viernes, 30 de noviembre de 2018

ADIÓS al sexenio del "nuevo PRI": quizá para siempre: un eterno adiós





Regresó a los Pinos y a la Presidencia en 2012, después de permanecer 12 largos años fuera de casa. Me refiero al denominado y anteriormente hegemónico "Partido Revolucionario Institucional" (PRI). Regresó a la silla presidencial, a la institución presidencial, al Palacio Nacional y a los Pinos tras haber sido expulsado por medio de los votos depositados en las urnas de las elecciones del año 2000: el histórico triunfo de la primera alternancia presidencial en el México Contemporáneo. Pero en 2012, al iniciar diciembre, regresó el inefable tricolor en medio de un triunfo si no apabullante, al menos sí notorio. Un triunfo para los priistas alegre y esperanzador. Todo ello en la persona de un príncipe del sistema priista; un galán de copete al estilo de los años cincuentas. Un personaje no muy culto y algo frívolo, pero que fue la cara joven publicitaria que le permitió ganar al tricolor en ese histórico año. Su nombre: Enrique Peña Nieto. Actualmente el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Dentro de muy pocos minutos, el ex Presidente Enrique Peña Nieto. 

El regreso del PRI fue un motivo de alegría para el tricolor. De fiesta. El PRI regresaba por sus fueros, y según el pensar de ellos mismos y de mucha gente, para siempre. Ahora sí para siempre. No pocos sectores de la población (hubiesen votado por el PRI o en su contra) pensaban que si bien no por amor a México, el PRI ahora sí cambiaría y gobernaría bien. Porque si no lo hacían, "la gente los expulsará del poder para siempre". Era lo que se decía. Ahora los priistas sí la harían cuando menos para no volver a salir del poder presidencial. Eso pensaban no pocos individuos. Y los priistas se creían la ilusión de que ahora sí regresaban para quedarse. Confiados como andaban, nunca pensaron que seis años después la cosa cambiaría; los hados volverían a ser desfavorables. Los priistas quizá pensaban que el voto a su favor era un acto declarado de la ciudadanía como rendición: la ciudadanía se rendía ante el viejo poder presidencialista despreciando la "caótica democracia" de los doce años del PAN. Así fue como ellos y ellas leyeron el triunfo indiscutido del 2012; hace ya seis años. Nunca se imaginaron que si gran parte de la ciudadanía había votado por ellos fue porque pensaron, de verdad, que el PRI se había reformado. Que había un nuevo PRI. Para ese sector de la ciudadanía que les brindó una segunda oportunidad, la desilusión llegó muy pronto. 

El PRI regresaba en 2012 a los Pinos. Y el pensar que ahora sí era para siempre, regocijaba los corazones de los políticos y privilegiados del tricolor. Y además, pensar que el PRI, en los doce años que gobernó la oposición panista, fue en su mayor parte la primera fuerza, hacía las alegrías de los priistas mucho mejor. Porque el PRI, en el plano estatal, o mejor dicho, en el terreno de las entidades, nunca dejó de ser la primera fuerza política. El PRI había perdido la Presidencia en 2000 (aunque ellos juran y perjuran que el mandatario Ernesto Zedillo Ponce de León los traicionó, regalando un falso triunfo al PAN). En efecto, durante los 12 años transcurridos entre diciembre de 2000 y noviembre de 2012, el PRI era la fuerza electoral que tenía el primer lugar en las entidades; y por partida triple. Es decir, contando todos los ángulos. La mayor parte de la población mexicana tenía, en esos doce años, un mandatario estatal priista. Y ese es el factor determinante para declarar a una fuerza política como la primera en el ámbito regional. Y además, contando el territorio, el PRI también superaba a la oposición; había más territorio mexicano en poder de gobernadores priistas. Y no se diga en cuanto a número de gubernaturas. En 2012 el PRI tenía en su poder más de la mitad de las 32 entidades. Eso regocijaba los corazones priistas. Y en 2012 creían, en su soberbia, que no solo regresaban a los Pinos para siempre, sino que conservarían ese lugar en las entidades mexicanas. 

Porque en los primeros tres años que siguieron al ascenso de Enrique Peña Nieto a la silla presidencial, el PRI conservaba ese lugar, y además lo aumentaban, los priistas pensaban, todavía al iniciar el 2016, que no solo no se iban a ir de la Presidencia sino que nunca perderían su lugar como la primera fuerza electoral. Creían que su poder más o menos hegemónico se conservaría. Y quizá, con algo de suerte, el casi pasaría a ser anulado, naturalmente en favor de la hegemonía al estilo de antaño. Quizá porque todavía en 2015, en las elecciones intermedias de mitad de sexenio (elecciones legislativas para renovar la Cámara de Diputados) el PRI ganó, pese al desprestigio que el Gobierno de Peña Nieto estaba padeciendo debido a los escándalos relacionados con la casa blanca y propiedades sospechosas de miembros prominentes del gabinete presidencial. Pese a la violencia delictiva que no disminuía, como habían prometido los priistas en la campaña de 2012. Y el triunfo de ese año pese al desprestigio que se iba agrandando quizá hizo pensar que la ciudadanía no solo los había elegido ya para siempre; sino que además el ciudadano común se había rendido ante la vieja maquinaria priista. El ciudadano común toleraría cualquier acto malo de los políticos priistas para no volver a caer en la oposición. Este pensamiento que seguro tenían en su mente los grandes barones y las ladys priistas al iniciar el 2016 fue lo que incrementó el atrevimiento de no pocos mandatarios estatales priistas, los cuales protagonizaron administraciones corruptas hasta la médula: una corrupción rampante, asquerosa y versallesca. De enriquecimientos faraónicos. Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz, Quintana Roo, Coahuila, Nuevo León, etcétera, padecieron esta clase de gobiernos priistas caracterizados por su alto nivel de corrupción. 

