Es la palabra escrita uno de los logros más importantes de la humanidad. Es el logro mediante el cual se registran los hechos históricos; es la herramienta mediante la que se expresan ideas, sentimientos, palabras y otros elementos del lenguaje de una manera escrita; de una forma en la que las palabras se inmortalizan y se transmiten de generación en generación.
miércoles, 24 de mayo de 2017
martes, 23 de mayo de 2017
NOSTALGIA
Hoy siento nostalgia por este significativo blog. Este blog en donde yo escribía hace pocos años; donde a partir de este año comenzaré a escribir. Primero con escasa frecuencia; luego con más frecuencia. Pero este blog que para mí fue un viaje a las ideas y a la escritura, vuelve a la vida hoy 23 de mayo de 2017
jueves, 31 de julio de 2014
EL magnicidio que tumbó una era; la guerra que determinó a un siglo
El mes de julio es la parte del año en el que se recuerda el estallido de la Primera Guerra Mundial. En este 28 de julio, la fecha adquiere notoriedad especial: se cumple un siglo de aquel suceso. En efecto, como se sabe, el 28 de junio de 1914, en las calles de Sarajevo, capital actual de Bosnia- Herzegovina, casi a mediodía, fue asesinado el Archiduque (heredero a la corona imperial de Austria- Hungría) Francisco Fernando de Habsburgo y su esposa, cuando ambos paseaban en auto por las calles y en medio de varias multitudes. El magnicidio, llevado a cabo por el terrorista Gavrilo Princip, fue el punto crítico de un conflicto entre el imperio Austrohungaro y Serbia, cuyos ciudadanos se consideraban oprimidos por la potencia gobernada por Francisco José I. Además, fue una más de las acciones propias de rivalidad y alianzas militares entre varias potencias europeas; fue una consecuencia de las tensiones que se vivían en Europa como consecuencia de la mentalidad colonialista, la ambición territorial, el fanatismo, el reparto de África, etcétera. Con esta hazaña terrorista, Gavrilo Princip (integrante de la organización "Mano Negra") acabó con toda una etapa surgida de la revolución francesa, y quizá sin imaginarlo, no solo desató toda una conflagración militar de alcance mundial, sino que además cambió el curso de la historia universal; a veces para bien, a veces para mal, pero en todo caso, la guerra que desató marcó a un siglo. Aun en la actualidad, sigue impactando la acción de ese terrorista serbio que murió hacia 1918.
Como consecuencia del magnicidio, las potencias europeas empezaron a movilizar tropas. Las tensiones empezaron a destapar toda una caja de Pandora que varias personalidades intentaron, sin éxito, detener. Nada pudo lograr la cordura. Todo el ambiente se fue caldeando hacia el estallido de la guerra. El 23 de julio de ese mismo año de 1914, como se sabe, el gobierno austrohungaro envió un ultimátum al gobierno serbio, en el que se le exigía castigo a los responsables del magnicidio, además de otras medidas. Concedía esta nota un plazo determinado para responder; en caso de negativa, se iniciarían las hostilidades. Como pasó el tiempo y no hubo respuesta, el 28 de julio Austria- Hungría declaró la guerra a Serbia, acto con el que se inicia formalmente la Primera Guerra Mundial, aunque en ese momento todavía el conflicto no fuera mundial. Esa misma noche, las tropas serbias y austrohúngaras comenzaron las operaciones, y en menos de lo que terminó el mes, ya había combates entre ambos ejércitos. Y en menos de una semana, la guerra ya se había extendido a casi toda Europa; las declaraciones de guerra se sucedieron, y los combates arreciaron. Por ejemplo, Alemania (aliada de Austria- Hungría) declaró la guerra a Rusia, Francia, Gran Bretaña y Serbia; Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania y Austria- Hungría; Rusia movilizó tropas contra Austria- Hungría y Alemania, etcétera. Por otro lado, Alemania invadió a Holanda y Bélgica, las cuales se defendieron heroicamente. En los mediados de año, ya ocurrían batallas sangrientas en los campos de Francia, en el mar y en las inmediaciones de Rusia. Hacia 1915, la guerra se había extendido ya al norte africano y al Medio Oriente; en la región de Palestina y la antigua Mesopotamia ya ocurrían importantes acciones militares. Hacia 1917, con la entrada de Estados Unidos y Japón a la guerra, el conflicto ya era mundial; se desarrollaba en los cinco oceanos e intervenían todos los continentes, aunque no todos los países participaron de manera militar (fueron los casos de España, Portugal, Suiza, México, entre otros).
