jueves, 25 de mayo de 2017

LAS Entidades Federativas; Piezas Clave En La Democratización Mexicana

Desde fines de la década de los años ochenta, México ha experimentado un paulatino y lento proceso de democratización constante; con algunos retrocesos en su proceder; pero mayormente avances. Avances constantes pese a que la moda actual (de tendencia pesimista y expresada en las redes sociales sobre todo) afirme lo contrario. Por ejemplo, en 1988 la oposición no solo ganó un número bastante notable de diputaciones, sino que se le reconocieron gran parte de estos triunfos pese al fraude electoral en cuanto a la Presidencia. En 1989 se rompió el tradicional monopolio priista en gubernaturas; entre 1990 y 1994 reformas electorales fueron minando el control del PRI y la Presidencia en las elecciones; y finalmente, en 1996 la gran Reforma Política finalmente acabó con este monopolio. Las libertades de expresión y de manifestación fueron ganando terreno en la década de los años noventa. Y ha habido otros avances a nivel federal; sin duda, México ya no es ninguna dictadura, ni perfecta ni camuflada. Pero pese a esto, el siglo XX no se ha ido del todo.

El siglo XX mexicano, el de la dictadura presidencial priista, aun continúa en varios aspectos; incluso en el que tiene que ver con la democracia, o la falta de ella, pese a todos los avances. México aun está muy lejos de ser una democracia; por el momento es un régimen híbrido que combina democracia y autoritarismo, aunque esta combinación no consista en un monopolio del poder nacional ejecutivo, como sucede en los regímenes de autoritarismo competitivo. Por ejemplo, el corporativismo aun existe en el plano sindical; y el antiguo partido oficial aun tiene un porcentaje muy alto de este aparato; es decir, en las elecciones el PRI aun ostenta ventajas derivadas de privilegios de antaño. Y uno de los aspectos en los que aun falta la democracia, es en la situación política de las entidades federativas; me refiero con este término, "entidad federativa", tanto a los estados de la unión como a la "Ciudad de México"; antes el "Distrito Federal". En México, la democracia aun no llega, pero va avanzando; sin embargo, el avance no ha sido igual en todos los niveles de gobierno. En México, en la mayor parte de las entidades, reina menos democracia y respeto a las libertades a nivel estatal, o regional, que lo que la democracia impera a nivel federal. 

En México, la ciudadanía ha conquistado no pocas libertades y avances de transparencia, y control de los dineros públicos, a nivel federal. Sin duda alguna; pese a que estos avances de transparencia no han evitado algunas presuntas irregularidades como algunos actos de corrupción; actos que en este sexenio que corre (dirigido por el mexiquense Enrique Peña Nieto) han desprestigiado la imagen gubernamental de México. Y no obstante, el grado de avances y democratización que la ciudadanía mexicana ha conquistado en la República, no se ha registrado de manera igual en los niveles estatal y municipal; a nivel estatal o regional, la mayor parte de la ciudadanía, que corresponde a la población de la mayor parte de las entidades federativas, vive un contexto de menos respeto a las libertades, a los derechos humanos y menos transparencia de parte de sus respectivos gobiernos estatales. Esta situación ha provocado el surgimiento, en la década pasada (de los años 2000) de un fenómeno político conocido como "feuderalismo". Bajo este fenómeno, muchos politólogos afirman que los gobernadores, en su gran mayoría, descontando excepciones honrosas, se han convertido en los "nuevos virreyes" que imponen su ley personal, su estilo autoritario de gobierno y su falta casi total, o total, de transparencia y honradez en el manejo de los recursos públicos. 

Así es; curiosamente, los avances del federalismo sin que estos vengan acompañados de un proceso de democratización a nivel estatal ha provocado que, por un lado, los mandatarios estatales o regionales ya gocen de más libertad respecto del centro que en el siglo pasado; o más autonomía, si se quiere ver así. Lo cual es normal en un régimen democrático y federal; pero al no haber el mismo grado de democracia y transparencia que a nivel nacional, la mayor adquisición de independencia y autonomía ha provocado que muchos de estos mandatarios hayan casi reproducido, en sus respectivas entidades que gobiernan, el mismo sistema político que a nivel nacional imperó en el México de los años 1935- 1996; la mayor parte del siglo XX. Quizá es de allí de donde ha surgido esta palabra, "feuderalismo"; palabra que es una combinación lingüística y semántica de otras dos: "feudo" y "federalismo". Bajo el nuevo federalismo con herencia autoritaria y escasos avances políticos y de transparencia a niveles regionales, muchos gobernadores, más que ser "nuevos virreyes", se han convertido en autócratas sexenales que manejan a su entidad como si esta fuera su particular "feudo". 

Quizá por esta particular situación es que la lucha por la democracia en los tiempos actuales debe tener como máxima prioridad, sin descuidar otros niveles, por supuesto, los niveles estatal y regional. Democratizar a las entidades; ese es el objetivo clave del actual contexto que vive México. Desde luego, lo ideal sería lo utópico; es decir, que la lucha por la democracia y la transparencia fuera tomada con la misma importancia en absolutamente todos los niveles de gobierno, y dentro de ellos, en todos los aspectos importantes. Eso es lo utópico; lo ideal y lo deseable. Pero la vida real es compleja y complicada; como en casi todos los temas que representan avances para la humanidad, la lucha por el avance de la democracia y la transparencia debe ir, digámoslo así, "por partes". Debe haber objetivos prioritarios en todo momento; prioritarios en cuanto a qué nivel de gobierno debe considerarse como objetivo clave de determinado contexto; así como en qué aspecto es a los que se le va a poner mayor empeño. Y en el México actual, el México que viene desde el sexenio de Vicente Fox Quezada, en el que ha surgido y se ha reproducido este fenómeno del "feuderalismo", la lucha por la democratización a nivel regional, o estatal, debe ser algo prioritario. La importancia de este objetivo es ahora más evidente en estos lustros en el que se han desatado escándalos de corrupción y de malos gobiernos en varias entidades federativas, haciendo que apellidos como "Duarte", "Moreira", "Borge", "Herrera", "Ruiz", "Granier", etcétera, lleven la marca de lo que predomina en los estados. 

Insisto; no es que a nivel federal la transparencia ya sea la norma ideal, y que la democracia ya haya sentado sus reales; no, es claro que todavía falta mucho por hacer. Trayendo a colasión aquella popular frase según la cual "Roma no se hizo en un día", es claro que si la democracia y la transparencia a nivel federal fueran Roma, esta todavía no estaría al nivel de lo que llegó a ser (normalmente esta frase alude no a la ciudad de Roma, sino al enorme y poderoso imperio cuya caída provocó el fin de un período y el inicio de otro); pero ya no le faltaría mucho para llegar a ser. En cambio, si Roma fuera una representación de la democratización a nivel estatal, desde luego no podríamos afirmar que Roma aun es una pequeña aldea de unas cuantas casitas (eso sería la situación caciquil de algunos pueblos alejados de manchas urbanas); pero si sería verdad que Roma aun estaría muy al nivel de cuando se convirtió en república. Muy lejos del imperio que llegó a ser. Eso sería Roma si esta fuera una representación de la democratización de México en sus diversas entidades federativas. Y es importante mencionar que en estas mismas, el avance de la democratización se ha registrado de manera desigual según la entidad en cuestión. Hay entidades en donde la democracia a nivel regional impera aun más que en otras. Y un punto importante, además de los avances en materia de transparencia, es la transición y la alternancia en el gobierno estatal. 