Esto fue el cuadro que reinaba, en beneficio del PRI y para desesperanza de muchos, al iniciar el 2016. Nunca imaginó el PRI que en ese año, las cosas comenzarían a cambiar, para mal. Una vez más, como en 2000. Solo que de una forma todavía peor. La borrachera de corrupción y malos gobiernos le cobrarían factura al PRI en ese año; en medio de elecciones en varias entidades. Y la cosa ya no variaría. El cuadro cambió para el tricolor desde ese año, hasta llegar al estado actual de cosas.  En las elecciones de ese año, el PRI se fue para abajo. Y aunque en 2017 conservó el Estado de México, al final nada evitó la debacle electoral y el hundimiento del PRItanic. 

El partido tricolor, otrora hegemónico, hoy mismo ha perdido ya gran parte de su poder y posición. Ha perdido la Presidencia de la República por segunda vez. Quizá para siempre. Si acaso volviera a llegar, sería algo muy difícil; y tendrá que pasar una generación entera para volver; tendrá que esperar a que los nacidos en esta década lleguen a su mayoría de edad. E insisto, eso es dudoso; es probable que el PRI haya perdido ya la Presidencia para siempre. Este 30 de noviembre quizá sea el último día que veamos a un mandatario federal elegido por el PRI; es decir, que haya llegado como candidato del PRI. El hombre que asumirá el poder en el primer segundo de diciembre (Andrés Manuel López Obrador) es un personaje que se inició en el PRI y que se formó, ideológica y mentalmente, en el tricolor. Pero no llega a su posición habiendo sido candidato del PRI, sino de un nuevo partido: Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Esto en alianza con otros pequeños partidos. 

Así es; el primer gobierno federal surgido desde la izquierda opositora al PRI (aunque muchos de sus integrantes hayan sido durante décadas del PRI) es de un nuevo partido, surgido hace apenas unos años. Ese partido es MORENA. Lo cual es algo sorprendente para quienes hemos vivido en México en estas últimas décadas. Durante los noventas, y durante gran parte de este primer tramo del nuevo milenio, muchos (quizá todos) pensamos que el primer gobierno de izquierda opositora al PRI sería un gobierno procedente del "Partido de la Revolución Democrática" (PRD). Como se sabe, desde 1989 hasta el inicio del actual sexenio, el PRD fue la fuerza de izquierda más importante; ganó en 1997 la CDMX (en aquel entonces Distrito Federal) y durante estos años gobernó a varias entidades de la República Mexicana. Incluso, en 2006 y 2012, su candidato fue el hombre que asumirá la Presidencia: AMLO. Un militante de ese partido. Todo hacía pensar que el PRD sería el partido que llevaría a un gobierno de izquierda a la Presidencia de la República. Y para sorpresa de muchos, no fue así; otro partido se le adelantó. 

Hoy el PRD está de capa caída y en debacle total. No solo no fue capaz de presentar candidato a la Presidencia propio en las elecciones de este año (se unió en coalición para apoyar al del PAN, Ricardo Anaya Cortés) sino que el PRD está incluso en peor situación que el PRI. El riesgo de que desaparezca es más real que el del PRI. Pero bueno, regresemos al PRI y su actual situación. Situación muy lamentable para un partido que durante más de sesenta largas décadas tuvo la hegemonía de la vida política, social, económica y cultural de la nación mexicana. El mismo partido que confundió los colores patrios de la bandera nacional con los de su logotipo. 

El PRI ha perdido de nuevo la Presidencia y estará fuera del poder; quizá para siempre. Y no solo eso; en el Congreso, el PRI ha quedado reducido a una mínima expresión. En la Cámara de Senadores, el PRI es la tercera fuerza electoral. Y en la Cámara de Diputados, el PRI ya ni siquiera forma parte de los tres grandes; como lo hizo hasta el mes de agosto pasado, casi siempre ocupando el primer lugar, o cuando menos el segundo. El PRI, en esta legislatura de la Cámara Baja, está en la quinta posición. Por debajo de MORENA y el PAN; pero también, por debajo del "Partido Encuentro Social" (PES) y el "Partido del Trabajo" (PT). El segundo un partido fundado durante el salinismo como comparsa y satélite del PRI; el cual se unió a MORENA, obteniendo mejores resultados que su antiguo patrón tricolor. Esto último debe ser muy humillante para el PRI: que hasta el PT, que nació bajo su patrocinio, hoy tenga más diputados que el mismo PRI. 

En cuanto a gubernaturas se refiere, el PRI pasó en menos de dos años de ser la primera fuerza a ser una fuerza decreciente. Hoy mismo, la mayor parte de la población mexicana está gobernada por mandatarios estatales de otro origen partidista: por el PAN principalmente. La mayor parte de la población escapa a los tentáculos del PRI, por lo menos en lo que se refiere a tener un gobierno estatal. El número de gubernaturas en poder del tricolor se ha reducido y hoy es menos de la mitad. Lo cual también indica que la mayor parte del territorio mexicano ya no forma parte de territorio regido por el PRI, a nivel regional. El PRI logró conservar, el año pasado, el Estado de México; pero eso no fue el paso siguiente a una victoria rotunda. Nuevamente queda demostrado, una vez más, que las elecciones en esa entidad están sobrevaloradas como indicativo seguro al resultado de la elección presidencial. 