La Primera Guerra Mundial, que fue la consecuencia de un magnicidio, tuvo varias consecuencias importantes; además de los muertos, lisiados, heridos, la destrucción material y la ruina de la economía de varias regiones de Europa. Como consecuencia de la guerra (la cual concluyó con el triunfo de los aliados y la derrota del bloque que lidereaban Austria- Hungría, Alemania y Turquía) se desataron varios cambios muy importantes. Por un lado, cayeron importantes monarquías, y fue el fin del gobierno de destacadas dinastías, como la de los Hohenzoller de Alemania, los Romanov en Rusia y los Habsburgo de Austria; además de la dinastía centenaria de Turquía. La guerra provocó la llamada revolución rusa, la cual concluyó con el ascenso al poder de los socialistas radicales, y el primer experimento socialista de la historia. También, empezó la decadencia de la primacía militar de las potencias europeas; incluso de Gran Bretaña. Japón y Estados Unidos emergieron de la guerra como las nuevas estrellas militares. De hecho, la guerra contribuyó no solo al ascenso militar de Estados Unidos como potencia, sino además, a la expansión de la cultura estadounidense en el mundo del siglo XX. Fue la guerra la que contribuyó, y de manera importante, a que el siglo XX fuera el siglo de los Estados Unidos, como el siglo XIX fue el siglo de Francia.
Sin embargo, las consecuencias del magnicidio que desató toda una guerra mundial no terminaron en los años inmediatos de 1918. Para comenzar, la economía europea estaba destruida, y Alemania vivía, además de una democracia inestable (la "república de Weimar") el caos social de parte de varios grupos políticos. A esto se sumaba la inestabilidad política, el sentimiento de revancha por la derrota y el descontento que provocaron las duras condiciones impuestas a la nación por el Tratado de Versalles de 1919 (que puso fin oficial a la guerra, y que determinó la formación de la Sociedad de Naciones, el primer organismo mundial que tenía como misión lograr la paz mundial y resolver controversias internacionales de forma pacífica). Por otro lado, Italia vivía un período de agitación socialista en una democracia disfuncional, y Japón soñaba con alcanzar la gloria militar y colonial. Además, y como consecuencia de las medidas de división territorial surgidas a raíz de los Tratados de Versalles, surgieron tensiones étnicas en Europa. Todo ello, además del interés de las clases económicas aristocráticas de responder a la agitación que provocara el ejemplo de la revolución rusa, llevaron al poder, en Italia, Alemania y España, al fascismo, el nazismo y el falangismo respectivamente; en el primer país, Italia, Benito Mussolinni llegó al poder como consecuencia de la Marcha sobre Roma, de octubre de 1922 y a varias presiones de carácter militarista; en Alemania, Adolf Hitler llegó al poder en 1933 en un ambiente cargado de enfrentamientos políticos, de atentados, de crisis económica y de revancha militar por parte de una población que quería recuperar el prestigio nacional; y en el último caso, España, el falangismo, con Francisco Franco como cabeza, llegó al poder tras una dictadura fracasada, una república inestable y una sangrienta guerra civil de 1936 a 1939. En Asia, Japón, triunfante en la Primera Guerra, comenzó una campaña de colonialismo, invadiendo a varios países como lo hacían Alemania e Italia (estos tres países conformaron una alianza denominada "Eje Roma- Berlín- Tokio", además de la Alianza Anticomintern, la cual estaba dirigida contra la Unión Soviética y el comunismo en general). Todo este ambiente desembocó en la Segunda Guerra Mundial, de 1939 a 1945, que enfrentó al Eje y varios varios países más contra los Aliados, que englobó a Estados Unidos, la URSS, Francia, Gran Bretaña, Canadá, Australia, China, Dinamarca, Holanda, Bélgica, etcétera.