Desde luego, la alternancia partidista en el gobierno estatal no es lo único que se necesita para acabar con el feuderalismo y hacer avanzar la democracia. Hay otros factores sin los cuales la obra no puede llegar a buen término. Pero es este, acaso, un paso importante y necesario; acabar con el monopolio partidista y por ende, de facción, en el que el poder ejecutivo estatal se encuentra en ya muy pocas entidades. La alternancia, en la actualidad, en este México de 2017, ya ha llegado a la mayor parte de las entidades federativas; incuida la entidad especial llamada "Ciudad de México" y en donde se ubican los poderes federales. Incluso hay tres entidades en donde no solo ya se rompió el monopolio tradicional del PRI, sino que incluso ya llevan más de dos décadas, o están a punto de cumplirlas, de gobiernos regionales de oposición al PRI o al priismo; son tres entidades las que están en este caso: Baja California, Guanajuato y la Ciudad de México. En el caso de las dos primeras entidades, ya han pasado más de dos décadas (27 años en la primera y 15 en la segunda) de puros gobiernos de procedencia panista; y en el caso de la Ciudad de México, desde diciembre de 1997 ha habido puros gobiernos perredistas; si bien es importante decir que en este último caso, de las seis personas que han ocupado la Jefatura de Gobierno, tres de ellos fueron personajes procedentes del PRI que se habían separado del ex partido oficial: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Luis Ebrard Casaubón. Der cualquier forma, en estas tres entidades ya hay personas jóvenes que vivieron durante toda su niñez y adolescencia bajo gobiernos regionales de procedencia distinta del PRI; y en el caso de Baja California, estas personas ya se acerca a los 30.

Así pues, se puede decir que tres cuartas partes de las entidades federativas ya han experimentado la alternancia; en distintas formas. Algunas de estas ya han experimentado la alternancia incluso dos veces; volviendo al PRI, o eligiendo a otro partido de oposición distinto del que sacó al PRI de la gubernatura. En el caso de las primeras, estarían como ejemplo Nayarit, Yucatán, San Luis Potosí o Chiapas; en el caso de las segundas, Baja California Sur, que de haber elegido un candidato del PRD para sacar al PRI, posteriormente viró hacia el PAN. También hay entidades como Chihuahua, Aguascalientes o Nuevo León en los que, después de volver el PRI al poder, este volvió a ser sacado en las urnas, regresando la oposición al poder; en el caso de los dos primeros estados, el PAN volvió al poder en las personas de Javier Corral Jurado y Martín Orozco Sandoval respectívamente; en el caso del estado de Nuevo León, la oposición regresó al poder, pero no el mismo partido que antes había logrado la alternancia; el PAN no logró la segunda transición, siendo el triunfador un candidato independiente: Jaime Heliódoro Rodríguez Calderón, apodado el "Bronco". Como se puede ver, entre las entidades que han experimentado la alternancia, esta se ha experimentado de distinta forma y modo. 

Y como se ha podido ver, si bien la alternancia y el fin del monopolio priista es importante y sin duda un gran avance, este no es suficiente para alcanzar la democracia regional y para lograr la plena transparencia en el manejo de recursos públicos. Esto ha quedado patente en escándalos de corrupción y prepotencia en el trato gubernamental de no pocos de estos gobiernos de oposición; casos ocurridos en la Ciudad de México, Sonora, San Luis Potosí, Aguascalientes y Chiapas. Pero no queda la menor duda de que la alternancia es un paso importante y necesario; más no el único ni un eslabón ubicado entre las últimas acciones a seguir; con la alternancia la tarea democratizadora estatal apenas comienza en muchos casos. En la actualidad, ya solo hay cinco de las treinta y dos entidades en donde la alternancia no ha tenido lugar; en donde el PRI ha gobernado de manera ininterrumpida desde los años veintes; estas entidades son: el Estado de México (de donde es el actual mandatario de la República), Coahuila, Colima, Hidalgo y Campeche. Pues bien: los estados de Hidalgo, Campeche y Colima deberán esperar hasta principios de la siguiente década para tener la oportunidad de experimentar la alternancia; en cambio, el Estado de México y Coahuila podrían experimentarla en este mismo año 2017. ¿Llegará la alternancia este año en esas dos entidades?

miércoles, 24 de mayo de 2017

LA PALABRA ESCRITA

Es la palabra escrita uno de los logros más importantes de la humanidad. Es el logro mediante el cual se registran los hechos históricos; es la herramienta mediante la que se expresan ideas, sentimientos, palabras y otros elementos del lenguaje de una manera escrita; de una forma en la que las palabras se inmortalizan y se transmiten de generación en generación. 

martes, 23 de mayo de 2017

NOSTALGIA

Hoy siento nostalgia por este significativo blog. Este blog en donde yo escribía hace pocos años; donde a partir de este año comenzaré a escribir. Primero con escasa frecuencia; luego con más frecuencia. Pero este blog que para mí fue un viaje a las ideas y a la escritura, vuelve a la vida hoy 23 de mayo de 2017

jueves, 31 de julio de 2014

EL magnicidio que tumbó una era; la guerra que determinó a un siglo







El mes de julio es la parte del año en el que se recuerda el estallido de la Primera Guerra Mundial. En este 28 de julio, la fecha adquiere notoriedad especial: se cumple un siglo de aquel suceso. En efecto, como se sabe, el 28 de junio de 1914, en las calles de Sarajevo, capital actual de Bosnia- Herzegovina, casi a mediodía, fue asesinado el Archiduque (heredero a la corona imperial de Austria- Hungría) Francisco Fernando de Habsburgo y su esposa, cuando ambos paseaban en auto por las calles y en medio de varias multitudes. El magnicidio, llevado a cabo por el terrorista Gavrilo Princip, fue el punto crítico de un conflicto entre el imperio Austrohungaro y Serbia, cuyos ciudadanos se consideraban oprimidos por la potencia gobernada por Francisco José I. Además, fue una más de las acciones propias de rivalidad y alianzas militares entre varias potencias europeas; fue una consecuencia de las tensiones que se vivían en Europa como consecuencia de la mentalidad colonialista, la ambición territorial, el fanatismo, el reparto de África, etcétera. Con esta hazaña terrorista, Gavrilo Princip (integrante de la organización "Mano Negra") acabó con toda una etapa surgida de la revolución francesa, y quizá sin imaginarlo, no solo desató toda una conflagración militar de alcance mundial, sino que además cambió el curso de la historia universal; a veces para bien, a veces para mal, pero en todo caso, la guerra que desató marcó a un siglo. Aun en la actualidad, sigue impactando la acción de ese terrorista serbio que murió hacia 1918.

