plazo inmediato; en 2014 estalló una guerra civil que hasta la fecha continúa entre los señores de la guerra y entre los mismos grupos que encabezaron la revuelta contra la dictadura de Gadafi, los cuales se han disputado de forma sangrienta el poder y el dominio del país; técnicamente, Libia vive una situación de guerra civil entre revolucionarios muy parecida a lo que vivió Francia, México, Rusia y China durante sus respectivas revoluciones, cuando el enemigo común ha sido derrocado y los rebeldes se disputan el control político. Una situación muy parecida (con sus diferencias) a lo que vive Siria actualmente. 

Justamente, la guerra civil que vive Siria es producto de la primavera árabe. No obstante, esta guerra debe ser vista de forma diferente debido a los grandes intereses geoestratégicos que conlleva, y debido al impacto en la dinámica mundial. En este sentido, la guerra civil de Siria comparte en común con la crisis de Ucrania y Rusia en los mediados de esta década. El impacto de estos dos grandes conflictos en dos diferentes zonas del mundo es tal que no pocos analistas han considerado a estos conflictos como contiendas que podrían escalar a una tercera guerra mundial. No obstante, lo anterior es la nota sintetizada de las consecuencias de la primavera árabe. 

EL final de una década: 2010 - 2019. El mundo entre la sociedad virtual de las redes sociales y el mundo real (Primera Parte)





Finaliza el año 2019. Y este fin de año no solo marca el final del 2019. Es el final de una década más en la historia humana. La década de los años diez del presente siglo. La segunda década no solo del siglo XXI, sino del tercer milenio. La década que comenzó en 2010, y finalizará al terminar el 2019. Un decenio que aun no termina de identificarse con algún nombre simbólico en específico; pero eso sí, una década en el que las comunicaciones humanas evolucionaron de forma inesperada. 

Las comunicaciones de nuevo: evolución

Así es: en esta década, las comunicaciones humanas evolucionaron aun más de lo que ya lo habían hecho en las dos décadas anteriores, cuando los chat rooms y el messenger habían irrumpido en la sociedad. En esta década de los años diez, las redes sociales de repente tuvieron un auge. Si bien las primeras redes sociales (Facebook y Twitter) se habían inventado y consolidado económicamente en la década anterior, fue en esta década, la que finaliza al terminar el 2019, cuando las redes sociales tuvieron una expansión y un auge aun más amplio en la sociedad tecnologizada. Las redes sociales pasaron de ser un medio apenas utilizado por algunos sectores de la sociedad, a ser un fenómeno social diario en la vida humana. Una sociedad constantemente conectada a una red social (la que fuese) y que hace uso de esta en muchos aspectos de la vida. Eso define a la historia social a partir de esta década: la década del 2010 - 2019. Nunca más, la comunicación humana estará limitada al teléfono o a las videoconferencias. Ni siquiera a los límites de las salas de chat rooms, las cuales ya habían logrado un avance de las relaciones en internet que superaban límites propios del teléfono; aun de los teléfonos inalámbricos: me refiero a los celulares. 

Y hablando de los teléfonos celulares, en esta década que finaliza estos aparatos se volvieron aun más útiles e inteligentes. De por si los teléfonos celulares ya habían superado la etapa en la que solo servían para hacer llamadas. Ya en la década anterior, los celulares eran aparatos utilizados para otras tareas aparte de las llamadas telefónicas. Ya en ese entonces, los celulares eran medios en los cuales se enviaban mensajes escritos, servían para descargar juegos multimedia y además, tomar fotografías y videos. Esto entre otras funciones. Y de repente, cuando la humanidad menos lo pensó, el servicio de Whatsapp llegaría para facilitar las comunicaciones humanas por medio del teléfono celular. Ahora ya no solo era lo instantáneo de los mensajes escritos de una persona a otra. Ahora, en una sala de conversación entre personas, se puede compartir imágenes, videos y otras muchas cosas más. Pero no solo eso; ahora, y gracias a la aplicación del Whatsapp, grupos de personas pueden tener comunicación a través de un grupo social comunitario. Ahora una sala de comunicación escrita en un teléfono no está limitada a dos personas. Esta forma múltiple de comunicación entre más de dos personas es un aspecto que llegó en esta década: la segunda del tercer milenio. No cabe duda: en esta década de los años diez, las comunicaciones humanas evolucionaron aun más de lo que ya lo habían hecho a partir de la invención del internet y de los celulares inteligentes. Ahora sí, existe una sociedad virtual, aparte de una sociedad real. 