Ahora bien, y antes de finalizar ¿qué podemos decir del sexenio de Enrique Peña Nieto? En lo personal, considero que no todo fue tan malo como claman las redes sociales. No considero, de ninguna manera, que el sexenio presente haya sido el peor de la historia contemporánea mexicana; ese lugar se lo llevan, en todo caso, los tres sexenios del período de 1970 a 1988: Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Pacheco y Miguel de la Madrid Hurtado. Esos tres sexenios son quizá los peores gobiernos que ha padecido México en las últimas décadas. Fue bajo esos tres sexenios en los que se padeció la crisis económica más terrible, con una inflación, en la mitad de los años ochentas, de 100%. El sexenio actual no pudo mantener (debido a su ineficiencia y a una pésima Reforma Fiscal) precios estables. El México que veremos finalizar el sexenio del "príncipe de Atlacomulco" es hoy en día más caro en cuanto al costo de la vida que el México que recibió el regreso del PRI. Sin contar la devaluación notoria del peso frente al dólar. La calidad de vida se redujo en este sexenio en verdad. Esto, mas otros factores, determinaron la crisis actual y la debacle que vive el partido fundado en 1929 por Plutarco Elías Calles, bajo otro nombre y siglas. 

La violencia creciente del crimen organizado en no pocas regiones del norte, del noreste y del noroeste de la nación fue otro de los males del actual sexenio. El columnista Leo Zuckerman llevó la cuenta de los muertos en varias columnas, a lo largo y ancho del sexenio que termina. Recordemos que la campaña de 2012 se había basado en la crítica de la violencia que se vivió durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa; el PRI criticaba al PAN y a su gobierno federal de no haberla contenido. El PRI había regresado con la careta de que tenía experiencia para gobernar, y que durante su gobierno la paz social regresaría. Promesa incumplida, como muchas otras más. 

No todo fue malo durante el sexenio del actual mandatario. Hubo cosas positivas. Cosas que salvan al sexenio de ser el peor de todos, como piensan no pocos. Me refiero a la Reforma Energética, de Telecomunicaciones y la Educativa. En la política de energías, el actual Gobierno Federal logró sacar adelante (junto con el PAN en el Congreso) una reforma necesaria; de signo liberal y que rompía el monopolio estatal que detentaban, en algunos ramos (electricidad y petróleo) los monopolios oficiales. Al comenzar el sexenio de Peña Nieto, México era ya la última y única nación en el globo que padecía esta absurda prohibición de invertir, de forma privada y particular, en ramos tan necesarios de tecnología y recursos provenientes de inversiones. Vamos, ya ni Corea del Norte, la nación más socialista, tenía esta política. Como no la tienen ni Venezuela ni Bolivia, pese a la retórica socialista y enemiga del capital. México dio, en el sector energético, un paso hacia adelante; esto durante el sexenio actual. En el caso de la educación, se avanzó en la necesaria política de evaluaciones periódicas a los integrantes del magisterio. Un paso difícil pero necesario en el camino de lograr una educación de calidad; una que nos lleve al primer mundo. Una reforma que por desgracia el actual Presidente Electo ha amenazado con suprimir. Si lo hace, daremos un paso hacia atrás. En lugar de seguir por el camino trazado gracias al gobierno de Peña Nieto (y también gracias a los gobiernos de Ernesto Zedillo y los dos sexenios panistas) México volverá al carril de antaño; un retroceso. Y todo por una política populista de parte del gobierno de quien se define como "cercano a la gente": Andrés Manuel López Obrador. 

Desde luego, estas serían las cosas positivas del sexenio de Enrique Peña Nieto. Quizá haya otros pequeños logros; pero no más. No mucho más. Los méritos y logros quedan empañados por los desaciertos, los errores y las omisiones; y desde luego, por los cargos de corrupción en las altas esferas del gobierno y al interior del corazón mismo del priismo. Al final, el dizque "nuevo PRI" no fue más que una pantomima; o al menos, no fue este un nuevo PRI que se caracterizara por una nueva forma de hacer política. El nuevo PRI fue igual de vicioso y anquilosado que el PRI que, en el año 2000, perdió la Presidencia. El partido que regresó bajo la idea de haber aprendido su lección, en realidad demostró, en este sexenio que termina dentro de pocos minutos, no haber aprendido nada acerca de lo que ocasiona descontento social. Regresó el dinosaurio PRI con la promesa de "reformar a México"; y en cierta forma, lo hizo. Pero su rostro oscuro asomó por donde ponía la mano. Y el resultado final de todo esto fue uno solo: un adiós, quizá para siempre, del PRI. 

domingo, 25 de noviembre de 2018

AMLO: ¿Cuál será el modelo a seguir? ¿Por cual camino señor Presidente?

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Hoy es 21 de noviembre de 2018. Dentro de menos de diez días a partir de hoy, un nuevo gobierno federal asumirá el gobierno nacional. Un nuevo mandatario llegará como el inquilino principal a la Residencia Oficial de Los Pinos. Un nuevo hombre se sentará en la silla de Palacio Nacional. Disfrutará las mieles del poder. También vivirá las tensiones inherentes al cargo de ser el primer personaje durante un sexenio entero; a menos que algo pase en el camino. Ese hombre se llama "Andrés Manuel López Obrador". Nacido en Tabasco en los años cincuentas. Forjado en el partido que, de ser el hegemónico, pasó a ser hoy por hoy una desgracia no tan muerta, pero desgracia al fin y al cabo: me refiero al PRI. Ese mismo hombre de carácter mesiánico y de vocación autoritaria y social será el Presidente de México. La pregunta en torno al legado que podría dejar: ¿cual será el modelo a seguir en su gobierno?