Como consecuencia del magnicidio, las potencias europeas empezaron a movilizar tropas. Las tensiones empezaron a destapar toda una caja de Pandora que varias personalidades intentaron, sin éxito, detener. Nada pudo lograr la cordura. Todo el ambiente se fue caldeando hacia el estallido de la guerra. El 23 de julio de ese mismo año de 1914, como se sabe, el gobierno austrohungaro envió un ultimátum al gobierno serbio, en el que se le exigía castigo a los responsables del magnicidio, además de otras medidas. Concedía esta nota un plazo determinado para responder; en caso de negativa, se iniciarían las hostilidades. Como pasó el tiempo y no hubo respuesta, el 28 de julio Austria- Hungría declaró la guerra a Serbia, acto con el que se inicia formalmente la Primera Guerra Mundial, aunque en ese momento todavía el conflicto no fuera mundial. Esa misma noche, las tropas serbias y austrohúngaras comenzaron las operaciones, y en menos de lo que terminó el mes, ya había combates entre ambos ejércitos. Y en menos de una semana, la guerra ya se había extendido a casi toda Europa; las declaraciones de guerra se sucedieron, y los combates arreciaron. Por ejemplo, Alemania (aliada de Austria- Hungría) declaró la guerra a Rusia, Francia, Gran Bretaña y Serbia; Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania y Austria- Hungría; Rusia movilizó tropas contra Austria- Hungría y Alemania, etcétera. Por otro lado, Alemania invadió a Holanda y Bélgica, las cuales se defendieron heroicamente. En los mediados de año, ya ocurrían batallas sangrientas en los campos de Francia, en el mar y en las inmediaciones de Rusia. Hacia 1915, la guerra se había extendido ya al norte africano y al Medio Oriente; en la región de Palestina y la antigua Mesopotamia ya ocurrían importantes acciones militares. Hacia 1917, con la entrada de Estados Unidos y Japón a la guerra, el conflicto ya era mundial; se desarrollaba en los cinco oceanos e intervenían todos los continentes, aunque no todos los países participaron de manera militar (fueron los casos de España, Portugal, Suiza, México, entre otros). 

La Primera Guerra Mundial, que fue la consecuencia de un magnicidio, tuvo varias consecuencias importantes; además de los muertos, lisiados, heridos, la destrucción material y la ruina de la economía de varias regiones de Europa. Como consecuencia de la guerra (la cual concluyó con el triunfo de los aliados y la derrota del bloque que lidereaban Austria- Hungría, Alemania y Turquía) se desataron varios cambios muy importantes. Por un lado, cayeron importantes monarquías, y fue el fin del gobierno de destacadas dinastías, como la de los Hohenzoller de Alemania, los Romanov en Rusia y los Habsburgo de Austria; además de la dinastía centenaria de Turquía. La guerra provocó la llamada revolución rusa, la cual concluyó con el ascenso al poder de los socialistas radicales, y el primer experimento socialista de la historia. También, empezó la decadencia de la primacía militar de las potencias europeas; incluso de Gran Bretaña. Japón y Estados Unidos emergieron de la guerra como las nuevas estrellas militares. De hecho, la guerra contribuyó no solo al ascenso militar de Estados Unidos como potencia, sino además, a la expansión de la cultura estadounidense en el mundo del siglo XX. Fue la guerra la que contribuyó, y de manera importante, a que el siglo XX fuera el siglo de los Estados Unidos, como el siglo XIX fue el siglo de Francia. 

Sin embargo, las consecuencias del magnicidio que desató toda una guerra mundial no terminaron en los años inmediatos de 1918. Para comenzar, la economía europea estaba destruida, y Alemania vivía, además de una democracia inestable (la "república de Weimar") el caos social de parte de varios grupos políticos. A esto se sumaba la inestabilidad política, el sentimiento de revancha por la derrota y el descontento que provocaron las duras condiciones impuestas a la nación por el Tratado de Versalles de 1919 (que puso fin oficial a la guerra, y que determinó la formación de la Sociedad de Naciones, el primer organismo mundial que tenía como misión lograr la paz mundial y resolver controversias internacionales de forma pacífica). Por otro lado, Italia vivía un período de agitación socialista en una democracia disfuncional, y Japón soñaba con alcanzar la gloria militar y colonial. Además, y como consecuencia de las medidas de división territorial surgidas a raíz de los Tratados de Versalles, surgieron tensiones étnicas en Europa. Todo ello, además del interés de las clases económicas aristocráticas de responder a la agitación que provocara el ejemplo de la revolución rusa, llevaron al poder, en Italia, Alemania y España, al fascismo, el nazismo y el falangismo respectivamente; en el primer país, Italia, Benito Mussolinni llegó al poder como consecuencia de la Marcha sobre Roma, de octubre de 1922 y a varias presiones de carácter militarista; en Alemania, Adolf Hitler llegó al poder en 1933 en un ambiente cargado de enfrentamientos políticos, de atentados, de crisis económica y de revancha militar por parte de una población que quería recuperar el prestigio nacional; y en el último caso, España, el falangismo, con Francisco Franco como cabeza, llegó al poder tras una dictadura fracasada, una república inestable y una sangrienta guerra civil de 1936 a 1939. En Asia, Japón, triunfante en la Primera Guerra, comenzó una campaña de colonialismo, invadiendo a varios países como lo hacían Alemania e Italia (estos tres países conformaron una alianza denominada "Eje Roma- Berlín- Tokio", además de la Alianza Anticomintern, la cual estaba dirigida contra la Unión Soviética y el comunismo en general). Todo este ambiente desembocó en la Segunda Guerra Mundial, de 1939 a 1945, que enfrentó al Eje y varios varios países más contra los Aliados, que englobó a Estados Unidos, la URSS, Francia, Gran Bretaña, Canadá, Australia, China, Dinamarca, Holanda, Bélgica, etcétera. 