La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 con la derrota del Eje Roma- Berlín - Tokio. Sin embargo, las consecuencias del homicidio cometido por Gavrilo Princip no terminaron allí. Como consecuencia de la primera guerra, estalló la revolución rusa, el cual llevó al poder al primer régimen socialista. Aunque la Unión Soviética y las potencias capitalistas encabezadas por Estados Unidos fueron aliados militares contra el nazismo, el fascismo y el militarismo japonés, al terminar la guerra surgió la rivalidad ideológica, económica, política y cultural entre las dos potencias militares que quedaban como los líderes del mundo entero: La Unión Soviética (representando al socialismo totalitario) y Estados Unidos (representando al mundo capitalista, el cual englobaba a regímenes democráticos como a regímenes dictatoriales de tipo autoritario). Muy pronto, esta rivalidad se fue agudizando, al grado de conformar dos bloques opuestos y dos alianzas militares de signo opuesto: el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que representaba al bloque occidental o capitalista, y el Pacto de Varsovia, conformado en 1955 y que representaba al bloque dirigido por la Unión Soviética (hacia mediados de la década de los cincuenta, China ya rivalizaba con la Unión Soviética en la expansión del socialismo totalitario, conformando un tercer bloque, además de que Yugoslavia, con Tito a la cabeza, se erigía como un país aparte, enemigo tanto del capitalismo como de la Unión Soviética). Este enfrentamiento político y cultural, denominado como la "Guerra Fria", provocó varias intervenciones militares por parte de las potencias en países del Tercer Mundo, guerras calientes en varias zonas del planeta, rivalidades deportivas en las Olimpiadas de carácter ideológico, guerrillas y toda una carrera armamentística que no tuvo precedentes. El mundo de 1945 a 1989 vivió en medio de la bipolaridad del planeta, de varias amenazas de una guerra nuclear, del ascenso de dictaduras brutales apoyadas ya sea por China, ya por la Unión Soviética o en su caso, Estados Unidos y las potencias capitalistas, además de varias guerras que llevaban el signo de la rivalidad ideológica que entonces se vivía (tales como la guerra de Corea, la guerra en Vietnam, Afganistán, la crisis de los misiles en Cuba, entre otros conflictos ocurridos en América Latina, África, Asia y Europa). Fue este el cuadro surgido del fin de la Segunda Guerra Mundial.
La guerra fría terminó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, además de otros sucesos, tales como la desintegración de la Unión Soviética en 1991, la caída de los regímenes de la Europa secuestrada o socialista, el avance de la economía capitalista en China y Vietnam, además de la caída de regímenes militares de derecha en América Latina y el fin de varias guerrillas socialistas. Con esto, sin embargo, no puede afirmarse que terminaran las consecuencias del magnicidio de Francisco Fernando. La cantidad de armas que circulan en el mundo entero como consecuencia de la Guerra Fría, y que adquieren tanto grupos terroristas como mafias del crimen organizado, ha llevado a un mundo en el que fenómenos armados se manifiesten de manera cruenta. Además, continúan en el poder dictaduras socialistas totalitarias en Cuba y Corea del Norte, además de Camboya. Por otro lado, se ha desatado una guerra entre el fundamentalismo islámico y el mundo occidental e Israel. Este conflicto ha existido siempre, desde la Edad Media quizá, pero con las armas que circularon en el mundo a los largo y ancho de la Guerra Fría, y que adquirieron tanto regímenes dictatoriales y fanáticos de Oriente Medio como grupos terroristas de carácter islámico, se ha venido presentando una situación de serios conflictos armados y destacados atentados terroristas, como fueron los del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York o los ocurridos en embajadas de África. Esto sin contar con conflictos armados de otro tipo, como los de Ruanda o el Congo, en el que intervienen grupos guerrilleros armados en tiempos de la Guerra Fría.