Crisis, recesión y desastre en Haití

La década de los años diez del presente siglo no solo será recordada por el auge y la expansión de las redes sociales. Por supuesto, también por los acontecimientos políticos, sociales, económicos, culturales y religiosos que ocurrieron tras este período de tiempo. Y sobre estos temas, muchas cosas importantes pueden destacarse. Porque es en esta década en la que se vivieron fenómenos que el mundo ya había vivido en otras décadas; pero que en este tiempo volverían a manifestarse, de una forma u otra, de manera creciente. Es importante hacer un repaso de todo ello. Pero para comenzar, podemos mencionar dos fenómenos con los cuales comenzaría esta década, y que tuvieron repercusiones importantes: el primero, la gran crisis o recesión económica mundial de 2008, y cuyos efectos desastrosos en la economía mundial llegarían a sentirse hasta la década que nos ocupa. Una gran crisis económica que recordaba a la de 1987 y a la de 1929, y que puso en jaque la credibilidad del sistema económico predominante tras el fin de la Guerra Fría y el colapso del bloque socialista. Una gran recesión que representaría un factor de peso en el triunfo de Barack Obama en las elecciones presidenciales de 2008; el efecto Obama aun se vivía al comenzar la década de 2010. Y la otra noticia importante con la que se despertó el mundo al iniciar la década de los diez de este siglo: el terremoto de Haití el martes 12 de enero de 2010. Un desastre natural que ocasionó grandes estragos en la ya de por sí ruinosa infraestructura material del país caribeño, y que provocó pérdidas humanas que llegaban a la escalofriante cifra de 200 000 personas. También, el terremoto de Haití despertó la solidaridad mundial hacia esa empobrecida nación a la que muchos califican como un "África instalado en América", además de involucrar controversias producto de la conflictiva política americana de ese entonces. Ahora bien, estos dos fenómenos (uno económico con impacto político y el otro natural y de impacto social y político) son las dos noticias con las que el mundo inició la década de los años diez del presente siglo. En el caso de la recesión económica del 2008, el mundo se despertó inmerso en sus efectos en 2010. En el caso del terremoto de Haití, el mundo se estremeció a escasos días de comenzar la década, como ya mencionamos líneas arriba. No obstante, otras noticias, fenómenos y acontecimientos marcaron la década. 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

ROMA como reflejo social de un punto entre dos décadas











Es el año de 1971. México acaba de finalizar un sexenio y un decenio a la vez. En el año de 1971, México y el mundo acaba de ingresar a la década de los años setentas. Y México acaba de iniciar un sexenio más de los que han transcurrido desde 1934: en este caso, el sexenio de Luis Echeverría Álvarez. El hombre populista y cerebral que dirigiera, en el sexenio anterior, la seguridad y la política interna nacional. El mismo personaje locuaz y activo que había llegado con la promesa del "arriba y adelante". Para muchos, el cerebro detrás de la represión contra el movimiento estudiantil de 1968. 

En 1971, México vivía el devenir de los setentas. Los convulsos años sesentas se reflejaban aun en el ambiente social mexicano. El "milagro mexicano" se mantenía aun, pese a que ya iba en su fase final: en el ocaso que presagiaba los años de la crisis económica; aquella que en la década siguiente llegaría a extremos de inflaciones del 100 %, pero que entonces solo reportaría inflaciones de dos dígitos. México vivía, en 1971, los milagros del desarrollo estabilizador y al mismo tiempo las contradicciones políticas y sociales del "milagro mexicano" que maravilló a políticos, intelectuales y economistas del mundo entero. Y no solo eso; en los inicios de esa década, en muchos órdenes, México pasaba por un momento de transición entre el mundo de las tres décadas anteriores y el mundo que la nación viviría en las dos décadas siguientes. 