La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 con la derrota del Eje Roma- Berlín - Tokio. Sin embargo, las consecuencias del homicidio cometido por Gavrilo Princip no terminaron allí. Como consecuencia de la primera guerra, estalló la revolución rusa, el cual llevó al poder al primer régimen socialista. Aunque la Unión Soviética y las potencias capitalistas encabezadas por Estados Unidos fueron aliados militares contra el nazismo, el fascismo y el militarismo japonés, al terminar la guerra surgió la rivalidad ideológica, económica, política y cultural entre las dos potencias militares que quedaban como los líderes del mundo entero: La Unión Soviética (representando al socialismo totalitario) y Estados Unidos (representando al mundo capitalista, el cual englobaba a regímenes democráticos como a regímenes dictatoriales de tipo autoritario). Muy pronto, esta rivalidad se fue agudizando, al grado de conformar dos bloques opuestos y dos alianzas militares de signo opuesto: el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que representaba al bloque occidental o capitalista, y el Pacto de Varsovia, conformado en 1955 y que representaba al bloque dirigido por la Unión Soviética (hacia mediados de la década de los cincuenta, China ya rivalizaba con la Unión Soviética en la expansión del socialismo totalitario, conformando un tercer bloque, además de que Yugoslavia, con Tito a la cabeza, se erigía como un país aparte, enemigo tanto del capitalismo como de la Unión Soviética). Este enfrentamiento político y cultural, denominado como la "Guerra Fria", provocó varias intervenciones militares por parte de las potencias en países del Tercer Mundo, guerras calientes en varias zonas del planeta, rivalidades deportivas en las Olimpiadas de carácter ideológico, guerrillas y toda una carrera armamentística que no tuvo precedentes. El mundo de 1945 a 1989 vivió en medio de la bipolaridad del planeta, de varias amenazas de una guerra nuclear, del ascenso de dictaduras brutales apoyadas ya sea por China, ya por la Unión Soviética o en su caso, Estados Unidos y las potencias capitalistas, además de varias guerras que llevaban el signo de la rivalidad ideológica que entonces se vivía (tales como la guerra de Corea, la guerra en Vietnam, Afganistán, la crisis de los misiles en Cuba, entre otros conflictos ocurridos en América Latina, África, Asia y Europa). Fue este el cuadro surgido del fin de la Segunda Guerra Mundial. 

La guerra fría terminó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, además de otros sucesos, tales como la desintegración de la Unión Soviética en 1991, la caída de los regímenes de la Europa secuestrada o socialista, el avance de la economía capitalista en China y Vietnam, además de la caída de regímenes militares de derecha en América Latina y el fin de varias guerrillas socialistas. Con esto, sin embargo, no puede afirmarse que terminaran las consecuencias del magnicidio de Francisco Fernando. La cantidad de armas que circulan en el mundo entero como consecuencia de la Guerra Fría, y que adquieren tanto grupos terroristas como mafias del crimen organizado, ha llevado a un mundo en el que fenómenos armados se manifiesten de manera cruenta. Además, continúan en el poder dictaduras socialistas totalitarias en Cuba y Corea del Norte, además de Camboya. Por otro lado, se ha desatado una guerra entre el fundamentalismo islámico y el mundo occidental e Israel. Este conflicto ha existido siempre, desde la Edad Media quizá, pero con las armas que circularon en el mundo a los largo y ancho de la Guerra Fría, y que adquirieron tanto regímenes dictatoriales y fanáticos de Oriente Medio como grupos terroristas de carácter islámico, se ha venido presentando una situación de serios conflictos armados y destacados atentados terroristas, como fueron los del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York o los ocurridos en embajadas de África. Esto sin contar con conflictos armados de otro tipo, como los de Ruanda o el Congo, en el que intervienen grupos guerrilleros armados en tiempos de la Guerra Fría. 

En síntesis, el homicidio de Francisco Fernando no solo concluyó con la vida de un personaje importante de la monarquía de los Austrias. Provocó la guerra más destructiva que había vivido el planeta hasta entonces. La guerra, a su vez, provocó la revolución rusa, la caída de monarquías que llevaban siglos en el poder, crisis económica, descontento y tensiones nacionalistas. Todo esto desembocó en el ascenso al poder del nazismo, el fascismo y el falangismo en Alemania, Italia y España respectivamente, además del deseo de expansión militar del imperio del sol naciente en Asia. Fenómenos históricos que provocarían la guerra más destructiva que se ha vivido hasta entonces: la Segunda Guerra Mundial. De esta guerra, surgió un mundo bipolar que pronto se expresó en rivalidades ideológicas, políticas, culturales, deportivas y sociales, y en consecuentes guerras calientes, acciones imperiales de parte de las potencias, guerrillas y otros derivados que provocaron dolor y destrucción (por cierto, también avanzó la ciencia como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad, en parte como consecuencia de las dos guerras mundiales y en parte también por la carrera tecnológica entre el mundo socialista y capitalista). Cuando la Guerra Fría terminó, quedó un mundo con destacables avances tecnológicos y técnicos, pero en una situación de rencores, odios y armas desperdigadas a lo largo y ancho del planeta. Atrás quedó el mundo de 1914, cuando aun gobernaban los zares en Rusia, los sultanes en Turquía, los kaisers en Alemania y los emperadores en Austria- Hungría; cuando el imperio japonés avanzaba en medio de una autocracia ligeramente amortiguada; cuando Francia era la estrella cultural del mundo, Gran Bretaña la potencia de los siete mares y Alemania la Roma de todos los ejércitos; cuando Estados Unidos era una potencia militar continental antes que mundial; cuando el socialismo aun no dividía al mundo y era solo una idea de varios intelectuales; y en fin, cuando los avances médicos, técnicos, científicos y tecnológicos aun estaban lejos del nivel que tendrían un siglo después; digamos al nivel que reflejaría cualquier película del Titanic. En cambio, lo que actualmente queda es la consecuencia fatal o afortunada de varios terremotos históricos de diversa índole, que desataron un hombre provisto de voluntad nacionalista y un magnicidio ocurrido en las calles de Sarajevo, en un día que empezó como cualquier otro de aquel verano inolvidable. 

lunes, 18 de marzo de 2013

DEL alemán al argentino: Benedicto frente a Francisco




El Emérito alemán se ha retirado

El 11 de febrero de este año (2013), presentó su renuncia al Pontificado Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger, de nacionalidad alemana y nacido en 1927). Su reinado y gobierno en el Vaticano finalizó el 28 de febrero, terminando así una gestión en el Estado más pequeño del mundo, y un liderazgo oficial de la religión y la iglesia católica de casi ocho años de duración (los dichosos ocho años debían cumplirse el próximo 19 de abril). Pero ¿Que legado nos deja el Pontífice alemán?

Paul Ratzinger fue elegido, no debemos olvidarlo, a una edad realmente avanzada, pues cuando concluyó aquel cónclave el ahora Papa Emérito acababa de cumplir 78 años de edad. Una edad demasiado avanzada en relación a la que tenía su antecesor polaco cuando aquel había ascendido al Papado (Juan Pablo tenía en aquel lejano 1978 58 años de edad). Quizá por este mismo motivo, Benedicto XVI debió sentirse realmente cansado ahora que ya rebasaba los ochenta años de edad, pues según las noticias recibidas, el ex Pontífice había considerado renunciar a su gobierno desde el año pasado (desde que había visitado México y Cuba). Ahora que ha renunciado, ha terminado un corto reinado, pero este paso ha abierto, de nuevo, una situación que la historia no registraba practicamente desde el siglo XV; es decir, el de que un Pontificado terminara con la renuncia de su titular. Desde aquel lejano año de 1415, en el que debió renunciar a su corona Gregorio XII, ningún papa había terminado su gobierno en la iglesia católica sin que antes finalizara su propia vida. Los papas habían estado, desde entonces, en su posición hasta el día de su muerte. 