En síntesis, el homicidio de Francisco Fernando no solo concluyó con la vida de un personaje importante de la monarquía de los Austrias. Provocó la guerra más destructiva que había vivido el planeta hasta entonces. La guerra, a su vez, provocó la revolución rusa, la caída de monarquías que llevaban siglos en el poder, crisis económica, descontento y tensiones nacionalistas. Todo esto desembocó en el ascenso al poder del nazismo, el fascismo y el falangismo en Alemania, Italia y España respectivamente, además del deseo de expansión militar del imperio del sol naciente en Asia. Fenómenos históricos que provocarían la guerra más destructiva que se ha vivido hasta entonces: la Segunda Guerra Mundial. De esta guerra, surgió un mundo bipolar que pronto se expresó en rivalidades ideológicas, políticas, culturales, deportivas y sociales, y en consecuentes guerras calientes, acciones imperiales de parte de las potencias, guerrillas y otros derivados que provocaron dolor y destrucción (por cierto, también avanzó la ciencia como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad, en parte como consecuencia de las dos guerras mundiales y en parte también por la carrera tecnológica entre el mundo socialista y capitalista). Cuando la Guerra Fría terminó, quedó un mundo con destacables avances tecnológicos y técnicos, pero en una situación de rencores, odios y armas desperdigadas a lo largo y ancho del planeta. Atrás quedó el mundo de 1914, cuando aun gobernaban los zares en Rusia, los sultanes en Turquía, los kaisers en Alemania y los emperadores en Austria- Hungría; cuando el imperio japonés avanzaba en medio de una autocracia ligeramente amortiguada; cuando Francia era la estrella cultural del mundo, Gran Bretaña la potencia de los siete mares y Alemania la Roma de todos los ejércitos; cuando Estados Unidos era una potencia militar continental antes que mundial; cuando el socialismo aun no dividía al mundo y era solo una idea de varios intelectuales; y en fin, cuando los avances médicos, técnicos, científicos y tecnológicos aun estaban lejos del nivel que tendrían un siglo después; digamos al nivel que reflejaría cualquier película del Titanic. En cambio, lo que actualmente queda es la consecuencia fatal o afortunada de varios terremotos históricos de diversa índole, que desataron un hombre provisto de voluntad nacionalista y un magnicidio ocurrido en las calles de Sarajevo, en un día que empezó como cualquier otro de aquel verano inolvidable.
lunes, 18 de marzo de 2013
DEL alemán al argentino: Benedicto frente a Francisco
El Emérito alemán se ha retirado
El 11 de febrero de este año (2013), presentó su renuncia al Pontificado Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger, de nacionalidad alemana y nacido en 1927). Su reinado y gobierno en el Vaticano finalizó el 28 de febrero, terminando así una gestión en el Estado más pequeño del mundo, y un liderazgo oficial de la religión y la iglesia católica de casi ocho años de duración (los dichosos ocho años debían cumplirse el próximo 19 de abril). Pero ¿Que legado nos deja el Pontífice alemán?
Paul Ratzinger fue elegido, no debemos olvidarlo, a una edad realmente avanzada, pues cuando concluyó aquel cónclave el ahora Papa Emérito acababa de cumplir 78 años de edad. Una edad demasiado avanzada en relación a la que tenía su antecesor polaco cuando aquel había ascendido al Papado (Juan Pablo tenía en aquel lejano 1978 58 años de edad). Quizá por este mismo motivo, Benedicto XVI debió sentirse realmente cansado ahora que ya rebasaba los ochenta años de edad, pues según las noticias recibidas, el ex Pontífice había considerado renunciar a su gobierno desde el año pasado (desde que había visitado México y Cuba). Ahora que ha renunciado, ha terminado un corto reinado, pero este paso ha abierto, de nuevo, una situación que la historia no registraba practicamente desde el siglo XV; es decir, el de que un Pontificado terminara con la renuncia de su titular. Desde aquel lejano año de 1415, en el que debió renunciar a su corona Gregorio XII, ningún papa había terminado su gobierno en la iglesia católica sin que antes finalizara su propia vida. Los papas habían estado, desde entonces, en su posición hasta el día de su muerte.