En el México de principios de esa década, los coloridos y prolíficos años setentas, la generación de la Segunda Guerra Mundial entraba en su fase de madurez física. También la generación inmediata a ella: la de los años cincuentas. Esas dos generaciones que endiosaron a Pedro Infante, se maravillaron con los bailes de las antiguas y legendarias vedettes (muchas de ellas cubanas) y rieron a carcajadas con las películas de Tin Tan y las clásicas de Cantinflas. Esa misma generación que vio el surgimiento del Rock and Roll de Elvis Presley, que se inspiró en las canciones de Agustín Lara para enamorar a una conquista, que adoptaría el mezclilla en los pantalones gracias a James Dean, y que vieron el cierre de su mundo con el triunfo de la Revolución Cubana. Dos generaciones que, aunque en privado cuestionasen la corrupción y la vocación gangsteril del sistema político posrevolucionario ("emanado de la Revolución) no pasaron al activismo político; se contentaban con escaparse del "palo" del sistema para gozar las bondades (el famoso "pan") del mismo sistema político autoritario y peculiar. 

En los inicios de los setentas, otras dos generaciones juveniles entraron en escena. La generación del 68, nacida tanto en los años de la Segunda Guerra Mundial, como en los fines de los años cuarentas. O la generación inmediata a ella: la del post 68. La generación nacida en los cincuentas. Esas dos generaciones ya habían entrado a su juventud temprana y post adolescente, o estaba en su fase adolescente. Y esas dos generaciones marcarían las tendencias sociales y culturales. Esas generaciones pasarían a cuestionar públicamente el sistema herencia de la Revolución Mexicana. Tlatelolco 68 quedaría grabada en su memoria colectiva como un agravio colectivo. El Rock se consolidaría definitivamente gracias a esa generación, lo mismo que otros géneros musicales surgidos al calor de la contracultura. Agustín Lara y los boleros quedarían en desuso; las baladas románticas ocuparían el lugar en esa generación que escucharían más a Julio Iglesias, Camilo Sesto, Juan Gabriel, Joseles, Heleno, José José, etcétera. Esa misma generación que con el pasar de la década elevó como un ícono la moda de John Travolta y la música disco es la que en 1971 estaba ocupando el lugar de las dos generaciones pasadas. Ese es el mundo de 1971. Ese es el mundo que México vivía entonces.  

En los inicios de la década de los años setentas, la tendencia a la urbanización de la población mexicana estaba consolidada. Este fenómeno socioeconómico que había arrancado a fines de los años cuarentas, y que había avanzado entre los cincuentas y sesentas, se había consolidado ya. Y se consolidaría más aun en esa década de los setentas, sin dar marcha atrás al México mayormente rural que había reflejado el cine de oro. El México de los charros, la charrería y la música tradicional había dejado el paso al México urbano, admirador de deportes como el futbol y la lucha libre; el México de bases industriales, bancarias y comerciales más que agrarias y mineras, como tradicionalmente había sido la nación desde la Colonia. 

Todo este breve cuadro de la sociedad mexicana a principios de la década de los años setentas, es el México que refleja la reciente película producida y dirigida por el aclamado Alfonso Cuarón. Película estrenada en este año de 2018; un año que transcurre y ya casi finaliza a 47 años del año en el que se ambienta la historia. Historia que se centra en la problemática social de una familia de clase media que, en 1971, vive en la Ciudad de México; una familia que tiene algo que en la sociedad mexicana se considera un privilegio social: sirvientas. De hecho, la historia, aunque centrada en toda la familia, transcurre bajo el lente personal de un personaje protagonista: Cleodegaria "Cleo" Gutiérrez. Una de las sirvientas que laboran para la familia en cuestión; una mujer que sobrelleva los problemas propios con una mezcla de esperanza y al mismo tiempo, de resignación. Es ella quien lleva el peso de la historia; aunque debemos apuntar que la trama conlleva como personaje coprotagonista a la patrona de la casa: la señora Sofía, interpretada por la actriz Marina de Tavira. Un personaje de un carácter duro y explosivo; a veces tiránico. Pero un personaje en el fondo sensible, que sufre por cuestiones de desamor y que muestra, en no pocas ocasiones, cariño y estima no solo a sus hijos traviesos, sino a la misma Cleo; la mayormente invisible mujer que lleva a cuestas (junto con otra sirvienta) la tarea de la limpieza y el orden de la casa. Del hogar en el que ocurren los dramas de todo el conjunto. 