Definitivamente, y para desgracia del país, descartamos la chilenización. Es decir, el modelo de Chile en la época actual. El mismo que han seguido la mayor parte de los gobiernos que en aquella nación ubicada en la punta sur del continente se han sucedido desde 1990. Ese modelo que respeta la democracia, los derechos humanos, el pluralismo y que en el campo social y económico combina respeto al capitalismo de libre mercado con justicia social promovida desde el mismo gobierno. Esa misma fórmula que han seguido otras naciones como España y Uruguay, y que han hecho de Chile una nación afortunada, pese a sus problemas sociales aun no resueltos del todo. Pero Chile avanza. Y avanza bien pese a las piedras y las grietas en el camino. Ese modelo no será nuestro modelo porque AMLO, lo sabemos, es un hombre autoritario; un caudillo rodeado, en su círculo cercano, por personajes del viejo PRI y de la izquierda radical. Además, no entremos en detalles en cuanto al pensamiento económico del tabasqueño. Este se caracteriza por una pasión muy marcada a favor de la acción estatal por sobre la acción del mercado. Del libre mercado con ciertas reglamentaciones. Chile, Uruguay o España no serán, pues, el modelo a seguir. No al menos en los próximos seis años venideros. Lástima. México podría poner el ejemplo en la parte norte de América. No lo hará en estos seis años. Esperemos hasta el 2024, si cabe. ¿Cual será el modelo entonces?

Chile, como he sostenido en líneas arriba, no será el modelo a seguir. Pero definitivamente descartemos el escenario contrario; ese escenario ubicado en la otra punta de la línea. La cubanización de México. La transformación de México en una dictadura totalitaria, o casi. Y un sistema o esquema económico de socialismo total, o casi total. Un modelo en donde la propiedad privada este eliminada (como sucedió en Cuba durante la Guerra Fría), o solo permitida en ciertas áreas muy menores; justo como sucede en esa desdichada nación isleña de América desde la era de la pos Guerra Fría. Ese modelo tan temido también (y aquí si puedo decir "afortunadamente") debemos descartarlo por entero. Andrés Manuel López Obrador nunca será un demócrata, y su misma concepción filosófica acerca del papel de un gobierno lo exhibe; pero no tiene el famoso Peje el pensamiento militarista de todo simpatizante de un régimen policial; notoriamente totalitario o autoritario de corte pretoriano. Claro está que tratará de atrasar el reloj y llevar a México al mismo sistema sui géneris del PRI- sistema. Y en el campo económico, AMLO no es marxista; si bien algunas de sus ideas lo son. El líder de MORENA (mejor dicho el dueño) es un hombre cuyo pensamiento económico y social es el México anterior a la implantación del denominado "neoliberalismo" en México; el México de Luis Echeverría Álvarez. Ese es su horizonte. La cubanización está descartada con el Peje en la "silla maldita". Entonces; ¿cual es el modelo?

De los modelos posibles, uno es el más temido. No hay que descartarlo. Si bien es difícil que derivemos hacia él, por ciertos factores tanto internos como externos, no es posible descartar que la nación más sureña de Norteamérica derive hacia ese camino. La venezolanización. Venezuela chavista. El mismo modelo que aplicó el sandinismo en Nicaragua. Un modelo de Estado autoritario, clientelar, fuertemente corporativista; en el campo de la economía, un modelo que si bien respeta o tolera la propiedad privada y la libre empresa en general (en ramos micros), existe una planificación central y un estatismo muy fuerte; las empresas estratégicas en manos del estado. "Nacionalizadas"; según los ideólogos de esos gobiernos, "rescatadas de las manos sucias del capital". Un modelo que ha quebrado a cuanta nación ha tenido la desdicha de ser el laboratorio donde se ha aplicado, comenzando por Venezuela misma. Un modelo basado en la teoría de la dependencia; o en las ideas surgidas al calor de la expansión de esa teoría económica que pretendió explicar la dinámica mundial de la economía de su tiempo. Ese modelo es posible, aunque difícil. Y de los modelos posibles, ese es el escenario más temido.

Otro modelo, menos temido pero bastante malo, sería la argentinización. Argentina como modelo. La Argentina gobernada por los esposos Kirchner. Un Estado que en el campo político recrea un modelo corporativista, en medio de una democracia electoral que se hunde. En el campo económico, un modelo mezclado entre el estatismo propio del "socialismo del siglo XXI" (Venezuela) con el clásico "capitalismo de cuates" o capitalismo de Estado, tan propio del Perú del licenciado Alberto Fujimori o la Nicaragua de la dinastía Somoza. Vamos; del PRI de la era del "milagro mexicano"; en los años cuarentas, cincuentas y sesentas. Ese modelo sería menos malo que el anterior; pero malo al fin. ¿Será ese el camino del gobierno lopezobradorista? No es de extrañar que quizá sea así; nomás es cuestión de recordar que en las filas de MORENA coexisten los simpatizantes del chavismo con priistas de viejo cuño echeverrista- lopezportillista y, además, personajes que se han movido en el ámbito y en el área empresarial. En estas condiciones, un modelo como el de la Argentina de los Kirchner sería ideal para el Peje, por lo menos en el campo económico; sería el modelo que traería cierto equilibrio a su círculo cercano, tan distinto en procedencia y metas. AMLO, en este modelo, repartiría el queso entre esas tres posiciones. A todos les daría algo. A nadie le negaría algo que llevara a ese sector de su círculo a retirarle el apoyo. López Obrador sería el padrino que sentaría a un sector a su izquierda, a otro sector a su derecha y a otro en el centro.

También, y por último, está otro modelo: la brasilinización. El Brasil de Lula y Dilma Rousseff como modelo. Un Estado democrático (solo que a pesar de su gobierno y no gracias al gobierno) acompañado de un modelo económico que, bajo ciertos aires proteccionistas y socialistas (estatistas) se entienda con el empresariado regional, nacional e internacional en beneficio político propio. Un Estado casi ideal, pero no exento de corruptelas como las que hoy tienen en problemas a Lula (nombre más de bailarina nocturna que de mandatario) y que llevó a la defenestración de su delfina, la inefable Dilma. Este modelo sería lamentable, pero a diferencia de los otros dos posibles, mucho mejor. Solo que para lograr este modelo, es necesario una oposición fuerte que contenga al tigre; a ese mismo tigre que quiere regresar a México, en el campo político, al modelo del PRI. Y no se ve en la cancha actual de la política mexicana a una oposición unida y consistente. Claro está que puede surgir una. Pero esto es muy difícil dados los intereses en pugna en las filas opositoras.