El Pontificado de Benedicto XVI fue realmente histórico y hasta cierto punto agitado. Benedicto XVI fue elegido en un cónclave que, aunque solo duró un día, se inició varios días después de la muerte de su antecesor. El duelo por Juan Pablo II duró desde el inicio de abril de 2005 hasta el 18 del mismo mes. Fue aquel un mes de incertidumbre larga entre un mundo que no había visto a otro papa diferente de Juan Pablo II desde hacía más de dos décadas. Después de toda esta espera, fue elegido el desconocido alemán Paul Ratzinger, el cual escogió el nombre de "Benedicto" en honor de Benedicto XV, el hombre que estuvo en el Pontificado durante los negros años de la primera guerra mundial. La elección de Benedicto XVI fue considerada como la llegada de un Papa que recrudecería su oposición al aborto, a las uniones homosexuales y a otros fenómenos de la vida considerados contrarios a los principios morales de la religión cristiana.
El Papa Benedicto comenzó su reinado en el Vaticano y la iglesia católica en medio de la sombra de su antecesor. Como se sabe, el Papa Karol Wojtila (Juan Pablo II) había sido uno de los pontífices de más larga duración en el cargo, además de haber conquistado al público (católico o no católico) con un carisma personal muy particular. Había sido, además, una pieza clave en los últimos años de la guerra fría, además de haber sido una autoridad moral en muchos de los conflictos mundiales de la primera década de la posguerra fría. Sencillamente, el haber sido elegido Papa después de varios siglos de pontífices italianos era motivo de comentarios y atención mundial. Y el haberse extendido su reinado a lo largo de veintiseis largos años hacía que varios jóvenes no concibieran a ver otro papa en el trono del Vaticano. En medio de esta sombra asumió su puesto el desconocido y gris alemán Paul Ratzinger.
El pontificado de paul (Benedicto) debió enfrentar varios retos para los principios históricos del cristianismo: uno de ellos ya era común desde los años ochenta, y se había extendido más en los años noventa. Me refiero a la aprobación legal de los matrimonios entre gays y lesbianas en varias zonas del mundo occidental (sobre todo en España, Francia y algunos lugares de Estados Unidos). Y es comprensible que tanto a Juan Pablo como a Benedicto les tocara lidiar con este fenómeno social e histórico que desafía el conservadurismo de la iglesia cristiana en Occidente. Como se sabe, la legalización de los matrimonios entre presonas del mismo sexo es consecuencia tardía de la liberalización sexual de los años sesenta. En aquella década, los jóvenes cuestionaron, e incluso desafiaron los moldes rígidos de la sociedad, que en el caso de Occidente habían sido legado de una tradición de cristianismo. Con la llegada de los años ochenta, en el que varios miembros de la generación del 68 llegaron a puestos de elección popular en sus regiones o países, y con la proliferación de gobiernos de tendencia socialdemócrata y liberal en los noventa, fue bastante común el debate en torno a la legalización oficial de las uniones homosexuales en forma de matrimonio. Fue a Juan Pablo II el que le tocó navegar sobre este reto a la iglesia cristiana más ortodoxa, y a paul Ratzinger le tocó seguir la expansión de este nuevo fenómeno posmoderno. Por otro lado, la oposición del Vaticano a estas uniones no varió, en estos casi ocho años, de la línea y la intensidad de los años anteriores.