Desde luego, Roma, como película, muestra a otros personajes, tanto de la familia en cuestión como de personas ajenas a esta. Tales como el rockero o el practicante de artes marciales que resulta ser un integrante del grupo paramilitar conocido como los Halcones; el mismo grupo responsable de llevar a cabo la represión sangrienta contra la marcha estudiantil del 10 de junio de 1971. Episodio conocido como el "Jueves de Corpus"; episodio retratado en la cinta de Cuarón de una forma magistral, y esto pese a ocupar solo unos cuantos minutos de la película. Y justamente aquí hay un detalle que es importante mencionar: Alfonso Cuarón nos muestra la vida social en la ciudad capital del país a principios de los años setentas. Pero gracias a episodios históricos como este de la matanza, nos ubica en el año exacto: en 1971. Por supuesto, hay otros elementos mismos de la cinta que nos permiten saber que estamos a principios de un sexenio: los carteles y pósters de Luis Echeverría Álvarez y el PRI por doquier, así como apotegmas propios del sexenio escritos, con pintura, en algunas paredes de lugares públicos a donde Cleo a veces tiene que ir. En fin, Alfonso Cuarón ha optado por retratar un momento histórico no solo en lo social, iconográfico y popular; antes al contrario, y muy al estilo del escritor José Emilio Pacheco con su novela corta de nombre "Las Batallas en el Desierto", el cineasta Cuarón se hecha al hombro la tarea de reflejar un año no solo en sus aspectos visuales; también en su contexto histórico-  político. Y lo hace de una forma muy meritoria. 

La película está diseñada en blanco y negro. Algo que quizá pudiese desatar muchos comentarios en torno al particular. Quizá Alfonso Cuarón haya decidido hacerlo así un poco como homenaje a las películas del cine de oro. Quizá fue una forma artística y visual de combinar el ritmo de la trama con una estética visual que nos remita a la nostalgia. Quizá hayan sido otras razones. Habrá que preguntarle a Alfonso Cuarón. Pero este aspecto es meramente secundario. Lo importante es la obra artística en sí misma. Y esta no desmerece en nada. El producto final en una obra que merece estar entre la lista de las mejores cintas del cine nacional mexicano. Más allá de los premios que la cinta obtenga, muy merecidamente. 

jueves, 13 de diciembre de 2018

ACERCA del fin de la última "Familia Imperial Rusa". La ejecución de Yekaterimburgo







Era la madrugada del 17 de julio de 1918. La mayor parte de Europa vivía asolada por la guerra (se acercaba el fin de la Primera Guerra Mundial). Y Rusia, que había firmado la paz con Alemania en marzo de ese año, y estaba por lo tanto fuera de la contienda, vivía, en cambio, el período de la "Revolución Rusa" en su fase más violenta. La fase de la "Guerra Civil Rusa". El gobierno y el régimen surgido de la "Revolución de Octubre" (el régimen bolchevique y "comunista"), que había derrocado al breve régimen provisional y democrático surgido tras el fin de la monarquía rusa, sobrevivía a duras penas: a base de represión política y social, y sosteniendo a todo un "Ejército Rojo" que comenzaba apenas a formarse y a una policía secreta (la "Checa") que tenía solo pocos meses de existencia. La Guerra Civil estaba en su máximo apogeo, y el avance de las fuerzas del nuevo régimen revolucionario avanzaba y retrocedía según la suerte del momento en cuestión. Y fue en ese contexto, en el que el régimen bolchevique (el gobierno central encabezado por Lenin) tomaría una cruel, sangrienta y fría decisión; esto ante la inminente llegada de fuerzas blancas a Yekaterimburgo, ciudad rusa ubicada en la parte centro- occidental del país. En la región de los Urales.