Así pues: ¿que nos depara el gobierno lopezobradorista? ¿Cual será el camino del nuevo Gobierno Federal que toma posesión al iniciar diciembre de este año?

A las puertas de un nuevo gobierno federal en México

Este año México estrena nuevo Gobierno Federal. Una administración (procedente del "Partido Revolucionario Institucional") finaliza y otra comienza; esta procedente del denominado "Movimiento de Regeneración Nacional" (MORENA) y encabezada por el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. Más allá de las esperanzas o temores que ha despertado el mandatario que asumirá el poder en los inicios de diciembre, lo que sí va a ser importante es el manejo, por parte de la nueva administración, de diversos temas que afectan a la nación mexicana y que han estado impactando, positiva o negativamente, en los últimos años. Temas como: la inmigración centroamericana (procedente de Honduras principalmente); el crimen organizado y el clima de violencia que viven varias entidades de la nación; el deterioro de la economía en los niveles macroeconómicos; la democratización que están experimentando no pocas entidades en los últimos años; las relaciones con los Estados Unidos en la era de Donald Trump, etcétera. Ninguno de estos temas será un asunto fácil de resolver o de llegar a un estadio mejor; pero todo dependerá del ingenio de los analistas y del equipo federal que acompañe al nuevo mandatario de la nación. Y una pregunta es importante: ¿qué modelo económico y político será el que pretenda la nueva administración?

martes, 15 de agosto de 2017

EL último comentario de un inolvidable compañero y amigo ¡¡¡¡

Lo dejé de ver y escuchar en los mediados de enero de 2016. Después de año y medio de trabajar a sus órdenes inmediatas, un error de su parte causó su inevitable despido laboral. Fue esa mañana la última vez que lo vi; y fue la última vez que escuché su voz. Ya nunca más nos comunicamos ni nos encontramos. Él falleció en los mediados de ese año de 2016 inolvidable para mí. Pero antes de morir, dejó lo que sería su último comentario para mí en una publicación esa maravillosa red social que es Facebook. Su último comentario; su comentario de despedida, de alguna manera. Dice su comentario lo siguiente: 

"Claro¡¡¡ Meik animo no pasa nada y gracias por su gran amistad y siga por todos los años, pero si busque su camino forja tu destino en lo que estudiaste, el que no busca no encuentra"

Hasta aquí su breve pero emotivo comentario de despedida. Su último comentario antes de fallecer; antes de abandonar su alma este mundo terrenal. Me pregunto si he seguido su consejo; yo, por mi parte, me despido de usted Señor Elías; igualmente, gracias por su amistad y consejos

GERARDO Machado Morales: el olvidado dictador de Cuba





Cuba, una de los últimos dominios españoles en América, ha debido pasar desde 1898 por gobiernos republicanos de carácter democrático al mismo tiempo que por dictaduras militares. Dictaduras que, a su vez, hacen que el destino poscolonial de la nación insular no sea muy distinto al de la mayoría de los países de América Latina, los cuales han tenido, casi sin excepción, dictaduras militares; si bien debemos apuntar que tanto Cuba como la centroamericana Nicaragua son, hasta la fecha, los únicos países latinoamericanos en donde dictaduras militares de ideología "marxista" se han instalado en el poder; Venezuela y Bolivia hasta la fecha tienen una especie de dictadura de ideología "comunista" o "marxista"; pero el carácter de esos regímenes civiles aunque autoritarios dista mucho de tener el carácter castrense o militar. 

Quizá porque la actual dictadura es el presente de Cuba, y quizá por otros factores más, el nombre de Fidel Castro Ruz está muy presente en el conocimiento de la opinión pública actual. Y aunque en menor medida, el nombre de Fulgencio Batista Zaldívar también está muy presente en la memoria colectiva, tanto cubana como de otras nacionalidades; si bien esto último se debe a que la dictadura de Batista fue el régimen derrocado por la Revolución Cubana; y es Batista recordado por haber sido el gorila derrocado por la guerrilla de Castro. Pero tanto Fidel Castro como Fulgencio Batista son personajes de la historia cubana muy recordados y muy mencionados en películas, documentales, reportajes, libros de historia, etcétera. Ninguno de los dos personajes nacidos en la Provincia de Holguín pasaría como un "dictador olvidado". 

Muy diferente es el destino, en cuanto a perdurar en la memoria colectiva se refiere, de otro dictador cubano. Aquel que entre los años veintes y principios de los treintas dirigió la primera dictadura militar de Cuba. Un personaje que si bien en Cuba es hasta cierto grado recordado, en general ya no es muy analizado; fuera de Cuba, la gran mayoría de los estudiosos de la historia cubana ni siquiera han analizado su figura histórica o al régimen militar que encabezó. Es, realmente, un dictador olvidado. El dictador olvidado de la isleña nación de Cuba. Su nombre: Gerardo Machado Morales.

Un olvido injusto. Porque su régimen dictatorial de menos de una década, si bien puede parecer un accidente histórico en la marcha de la república cubana, en realidad no lo es. Su dictadura de alguna manera, aunque fuera un factor menor, contribuyó al camino que tomó la historia cubana en la mayor parte del siglo XX y lo que va del nuevo siglo XXI. Fue su dictadura la que propició el ascenso a la fama (y a la historia cubana) de otro militar: Fulgencio Batista Zaldívar. El Sargento de Holguín fue uno de los principales cabecillas de la rebelión de 1933, que terminó con el régimen militar y dictatorial encabezado por Gerardo Machado Morales. Así es; el hombre al que derrocó la popular Revolución Cubana de Fidel Castro (Fulgencio Batista) fue, a su vez, una estrella ascendente hacia la punta de la pirámide política cubana encabezando la rebelión contra otro dictador; justamente el olvidado Gerardo Machado. Y puesto que la historia predeterminada (muy al estilo del positivismo y el marxismo) ha quedado desacreditada ya, bien podemos afirmar que el destino de Batista y junto a él, de Cuba, hubiera sido distinto sin el régimen machadista.