El Pontificado de Benedicto XVI fue realmente histórico y hasta cierto punto agitado. Benedicto XVI fue elegido en un cónclave que, aunque solo duró un día, se inició varios días después de la muerte de su antecesor. El duelo por Juan Pablo II duró desde el inicio de abril de 2005 hasta el 18 del mismo mes. Fue aquel un mes de incertidumbre larga entre un mundo que no había visto a otro papa diferente de Juan Pablo II desde hacía más de dos décadas. Después de toda esta espera, fue elegido el desconocido alemán Paul Ratzinger, el cual escogió el nombre de "Benedicto" en honor de Benedicto XV, el hombre que estuvo en el Pontificado durante los negros años de la primera guerra mundial. La elección de Benedicto XVI fue considerada como la llegada de un Papa que recrudecería su oposición al aborto, a las uniones homosexuales y a otros fenómenos de la vida considerados contrarios a los principios morales de la religión cristiana.

El Papa Benedicto comenzó su reinado en el Vaticano y la iglesia católica en medio de la sombra de su antecesor. Como se sabe, el Papa Karol Wojtila (Juan Pablo II) había sido uno de los pontífices de más larga duración en el cargo, además de haber conquistado al público (católico o no católico) con un carisma personal muy particular. Había sido, además, una pieza clave en los últimos años de la guerra fría, además de haber sido una autoridad moral en muchos de los conflictos mundiales de la primera década de la posguerra fría. Sencillamente, el haber sido elegido Papa después de varios siglos de pontífices italianos era motivo de comentarios y atención mundial. Y el haberse extendido su reinado a lo largo de veintiseis largos años hacía que varios jóvenes no concibieran a ver otro papa en el trono del Vaticano. En medio de esta sombra asumió su puesto el desconocido y gris alemán Paul Ratzinger.

El pontificado de paul (Benedicto) debió enfrentar varios retos para los principios históricos del cristianismo: uno de ellos ya era común desde los años ochenta, y se había extendido más en los años noventa. Me refiero a la aprobación legal de los matrimonios entre gays y lesbianas en varias zonas del mundo occidental (sobre todo en España, Francia y algunos lugares de Estados Unidos). Y es comprensible que tanto a Juan Pablo como a Benedicto les tocara lidiar con este fenómeno social e histórico que desafía el conservadurismo de la iglesia cristiana en Occidente. Como se sabe, la legalización de los matrimonios entre presonas del mismo sexo es consecuencia tardía de la liberalización sexual de los años sesenta. En aquella década, los jóvenes cuestionaron, e incluso desafiaron los moldes rígidos de la sociedad, que en el caso de Occidente habían sido legado de una tradición de cristianismo. Con la llegada de los años ochenta, en el que varios miembros de la generación del 68 llegaron a puestos de elección popular en sus regiones o países, y con la proliferación de gobiernos de tendencia socialdemócrata y liberal en los noventa, fue bastante común el debate en torno a la legalización oficial de las uniones homosexuales en forma de matrimonio. Fue a Juan Pablo II el que le tocó navegar sobre este reto a la iglesia cristiana más ortodoxa, y a paul Ratzinger le tocó seguir la expansión de este nuevo fenómeno posmoderno. Por otro lado, la oposición del Vaticano a estas uniones no varió, en estos casi ocho años, de la línea y la intensidad de los años anteriores.

A Benedicto le fue heredado un problema que desde los años noventa ha escandalizado a la iglesia católica: los actos de pederastia cometidos por muchos sacerdotes católicos en varias regiones del mundo (sobre todo en Estados Unidos). Fue durante el Pontificado de Benedicto XVI en el que se conocieron más detalles en torno al negro historial de Marcial Maciel, el clérigo mexicano fundador de la Legión de Cristo, organización católica de tendencia conservadora (y según algunas versiones, de tendencia ultraderechista). Estos problemas empañaron la imagen del clero católico y fueron una constante de quejas en el Pontificado del papa alemán. Además, y por si esto fuera poco, Paul Ratzinger debió enfrentar acusaciones de haber sido miembro de la organización juvenil nazi. Se sabe que Paul vivió en Alemania durante el nazismo, aunque esto no comprobaría nada; por otro lado, el mismo Benedicto calificó a la doctrina nazi como "diabólica". 

Pese haber iniciado su papado a la sombra de su antecesor, es reconocible que logró imponer su imagen y personalidad propia con el paso del tiempo. Realmente Benedicto XVI será recordado en un lugar aparte de su antecesor, y algunos años después de haber iniciado su pontificado ya no era asociado en relación al carismático polaco Karol. Esto no solo se debió a su particular personalidad y cultura; también escribió algunas encíclicas acerca de aspectos que están presentes en el debate actual: en la de 2007 (llamada "Spe Salvi"), Benedicto trata el tema de la esperanza y la salvación en una vida eterna por medio del cristianismo, y aborda los problemas surgidos en torno de un mundo que se desarrolla en una era de corrupción y pérdida de la fe. En la encíclica de 2009, llamada "Caritas in veritate", Benedicto profundiza en torno de la actividad integral y social de la comunidad cristiana. Aborda los problemas originados de la crisis financiera y de la ineficiencia de la burocracia, además de varios temas como las desigualdades sociales, la pobreza, la marginación, etcétera.

En fin, este fue el reinado de Benedicto. Su renuncia ha suscitado sorpresa y comentarios de variados tipos. No faltan las mentes conspirativas que ya han empezado a hacer suposiciones en torno de una renuncia obligada. Pareciera ser que el retiro de un papa de su trono no podía dejarse pasar en medio de especulaciones y conjeturas. No obstante, el Pontificado de Benedicto XVI ha terminado ya, y solo queda esperar el día en que termine (Benedicto) sus días en este mundo: después de todo, ya tiene 85 años. Aunque el carisma de Juan pablo II fue su primera herencia, Benedicto logró identificarse, a su manera, con el público católico.