Esa terrible decisión fue: exterminar y acabar con la "Familia Imperial Rusa". La cual estaba conformada por el derrocado Zar (Emperador) de Rusia: Nicolás II Romanov; su esposa la Zarina Alexandra Fiódorovna (de origen alemán) y sus cinco hijos: cuatro mujeres y un varón. Olga, Tatiana, María y Anastasia. En ese orden respectivo en cuanto a la edad se refiere. La mayor contaba con 22 años de edad; la menor tenía 17. Y después de ellas, el hijo menor; el heredero de la Corona Rusa (Zarevich) Alexei, quien padecía de hemofilia. Todos ellos prisioneros del régimen bolchevique. Nicolás II había abdicado del trono en marzo de 1917; cuando triunfó la primera fase de la Revolución y se había instaurado un gobierno provisional: republicano y democrático. Además de ellos, estaban prisioneros el médico de la familia y tres sirvientes leales. Todos ellos serían ejecutados la madrugada del 17 de julio de 1918. Esta ejecución ocurrió en el sótano de una casona requisada por el Estado: propiedad que había pertenecido a un próspero comerciante de apellido Ipátiev. El pelotón bolchevique destacado en la residencia, que tenía como objetivo vigilar a la familia, estaba comandado, desde hacía pocas semanas, por un hombre llamado Yakov Yurovski. Antiguo relojero devenido a revolucionario en las épocas del gobierno de Nicolás II, para 1918 era un importante miembro de las fuerzas policiales del nuevo régimen revolucionario. Un hombre honrado pero brutal; de carácter frío y distante, según la descripción de muchos de sus contemporáneos; entre ellos, el propio Zar Nicolás II, quien lo mencionó por su nombre en sus escritos personales.

La madrugada del 17 de julio de 1918 comenzó con la familia en disposición de dormir. Pero transcurridas unas horas, Yakov Yurovski ordenó despertarlos y ordenarles que fuesen al sótano. El objetivo supuestamente sería trasladarlos a un lugar más seguro ante el caos y la violencia que imperaba cerca del lugar, como consecuencia de la llegada de fuerzas blancas que asolaban por la ciudad. Pero el objetivo real fue otro. La familia, más el médico y los sirvientes, fueron trasladados al sótano. Y entonces, ocurrió la ejecución de la familia a balazos. Y desde entonces, y durante más de medio siglo, el destino de los cuerpos de las personas ejecutadas esa madrugada y en ese sótano, sería desconocido. Sería gracias a la labor de búsqueda y al interés científico e histórico de dos personas, Geli Ryabov y Alexander Avdonin, que el mundo conocería el destino de la mayor parte de los cuerpos de quienes esa madrugada fueron ultimados a balazos.

Justamente este año se cumplió un siglo de la ejecución de la última Familia Imperial Romanov. Un siglo exacto: la ejecución fue llevada a cabo la madrugada del 17 de julio de 1918. Un tiempo que parece muy lejano; pero que se acerca a la memoria histórica gracias a los documentales, al cine y a la televisión. Un suceso sangriento y una tragedia ocurrida en un tiempo muy diferente del actual; pero cuyos acontecimientos en el orden internacional fueron y son decisivos en la configuración del mundo actual. Y en este mundo actual, la memoria en torno a los Romanov permanece.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

LA Guadalupana como símbolo de mexicanidad





Se la considera la protectora y la patrona de México. Por lo menos, entre el sector de la población mexicana que profesa la religión católica, apostólica y además romana; sector de la población que, quizá desde el lejano siglo XVI, es la gran mayoría de la población del territorio entonces novohispano; hoy mexicano. Me refiero a la Virgen de Guadalue (oficialmente denominada, entre los católicos, "Nuestra Señora de Guadalupe"). Y no obstante, la Virgen de Guadalupe, una aparición mariana más de la Virgen María (madre de Jesucristo) ha dejado de ser solo un símbolo religioso; en el caso de México, producto del sincretismo entre la religión católica y una antigua creencia de los antiguos habitantes del Valle de México durante el Período Prehispánico. Desde hace algunos siglos quizá, la imagen de la Virgen de Guadalupe ha pasado a ser una imagen tradicional y simbólica de mexicanidad; es decir, algo muy ligado a la cultura y la imagen de México como entidad nacional. Su imagen (la misma que aparece en la famosa tilma) está presente en muchos lugares de México: en pinturas, retratos rodeados de marcos, esculturas, pósters, llaveros, y hasta en grandes rocas incrustadas en diversos lugares más o menos montañosos de carreteras o autopistas mexicanas. Y su imagen no solo aparece en la forma y versión que conocemos; no faltan grupos que incluyen su imagen transfigurada de diversas variaciones en su diseño visual. 

Su día de festejo es el 12 de diciembre. Mismo mes en el que según diversos estudios históricos, los aztecas y otros pueblos prehispánicos de la región acostumbraban festejar en honor de otra deidad prehispánica con la que, al llegar la Colonia, se confundió a la Virgen de Guadalupe; todo esto en el particular proceso de sincretismo de todo tipo que se llevó a cabo durante el siglo XVI entre las antiguas culturas indígenas y la cultura importada por el conquistador español. 