Ahora bien; ¿qué sabemos; o bien, qué datos importantes podemos mencionar acerca del personaje de marras: Gerardo Machado Morales? Este sujeto nació en el Municipio de Camajuaní, Provincia de Villa Clara, en 1971; en una etapa de la historia cubana en la cual la nación isleña se encontraba bajo dominio español. En ese año, Cuba se encontraba inmersa en la "Guerra de los Diez Años"; guerra por la independencia cubana que había estallado en octubre de 1868 en Manzanillo; rebelión fallida que estalló gracias a la iniciativa del prócer Carlos Manuel de Céspedes. De origen humilde, de joven se dedicó al oficio de carnicero; siendo este personaje otro ejemplo más de dictadores que, antes de llegar a lo alto; a la cúspide de la pirámide política y mantenerse en ella de forma dictatorial, comienzan su vida laboral en oficios humildes y en donde las posibilidades de morir en el anonimato son bastante probables. Oficios en donde, la única manera de pasar a la inmortalidad colectiva es de dos maneras: siendo el sujeto principal de una pintura; como es el caso de la camarera Suzon, aquella mujer pintada por Édouard Manet en el cuadro "Un bar del Folies- Bergere"; o bien, siendo el sujeto principal de un análisis social histórico centrado en una persona real y anónima.

Pero, como sucede con muchos de estos dictadores que comienzan en oficios humildes (tales como el soviético y georgiano Stalin, el dominicano Rafael Trujillo o el rumano Nicolae Ceaucescu), Gerardo Machado ascendió a lo alto de la pirámide política de su país por una serie de factores; pero todo comenzó cuando decidió unirse a cuestiones u oficios de armas; en el caso de Gerardo Machado, ingresó a las fuerzas revolucionarias cubanas que, en los años noventa del siglo antepasado, luchaban por la independencia de Cuba. Se convirtió en un revolucionario independentista tras dedicarse al oficio de carnicero, aunque hay quienes aseguran que también se dedicó al abigeato (robo de ganado). Siendo revolucionario, participó en varias acciones militares contra las fuerzas españolas; ciclo de su vida finalizado tras el fin de la Guerra Hispano- Estadounidense; tras la cual Cuba se libró del dominio español para caer en la hegemonía y protectorado estadounidense, con la famosa política de la "Enmienda Platt".

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, Gerardo Machado ingresó a las fuerzas armadas cubanas; si bien se dedicó a los negocios en compañías estadounidenses. En estos oficios, el sujeto de marras adquirió una respetable fortuna. Ingresó al "Partido Liberal de Cuba", organización de la cual sería una de sus principales figuras. Todo esto le valió para que, en 1924, fuera nominado como candidato a la Presidencia de Cuba por su partido; tras ganar las elecciones, asumió la Presidencia de Cuba el 20 de mayo de 1925. Comenzó así su gobierno de ocho años. Y si bien fue un mandatario elegido de forma democrática, poco a poco fue acabando con la democracia, instaurando una dictadura personalista y caudillista, con él como líder de la nación. Machado, como muchos dictadores que han llegado al poder de forma democrática, fue sometiendo a los poderes soberanos; al poder legislativo y judicial, imponiendo en ambas instituciones a testaferros a su servicio.

La represión contra la oposición se convirtió en la forma como Machado se mantuvo en el poder. El asesinato político, la prisión y la tortura fueron los medios más utilizados por las fuerzas de seguridad al servicio del dictador; la corrupción fue la marca de Machado como fuente de lealtades y control. Fue durante su dictadura cuando se construyó, en la Isla de Pinos, el Presidio Modelo; la construcción de este penal fue una obsesión ante la falta de espacio en otras cárceles cubanas, debido a la gran cantidad de presos políticos. La militarización de las calles en las ciudades y los pueblos de Cuba sería un nuevo fenómeno en la nación isleña; un proceso social y político que otras naciones de Latinoamérica, como Guatemala, vivían en este período de Entre Guerras.

Naturalmente, durante su dictadura Cuba vivió algunos logros importantes. Sobre todo en arquitectura e infraestructura. Fue durante la dictadura de Gerardo Machado cuando se construyó el famoso "Capitolio de La Habana", imponente y portentoso edificio de la isla de Cuba muy inspirado en el Capitolio de los Estados Unidos, país cuyos gobernantes apoyaban la dictadura de Machado, la cual servía a los intereses de la élite económica de aquella nación. También se construyó durante la dictadura de Machado la Carretera Central, importante y estratégica vía de comunicación que une a la mayor parte de la isla más importante de la nación cubana. Y por si esto fuera poco, durante un breve período la dictadura trajo consigo una cierta bonanza económica y financiera; si bien la mayor parte de esta bonanza, según algunos estudios, benefició mayormente a la élite económica y política cercana al dictador.

No obstante, esta breve prosperidad económica duró mientras la crisis que se vivía a nivel mundial apenas llegaba a Cuba. Cuando esta se dejó sentir en la nación isleña, el nivel económico de los cubanos comenzó a decaer. Este hecho, más la represión política y la notable corrupción, trajo consigo un gran descontento general, que comenzó a manifestarse en actos callejeros reprimidos por las fuerzas de seguridad; sobre todo, por "la porra", un grupo paramilitar de matones civiles al servicio de la dictadura. Y esta situación, finalmente, marcaría el fin de la dictadura; a principios de agosto de 1933, trabajadores del volante (ómnibus) de La Habana se fueron a huelga como consecuencia del deterioro de la vida. Este acto desencadenó toda una ola de protestas y rebeliones contra Machado; a mediados de mes, un grupo de militares dirigidos entre otras personas por Fulgencio Batista finalmente se sublevó contra el gobierno central. Incapaz de mantener el control, Machado se refugia en el Cuartel de Columbia, renunciando a la Presidencia. Su régimen despótico había finalizado. Gerardo Machado huyó en esos días hacia Bahamas; posteriormente fijaría su residencia en Miami, Florida, en los Estados Unidos. Fue en este lugar donde el dictador olvidado de Cuba falleció en 1939; en una fecha en la que la Guerra Civil Española estaba finalizando, y en donde las tensiones en Asia y en Europa adquirían una gravedad tal que poco después llevaría al mundo a la Segunda Guerra Mundial.