Larga vida al nuevo Papa; el argentino 

Tras rápido cónclave de poco más de un día, iniciado el 12 de marzo, fue elegido el que desde el día 13 es ahora el nuevo Pontífice: Jorge Mario Bergoglio, de nacionalidad argentina y procedente de la Orden de San Ignacio de Loyola (Compañía de Jesús). Este suceso es histórico por varios motivos: en primer término, es el primer papa jesuita, y esto es decir mucho. Sobre todo tomando en cuenta que la Orden de los Jesuitas estuvo en conflicto con el Vaticano y algunos reinos cristianos desde que fue fundada en el siglo XVI; por este motivo, el Rey de España Carlos III la expulsó de sus dominios, que en aquel entonces incluían, además de España, varios reinos europeos como Sicilia y las colonias americanas, las cuales aun no se independizaban. Por este motivo, la elección de Jorge Mario Bergoglio es histórica en la historia del cristianismo, no solo en cuanto al catolicismo se refiere. El nuevo Papa ha elegido como nombre oficial el de Francisco (es el primer Papa que elige ese nombre) en honor del fundador de la Orden de San Francisco: Francisco de Asís, quien vivió en el siglo XIII. Quizá sea esta una manera del nuevo gobernante del Vaticano de mandar un mensaje de reconciliación al interior de la iglesia católica, la cual enfrenta uno de los momentos históricos más difíciles de la historia, debida sobre todo a los escándalos de corrupción, relación de varios sacerdotes con capos del narcotráfico y actos de pederastia.

No obstante, lo que más ha llamado la atención del nuevo Pontífice, y esto también es histórico, es su procedencia. Es el primer papa americano, no solo argentino. En la historia del papado no había habido ocasión de nombrar a un pontífice del continente descubierto por Cristóbal Colón en 1492. Incluso ya hay quienes equivocadamente lo denominan como el primer papa no europeo. Esto es erróneo: por lo menos la historia registra a tres papas de origen africano: Victor I, Melquíades y Gelasio I, los tres pertenecientes a la Antigüedad y a los primeros siglos del cristianismo. Pero de lo que no hay duda es de que es el primer papa procedente del continente americano y, en este aspecto, Argentina quedará como la nación que aportó al primer papa de esta parte del mundo.

Francisco I ya ha llamado la atención por varios motivos. Como se sabe en estos días, es un clérigo que viaja en metro o cualquier otro transporte popular. Además, su forma sencilla de actual y proceder le ha granjeado amplias simpatías. Y es natural que su pasado sea ahora motivo de análisis. Se sabe que hasta el momento de ser elegido para el trono del Vaticano actuaba como Arzobispo de Buenos Aires. Se caracterizó por sus enfrentamientos contra los gobiernos de los esposos Kirchner: Néstor (2003- 2007) y Cristina (2007 hasta la actualidad). Tanto es así que los sectores oficialistas lo acusaron de ser el líder de la oposición argentina. También se ha caracterizado por sus afirmaciones en torno de la pobreza y la desigualdad social, sus propósitos de diálogo intereligioso y sus críticas al aborto, la eutanasia y la anticoncepción.

El nuevo Papa apenas ha comenzado su labor. Su desempeño seguramente recibirá más comentarios, como lo es con todos los gobernantes del mundo. Por el momento, su persona ha trascendido al plano internacional. Será en este ámbito en donde el argentino dejará su marca personal y su paso a la historia.

domingo, 10 de marzo de 2013

VENEZUELA a la sombra del caudillo



El pasado 5 de marzo ocurrió lo que ya se venía venir desde hacía algunos meses, tanto en Venezuela como en el plano internacional: la muerte del dictador (Presidente de la República Bolivariana de Venezuela) Hugo Rafael Chávez Frías. El suceso, ocurrido en el Hospital Militar de Caracas a las 16:25 hora local (según el anuncio del Vicepresidente y ahora Presidente de la nación Nicolás Maduro) se ha convertido sin lugar a dudas en el suceso más importante de Venezuela en este año, y no sería extraño que de alguna forma fuera el suceso central de Venezuela en la presente década, dada la importancia del personaje fallecido, de su carisma y del legado que deja entre grandes sectores de la población venezolana. Esto sin contar que el chavismo ha ejercido, y de hecho ejerce enorme influencia en los países vecinos y en sectores radicales de izquierda en Latinoamérica. Con la muerte de Hugo Chávez, el déspota de Miraflores, termina una era, pero la que comienza es incierta. Incierta porque aunque el deseo de los opositores (también un gran sector de la población venezolana, tan numeroso como el de los seguidores) y el de los liberales en el mundo entero es el de que Venezuela transite gradualmente hacia la democracia en un plazo cercano, es posible que el régimen continúe durante algunos largos años. A esto podría contribuir, desde luego, la muerte del caudillo y el sentimentalismo que su deceso puede desatar; y que desde luego la propaganda oficialista utilizará en las elecciones presidenciales que se celebrarán, en razón de las disposiciones constitucionales que prevé la carta magna de esa nación sudamericana en caso de fallecimiento del titular del Ejecutivo. 

Las anteriores afirmaciones son probables, pero desde luego no necesariamente seguras. Aunque es posible que el régimen político chavista continúe algunos años más- tanto por el sentimentalismo hacia el muerto como por las simpatías hacia Chávez de parte de un gran sector de la ciudadanía que lo veía como a un redentor- también es posible que la muerte de Chávez sea el principio del fin de una clase política en el poder, y del régimen de autoritarismo competitivo personalista y caudillista y el retorno de la democracia, perdida en los albores de la década pasada. Después de todo, no debe olvidarse que el prestigio de Chávez fue decayendo a niveles considerables entre grandes sectores de la población, tanto por el creciente autoritarismo durante la pasada década como por el desastre económico dejado por el chavismo; justamente el desastre económico y el deterioro del nivel de vida fueron los agentes más importantes de la debilidad de la democracia en una sociedad que había pasado, desde los años setenta hasta los noventa, por gobiernos democráticos torpes y corruptos, y que fueron creando el caldo de cultivo para el ascenso a la Presidencia de un golpista con retórica de redentor y justicialismo asistencial. Al desprestigio del chavismo entre los numerosos inconformes podría agregarse otro factor de importancia capital en una dictadura: la falta de un caudillo suplente con prestigio entre las filas oficialistas. Por el momento, Nicolás Maduro ha asumido la Presidencia de la República, y su autoridad ha sido reconocida por el chavismo tradicional, pero la duda de si este nuevo   gobernante podrá alcanzar el prestigio necesario para afianzar su poder es razonable. 