Sobre el mito guadalupano, se conoce popularmente la historia que se cuenta en torno a la aparición. La misma historia que se narra en el libro "Nican Mopohua"; según esta historia conocida a nivel popular, la Virgen María se habría aparecido en diciembre de 1531 a un indio de nombre Juan Diego (desde luego, si tal indígena en cuestión existió, es seguro que no debió llamarse así originalmente). Aparición ocurrida a diez años después de haber ocurrido la caída de Tenochtitlán y la destrucción del imperio mexica; y a menos de una década de haberse iniciado la política de evangelización, tarea llevada a cabo por frailes de distintas órdenes religiosas. Según el relato mariano, la Virgen le habría pedido al indio en cuestión llevar su mensaje a las autoridades religiosas con el objetivo de que le construyeran una "casita" (un templo en realidad) en el Tepeyac. Los clérigos no le creen; y entonces le exigen una prueba. La Virgen accede por petición de Juan Diego; cuando este personaje vuelve a presentarse ante el Obispo, despliega un ayate del cual, al abrirse, descienden rosas, además de aparecerse impresa en el ayate presentado ante los clérigos una imagen de la Virgen; la famosa aparición conocida como la "Virgen de Nuestra Señora de Guadalupe". Un relato este que puede variar en detalles según quién lo cuente; pero que tiene como elementos principales esta misma orden de secuencia y estos mismo hechos descritos líneas arriba. Un relato que los antiaparicionistas (los cuales cuestionan la veracidad de los hechos) presentan como importado de España; según se sabe, en la España medieval se registró un suceso parecido con un campesino español en lugar de un indio. 

Este es el relato conocido popularmente. Quizá por todos los mexicanos, sean o no creyentes católicos. Debemos apuntar que el relato de las apariciones, las cuales habían sido negadas por los altos miembros del clero católico durante gran parte de los siglos siguientes a la fecha del suceso mismo, se expandió de manera amplia gracias a los escritos del sacerdote criollo Miguel Sánchez en 1648. Tal popularidad alcanzó el relato de la aparición gracias a la labor intelectual de ese clérigo, que el guadalupanismo incluso comenzaría a ser una parte esencial del naciente movimiento de identidad criolla. Y el guadalupanismo se vería reflejado en algunos episodios de la historia posterior; fue la imagen del estandarte principal que enarboló el cura Miguel Hidalgo y Costilla cuando en 1810 encabezó la primera rebelión de la Guerra de Independencia Nacional. Los "guadalupes" fue como se denominarían, a sí mismos, los miembros de una cierta organización militante de la lucha por la independencia, durante la fase encabezada por José María Morelos y Pavón. Más adelante, ya durante los primeros años de independencia, más específicamente durante la etapa del Primer Imperio, el Emperador Agustín I de Iturbide crea la "Orden Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe"; orden integrada por personas que hubiesen sido condecoradas gracias a determinados méritos y hazañas heroicas, y que fuesen gratas a los ojos del gobierno imperial. Vamos, el primer Presidente de México, llamado en verdad "José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix" pasó a denominarse con el nombre de "Guadalupe Victoria" en honor tanto de la Virgen de Guadalupe como de una cierta victoria militar obtenida en la lucha por la independencia nacional. 

Como se puede observar, la Virgen de Guadalupe (la imagen de la aparición) está presente en la cultura y el imaginario popular y folcklórico mexicano. Más allá de si los sucesos de la aparición hayan ocurrido en la vida real, o de si el milagro haya sido un invento de frailes para facilitar la conquista espiritual de los indígenas; más allá de si la imagen haya sido producto de un milagro (negado por Fray Juan de Zumárraga, presunto testigo principal del suceso) o de si esta fue obra del talento artístico de un pintor indígena de nombre "Marcos Cipac de Aquino", lo cierto es que tanto el relato de las apariciones como la imagen misma están presentes en la devoción popular desde la Colonia; quizá más profundamente desde mediados del siglo XVII. Si el milagro ocurrió o no, es tema aparte: el guadalupanismo y el mito es parte de la historia religiosa y cultural de la nación mexicana. Realmente, una pieza esencial del devenir histórico mexicano, sin el cual el drama de la caótica y volcánica historia mexicana no podría entenderse en su totalidad.