Del régimen de Gerardo Machado Morales quedaron como recuerdo el Capitolio de La Habana y la Carretera Central. Si bien en Cuba la historiografía no lo ha olvidado del todo, esta apenas lo recuerda; y en el mundo entero, el nombre de Gerardo Machado ha sido muy olvidado, a diferencia de Batista y Fidel Castro; los dos dictadores clave de la Revolución Cubana. Y sin embargo, la dictadura de Machado fue determinante en el devenir de la nación isleña de Cuba, la tierra de Martí. 

martes, 4 de julio de 2017

EL 4 de julio de 1776 como símbolo y realidad: El acta de fundación de un futuro imperio, o la "nueva Roma"


El 4 de julio es un día importante para una nación: Estados Unidos de América. Y dada la importancia política, social, económica, militar y cultural de dicho país, la fecha es importante para el mundo entero, aunque gran parte de la población mundial lo viva como otro día más. Para otro sector de población mundial no menor, en cambio, el día no pasa desapercibido: para algunos, es un motivo de festejo; para otros solo de interés académico; para no pocos es un día aciago. Pero el caso es que el 4 de julio es una celebración en los Estados Unidos: ese día se conmemora su "Declaración de Independencia". Así con mayúsculas.

La "Declaración de Independencia de los Estados Unidos" es el documento aprobado y firmado en la ciudad de Filadelfia (más específicamente en lo que ahora es el "Salón de la Independencia") que proclamó la independencia de las "trece colonias" británicas de la costa atlántica de lo que ahora es Estados Unidos. Independencia respecto de su metrópoli: Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte; en síntesis, la albiónica Gran Bretaña; el "imperio de los siete mares", como se le conoció en el siglo XIX y gran parte del XX. Este suceso, la aprobación y firma de la Declaración de Independencia de las Trece Colonias ocurrió en un contexto de guerra; guerra de independencia de esas colonias contra los británicos; los cuales, naturalmente, no querían perder sus dominios de la Norteamérica atlántica. Y desde luego, con la aprobación y firma de ese documento, no se inició la independencia de esas trece colonias; ni siquiera su unificación en una nueva nación llamada "Estados Unidos". Faltaba ganar la guerra. Todavía no ocurrían las batallas de Saratoga y Yorktown, ocurridas en años posteriores a 1776.

En realidad, la independencia de las trece colonias norteamericanas sería una realidad hasta la firma del Tratado de Paz de París de 1783; tratado que puso fin a la guerra de Gran Bretaña contra Francia y España (gobernadas ambas por la Dinastía de Borbón, aunque con diferente soberano cada una) y además, se reconoció la independencia de esas trece colonias. Y fue así como surgió, por fin, esa nación que ahora llamamos "Estados Unidos de América"; hoy en día uno de los países más extensos del planeta (lugar número 4) y hoy en día una de las tres potencias militares más poderosas del mundo; si bien en aquellos años, cuando surgió, tenía esa nación un cuarto del territorio actual y era un país no muy fuerte militarmente hablando. Ni que decir que para ese entonces, Estados Unidos aun no era ninguna influencia en el área cultural y social; quizá solo políticamente hablando, pues su lucha de independencia bien pudo haber inspirado como ejemplo para sectores ideológicos y políticos de otras tierras.

No obstante, la aprobación de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos sentó las bases de muchos de los valores propios de los Estados Unidos en términos políticos; es el símbolo y el germen del nacimiento de ese país. Fue un impulso en el ánimo independentista de los colonos norteamericanos; con el tiempo, sus descendientes levantarían un nuevo imperio. Un imperio poderoso y abusivo en muchos aspectos, pero con valores democráticos de por medio; en pocas palabras, una potencia no muy diferente a lo que en la Antigüedad había sido Roma; por supuesto, con diferencias no menos esenciales, desde luego. Un país que, al mismo tiempo que nació con valores republicanos y de cultura parlamentaria, también nacería con manchas sociales como es el caso de la segregación racial, étnica y la esclavitud de la población negra. Pero un país que ha sabido transformarse en algo más liberal; un país que sin haber dejado los rastros de esa "América profunda" sigue su camino en el ascenso de los derechos civiles y la igualdad racial. Y si bien el 4 de julio no es el inicio de esa gestación, sí fue el suceso que encarriló ese proceso de manera definitoria; la independencia de las trece colonias debe enmarcarse en un contexto internacional de Revolución Industrial, Ilustración, transformación económica y crisis del imperialismo británico; aunque una crisis momentánea de la que se repondría tras las guerras napoleónicas. Lejos queda el "4 de julio de 1776"; pero solo en el tiempo, más no en la memoria popular estadounidense.