Este factor, que podría acarrear luchas palaciegas en el entorno cercano que dejo el líder carismático, unido al descontento que bien podría utilizar el oposicionismo reunido en torno a Henrique Capriles, podrían hacer el milagro de que Venezuela se vaya democratizando de manera gradual e institucional, muy al estilo de España a la muerte del dictador Franco ("Caudillo por la gracia de Dios", según decían sus corifeos). Y esto de luchas palaciegas no es una cosa imposible: si algo distingue a las dictaduras caudillistas, es la incertidumbre en torno a la sucesión y el apego a la persona del caudillo. Es cierto que Venezuela padece un régimen de autoritarismo competitivo, que es muy diferente a un autoritarismo de tipo tradicional como el que padecía España a inicios de los años setenta. El autoritarismo competitivo, que fue lo que vivió Perú en los años noventa, y que actualmente padecen Bielorrusia y Bolivia, se caracteriza por la presencia de elecciones en donde participa la oposición, y en donde esta oposición tiene el suficiente poder como para ocupar un número considerable de gobiernos locales y de escaños en el congreso, además de ocupar, en ciertas naciones con este sistema, gobiernos estatales o departamentales. Esto en un ambiente en donde las libertades cívicas como la de expresión y manifestación aun se respetan mayormente, aunque las violaciones a estas mismas libertades por parte del gobierno y la represión gubernamental se presenten con más frecuencia que en una democracia. En el autoritarismo competitivo, el control por parte del gobierno a las instituciones electorales y al poder judicial hacen que la llegada de la oposición al gobierno nacional por medio de un simple proceso electoral ya no sea posible. El fraude electoral, además, se presenta en algunos casos en gobiernos estatales o locales, aunque debido a la presencia de una oposición organizada y de una sociedad mas o menos participativa el gobierno no pueda reducir la presencia de la oposición a niveles que no constituyan un reto y un problema para el gobierno, como sucede en regímenes de autoritarismo electoral pleno. O en su caso, a eliminar las elecciones e imponer un autoritarismo clásico, o un totalitarismo, y por lo tanto, controlar hasta la más alejada e insignificante aldea, como sucede en la actual Cuba, aliada de Venezuela en esto de recrear un "socialismo del siglo XXI". 

Venezuela actualmente padece un autoritarismo competitivo, y este es el legado más notorio del chavismo, al menos para los analistas y estudiosos de la política. Y este autoritarismo no necesariamente es institucional, como ocurre en la Rusia poscomunista, que también padece de lo mismo que Venexuela pero sin un caudillo; más bien con una Presidencia controlada por otras instituciones, pero en donde el dominio de la política corre a cargo de sectores del oficialismo, integrado por ex integrantes de la burocracia comunista, y que desertaron de ese grupo a última hora. En Venezuela, el autoritarismo actual es claramente caudillista, y dentro del grupo en el poder, Chávez era (¿lo es ahora Maduro?) el de la última palabra, el que llevaba la voz del oficialismo. El jefe del sistema, pues, por encima de la institución presidencial. Primero era Chávez, luego la Presidencia. Sin Chávez, la Presidencia no tendrá el mismo tinte político, aun si el régimen continúa con otro caudillo. El otro caudillo, en caso de que ascienda, impondrá su estilo propio, con la misma clase política que seguía a Chávez. 

Es, pues, este problema el que la clase política oficial en Venezuela no puede ignorar. La legitimidad de su régimen es de tipo carismático y caudillista, y un caudillo que asciende a dictador no está presente cuando ha expirado para controlar lo que sigue. De hecho, si hacemos memoria, son muy pocos los dictadores que, habiendo fallecido en la gloria del poder, han muerto dejando un testamento político: por lo menos una señal de que alguien en específico asuma su lugar. En cambio, predominan los dictadores que murieron dejando en la incertidumbre a sus seguidores más cercano. Chávez ha ordenado, antes de ver la última luz de sus largos y no tan desaprovechados 58 años y medio de vida, que Maduro asumiera su lugar, en abierta violación a la constitución que el mismo hizo promulgar en 1999 (¿y que mejor prueba de que en Venezuela existe un régimen personalista y caudillista más que legal que eso mismo?). Otro dictador que si tuvo a bien dejar testamento político fue el ya mencionado Franco, que dejó todo arreglado para que el actual Rey Juan Carlos I asumiera el gobierno en forma de monarquía autoritaria, aunque luego este resultó que impulsó el pacto que condujo a la democratización política y a lo que ahora es España. Hitler parece ser que quiso a Joseph Goebbels, su Ministro de Propaganda, para encabezar las horas finales del Tercer Reich. Y ahora se sabe que Lenin no quería que Stalin, quien terminó sustituyéndolo, fuera su sucesor en el poder; incluso en su testamento advirtió a la burocracia comunista que se cuidaran del revolucionario de Georgia, aunque, cosas del destino, la burocracia comunista en realidad se benefició de la corrupción imperante en la dictadura de Stalin, y no tuvo el menor empacho en volverse cómplice de las purgas contra los más fieles seguidores de Lenin. Pero fuera de estos casos, casi ningún dictador que ha muerto en el poder dejó testamento. Stalin mismo murió en marzo de 1953 sin haber dejado ni la menor indicación de quien era el afortunado. Julio César fue asesinado antes de que tuviera en mente siquiera semejante deseo. Y lo mismo le pasó al sanguinario dominicano Rafael Leónidas Trujillo: fue asesinado sin haber hecho testamento, aunque lo más probable, tratándose del Chivo, era que quisiera su herencia para alguno de sus detestables hijos. Tampoco dejaron testamento el guatemalteco Carlos Castillo Armas, el portugués Antonio de Oliveira Salazar, el chino Mao Tse Tung, el norvietnamita Ho Chi Minh, el romano Sila y un largo etcétera. Y en la misma Venezuela ocurrió un caso parecido: Juan Vicente Gómez jamás indicó quien quería que fuera el discípulo que tomara su lugar. 

En este caso en particular, el de Chávez, ha habido una indicación y una orden conocida: el delfín se llama Nicolás Maduro, quien pasó de ser chofer de transportes populares a Presidente de Venezuela. Pero en un régimen tan caudillista como el de Venezuela, pueden ocurrir sorpresas. De hecho, en una columna del 14 de diciembre del año pasado ("Cuando los caudillos desaparecen"), Carlos Alberto Montaner analiza de manera breve las fuentes de legitimidad en la autoridad, basándose en la teoría de Max Weber, quien mencionara los tres tipos de autoridad: la tradicional, la legal y la carismática. Menciona en unas líneas lo siguiente: "El gran problema de caudillo carismático es que no puede transmitir su poder. Pueden designar herederos, pero la relación entre estos y los gobernados es muy diferente. El previo endiosamiento del caudillo pesa como una losa sobre la imagen del delfín". Líneas aparte, Montaner menciona ejemplos: entre estos, el de que Raul Castro (hermano de Fidel Castro y heredero de este) sufre la constante comparación con su endiosado y siniestro hermano, tanto que a el le llaman el "Mínimo Líder". Este artículo Montaner lo publicó a propósito de la en ese entonces probable muerte de Chávez, suceso que finalmente ocurrió. También menciona el cubano que en el entorno del círculo poderoso del chavismo existen rivales de consideración que podrían opacar la figura del ungido. 

Sea como sea, Venezuela ha entrado en otra etapa, que desde luego no será del todo igual a la que predominó entre el 2 de febrero de 1999 y el 5 de marzo pasado. Aunque esta nueva etapa es incierta: ¿predominará otros años más el régimen actual, aunque con otro caudillo, Maduro o cualquier otro? ¿O al estilo español, Venezuela pasará a ser una democracia, como lo que fue antes de la pasada década?. ¿Entra Venezuela a una nueva era (democrática) o solo a una nueva etapa del régimen por Chávez instaurado? Eso si, la imagen de Chávez es popular y, ya sea que se le deteste o se le admire, Chávez es ya una figura central en los albores del siglo XXI venezolano. La figura de Chávez queda como un legado, malo, bueno o regular. Ya sea que esta nación petrolera se democratice y vuelva al cauce de la legalidad como fuente de autoridad, o continúe en el caudillismo de nuevo cuño instaurado por Alberto Fujimori en el Perú, la sombra del caudillo persiste de alguna u otra forma. 

martes, 28 de agosto de 2012

OLIMPIADAS 2012: comentarios y reflexiones




Las Olimpiadas de Londres fueron el acontecimiento más importante de este año; fueron, además, una de las Olimpiadas más emotivas de los últimos tiempos. Tanto la inauguración como la clausura (ocurridas el 27 de julio y el 12 de agosto respectivamente) destacaron por la elegancia, la festividad y el carácter inglés; mientras que hace cuatro años China realizó sus espectáculos de una forma que hiciera destacar lo grandioso (la tecnología), en cambio los ingleses hicieron destacar más otros aspectos: el ingenio basado en una exposición de la historia inglesa, piruetas y toques de humor, como el que hiciera, en la inauguración, el actor que encarna a Br. Bean (Rowan Atkinson). Este último fue uno de los elementos sin lugar a dudas más originales y divertidos de la inauguración. En fin, las Olimpiadas de este año (como todas las demás) serán recordadas por el carácter y las particularidades que la hacen única. 

Las Olimpiadas destacan y llaman la atención por las competencias deportivas; de eso no cabe duda. Todos los eventos y competencias de carácter deportivo tienen como principales aficionados a los admiradores del deporte, pero eso no impide, también, que estos eventos sean memorables por acontecimientos o elementos que van más allá del deporte. Y las olimpiadas no son la excepción. Por ejemplo, las Olimpiadas de 1920, celebradas en Amberes, Bélgica, destacaron por el carácter demasiado sombrío; esto es lógico, pues se celebraron a menos de dos años de haber finalizado la primera guerra mundial, y por entonces Amberes, como casi toda Europa, estaba en ruinas, y vivía las convulsiones propias de una posguerra bastante dura (de hecho, es importante mencionar que la elección esta ciudad fue un homenaje a los soldados belgas caídos en combate y a los heridos de esta guerra). Fue en esta Olimpiada, además, en donde por vez primera se izó la bandera olímpica con los cinco anillos. Mientras que estas Olimpiadas fueron sombrías y emotivas, las de París 1924 fueron alegres y propias del carácter de los años veinte. En cambio, en 1932, Los Ángeles fueron el escenario de unas olimpiadas bastante difíciles debido a la Gran Depresión. Las de 1936, en Berlín, Alemania, se vivió un ambiente de competencia racial y de ciertas tensiones en medio de la alegría general, debido al carácter racista y militarista de la Alemania de ese tiempo, gobernada por el dictador Adolf Hitler. De estas Olimpiadas, se recuerda el papel de Jesse Owens, deportista negro de Estados Unidos, ganador de varias medallas en 100 y 200 metros. En 1948 las olimpiadas fueron, como en este año, en Londres, y también destacaron por el carácter sobrio y sencillo propio de los ingleses, solo que en medio de serias dificultades debido a los bombardeos que la capital de la Rubia Albión había padecido en la segunda guerra mundial, la cual acababa de finalizar. Las Olimpiadas de los años cincuenta, ocurridas en Helsinki, Finlandia en 1952 y Melbourne, Australia, en 1956, vivieron las tensiones y disputas entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en un ambiente de guerra fría. En 1968, las Olimpiadas fueron en la Ciudad de México, y se recuerdan por varios aspectos: por primera vez se utilizaron pistas de tartán en carreras, además de ser recordadas por algunos inconvenientes: existieron rumores de que republicanos españoles avecindados en México hicieran desmanes frente a la delegación española, en protesta contra Franco; por otro lado, se temía de que cubanos anticastristas atentaran contra la delegación cubana. Existieron controversias políticas, pues algunos países amenazaron con no asistir si competía la Unión Soviética, esto en protesta por la invasión a Checoslovaquia; además, deportistas negros de Estados Unidos aprovecharon el momento y el lugar para protestar por la discriminación de que eran objeto en su país. Esto sin contar con que las Olimpiadas se celebraron en medio de tensiones políticas debido a la matanza de estudiantes mexicanos en Tlatelolco, diez días antes de la inauguración. 

En 1972, las Olimpiadas fueron en Munich, Alemania Occidental. De estas Olimpiadas, se recuerda una tragedia: el secuestro y el posterior asesinato de nueve deportistas israelíes a manos de un comando terrorista de tendencia fundamentalista islámica. En 1980, Estados Unidos amenazó con sabotear las Olimpiadas de Moscú, celebradas ese año, en protesta contra la invasión soviética a Afganistán, que acababa de ocurrir. Lo cual ocasionó que cuatro años más tarde, la URSS y otros países del bloque socialista hicieran lo propio al no asistir a las Olimpiadas de Los Ángeles 1984. Las Olimpiadas de 1992, en Barcelona, España, se recuerdan como un símbolo: fueron realizadas en el país que descubriera América, y justamente cuando en el año en que se cumplieron quinientos años de suceso. En 1996, en las Olimpiadas de Atlanta, Estados Unidos, existió un ambiente de alegría que por un momento se vio amenazado, al estallar una bomba en el interior del Estadio Olímpico, causando dos muertos y centenares de heridos. Entre tanto, las olimpiadas de Sidney, Australia, en 2000; Atenas en 2004 y Pekín 2008 fueron tranquilas, y no parece ser que haya habido problemas políticos. En esta que acaba de pasar, el ambiente fue igual.

El ambiente de las Olimpiadas 2012 fue, como ya se mencionó, un ambiente de festividad y alegría, propia de un evento de esas magnitudes, de esa categoría y de trascendencia mundial. No obstante, también fue un evento de un carácter marcadamente inglés: una inauguración y posteriormente una clausura basada en la elegancia más que en la grandiosidad modernista y tecnológica. Y sin embargo, pese a ser un evento austero respecto de lo visualmente grandioso, la Olimpiada de Londres 2012 si tuvo más espectacularidad y gasto financiero respecto a la otra Olimpiada ocurrida en la misma ciudad hace ya 64 años, cuando la actual Reina aun no lo era, y aun reinaba Jorge VI.

En estas Olimpiadas, como en todos los eventos, llamaron la atención los torneos y competencias deportivas. Estados Unidos y China fueron dos de los países con más medallas de oro. Realmente este es un tema que causa controversias y comentarios entre los expertos deportivos. No se debe olvidar que los torneos y las competencias deportivas son lo principal en los eventos deportivos, más allá de lo que rodea a estas celebraciones.