miércoles, 7 de junio de 2017

EL Estabilizador Del Desarrollo


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Fue su gobierno, transcurrido del 1 de diciembre de 1952 al 30 de noviembre de 1958, un sexenio de transición fiscal y económica al mismo tiempo que de continuismo político. Su gobierno es uno más de la lista de administraciones del régimen supuestamente "emanado de la Revolución"; del régimen autoritario, vertical y hasta cierto punto dictatorial burocrático presidencialista del PRI- sistema. Como se ve, un continuismo político e institucional; pero no fue su sexenio igual, en el plano económico, al anterior; al inmediato anterior; aquel dirigido por Miguel Alemán Valdés, el hombre que por dedazo eligió como su sucesor en la silla presidencial a nuestro personaje de marras; a su austero Secretario de Gobernación, justamente el personaje aquí analizado: Adolfo Ruiz Cortines. Veracruzano como Alemán, solo que un veracruzano de aspecto grave, maduro y de semblante serio mayormente; a diferencia de Alemán; juvenil, de sonrisa fácil y de personalidad alegre y hasta cierto punto, festiva.
Adolfo Ruiz Cortines, así se llamó este hombre; este personaje que gobernó a México durante la mayoría de los años cincuentas; aquellos años de vaselina en el cabello de los jóvenes, de chaquetas de cuero, de los albores del Rock an' Roll, de rocolas, de la agudización de la Guerra Fría en el plano internacional y de la Revolución Cubana. Aquellos años en los que el sistema producto de la Revolución Mexicana terminó de consolidarse definitivamente; hasta antes del inicio de su crisis. Fue en estos años de la década de los cincuentas en los que México vivió mayormente gobernado por este personaje que vino a establecer una cierta moralización en el corrupto sistema político que había dejado la administración de Alemán, célebre en el robo institucional y en el uso del poder como fuente y agencia de negocios redondos. También vino Ruiz Cortines a representar una transición en la economía; sostuvo el "milagro mexicano" que ya se había iniciado con Manuel Ávila Camacho, y que Alemán lo había simbolizado con mega obras públicas de relumbrón personalista; pero que hasta entonces había estado acompañado de algunos aumentos de precios y esporádicas devaluaciones del peso.
Adolfo Ruiz Cortines estabilizó la economía crediticia y monetaria de la nación. En su administración se inició el famoso "desarrollo estabilizador" en el cual México, además de continuar inmerso en el milagro económico, mantuvo finanzas sanas; en la semana santa de 1954, Don Adolfo tuvo que decretar una nueva devaluación: de 8.50 pesos, la moneda nacional subió a 12.50 pesos por dólar. Pero gracias a sus medidas fiscales y crediticias por él iniciadas, y que mantuvieron los dos siguientes mandatarios (cada uno a su estilo y forma) esta paridad se mantuvo a un récord histórico de tiempo: 22 años. Largos 22 años en los que la moneda se mantuvo estable, y junto con esa estabilidad del peso, se mantuvo la inflación baja, y el Producto Interno Bruto en expansión constante. Consolidando el crecimiento de la clase media y aliviando o manteniendo estable el nivel de vida de las clases populares; no obstante, el progreso no llegó al campo, y no llegó a todos los centros urbanos con la misma intensidad. Además de no acabar con la pobreza mayoritaria; pero no puede negarse que desde Ruiz Cortines y hasta los setentas, el nivel de vida promedio creció de manera notable.
Famoso por su austeridad personal, fue Ruiz Cortines un moralizador del sistema. La corrupción no dejó de existir como soporte del sistema y práctica común en la política, pero sí se mantuvo en niveles bajos y benignos; enriquecimientos ilícitos moderados y algunas prácticas menores en la burocracia. A diferencia de la administración de Miguel Alemán, famosa por la locura del poder; claro está que, algunos años después, México se precipitaría hacia un nivel de corrupción versallesca y faraónica como pocas veces en su historia; pero eso llegaría dos décadas después del ruizcortinismo. Como dos décadas después del ruizcortinismo llegarían de nuevo las devaluaciones de la moneda; apartando a México de la paridad de 12.50 que aun se recuerda en estos años del tercer milenio.
En su administración, iniciada tras un proceso electoral no muy claro y plagado de no pocas irregularidades y represión (contra los henriquistas) el sistema terminó de consolidarse; el autoritarismo y la falta de legitimidad democrática siguió como un síntoma de atraso político. Durante el gobierno de Ruiz Cortines, el fraude electoral (mayormente contra el Partido Acción Nacional) siguió siendo la norma en elecciones donde el candidato del oficialismo priista no garantizaba el triunfo a la buena. Las destituciones de gobernadores por mera orden del centro marcaron al sexenio en su primer tramo. Sin contar la represión contra la prensa crítica o independiente; y la represión contra movimientos de disidencia sindical, como maestros, ferrocarrileros y otros. Ruiz Cortines, si bien honrado en lo personal, en lo político era un "hombre del sistema"; lo cual significaba que la democracia y el respeto absoluto a los derechos humanos estaban fuera del juego de la política nacional.
Así fue el sexenio de este personaje: Adolfo Ruiz Cortines. Un sexenio de contrastes; positivos en lo económico, social y crediticio (con sus lagunas) y negativo en el plano político y de trato a la disidencia. Con Ruiz Cortines, la historia patria oficial alcanzó niveles cuasi religiosos de veneración gubernamental y sacralización institucional. Muy apegado a las formas y a la investidura como algo sagrado, Ruiz Cortines solía vestir de colores oscuros (negro mayormente) aun en lugares o eventos donde normalmente se usaba el color blanco, o una cierta relajación de la vestimenta. En política exterior, se mantuvo la línea nacionalista, pero de colaboración mutua con los Estados Unidos en temas como el comunismo y la migración. Fue este sexenio el símbolo de la estabilización, y fue el personaje que lo encarnó un rostro sencillo y austero del sistema. No pocos extrañarían a este gobernante de modales elegantes y de trato afable en lo personal. Y quizá haya motivos: el tradicional "palo" del sistema siguió vigente; pero el consuelo del "pan" fue muy notable, tanto como en el sexenio del otro "Adolfo". Política del "pan" que se reflejó en obras no visibles pero que se hicieron sentir, como la estabilidad económica, y en obras notables como las de tipo material; porque por lo menos en estos ámbitos, México necesita cierto ruizcortinismo.