A Benedicto le fue heredado un problema que desde los años noventa ha escandalizado a la iglesia católica: los actos de pederastia cometidos por muchos sacerdotes católicos en varias regiones del mundo (sobre todo en Estados Unidos). Fue durante el Pontificado de Benedicto XVI en el que se conocieron más detalles en torno al negro historial de Marcial Maciel, el clérigo mexicano fundador de la Legión de Cristo, organización católica de tendencia conservadora (y según algunas versiones, de tendencia ultraderechista). Estos problemas empañaron la imagen del clero católico y fueron una constante de quejas en el Pontificado del papa alemán. Además, y por si esto fuera poco, Paul Ratzinger debió enfrentar acusaciones de haber sido miembro de la organización juvenil nazi. Se sabe que Paul vivió en Alemania durante el nazismo, aunque esto no comprobaría nada; por otro lado, el mismo Benedicto calificó a la doctrina nazi como "diabólica".
Pese haber iniciado su papado a la sombra de su antecesor, es reconocible que logró imponer su imagen y personalidad propia con el paso del tiempo. Realmente Benedicto XVI será recordado en un lugar aparte de su antecesor, y algunos años después de haber iniciado su pontificado ya no era asociado en relación al carismático polaco Karol. Esto no solo se debió a su particular personalidad y cultura; también escribió algunas encíclicas acerca de aspectos que están presentes en el debate actual: en la de 2007 (llamada "Spe Salvi"), Benedicto trata el tema de la esperanza y la salvación en una vida eterna por medio del cristianismo, y aborda los problemas surgidos en torno de un mundo que se desarrolla en una era de corrupción y pérdida de la fe. En la encíclica de 2009, llamada "Caritas in veritate", Benedicto profundiza en torno de la actividad integral y social de la comunidad cristiana. Aborda los problemas originados de la crisis financiera y de la ineficiencia de la burocracia, además de varios temas como las desigualdades sociales, la pobreza, la marginación, etcétera.
En fin, este fue el reinado de Benedicto. Su renuncia ha suscitado sorpresa y comentarios de variados tipos. No faltan las mentes conspirativas que ya han empezado a hacer suposiciones en torno de una renuncia obligada. Pareciera ser que el retiro de un papa de su trono no podía dejarse pasar en medio de especulaciones y conjeturas. No obstante, el Pontificado de Benedicto XVI ha terminado ya, y solo queda esperar el día en que termine (Benedicto) sus días en este mundo: después de todo, ya tiene 85 años. Aunque el carisma de Juan pablo II fue su primera herencia, Benedicto logró identificarse, a su manera, con el público católico.
Larga vida al nuevo Papa; el argentino
Tras rápido cónclave de poco más de un día, iniciado el 12 de marzo, fue elegido el que desde el día 13 es ahora el nuevo Pontífice: Jorge Mario Bergoglio, de nacionalidad argentina y procedente de la Orden de San Ignacio de Loyola (Compañía de Jesús). Este suceso es histórico por varios motivos: en primer término, es el primer papa jesuita, y esto es decir mucho. Sobre todo tomando en cuenta que la Orden de los Jesuitas estuvo en conflicto con el Vaticano y algunos reinos cristianos desde que fue fundada en el siglo XVI; por este motivo, el Rey de España Carlos III la expulsó de sus dominios, que en aquel entonces incluían, además de España, varios reinos europeos como Sicilia y las colonias americanas, las cuales aun no se independizaban. Por este motivo, la elección de Jorge Mario Bergoglio es histórica en la historia del cristianismo, no solo en cuanto al catolicismo se refiere. El nuevo Papa ha elegido como nombre oficial el de Francisco (es el primer Papa que elige ese nombre) en honor del fundador de la Orden de San Francisco: Francisco de Asís, quien vivió en el siglo XIII. Quizá sea esta una manera del nuevo gobernante del Vaticano de mandar un mensaje de reconciliación al interior de la iglesia católica, la cual enfrenta uno de los momentos históricos más difíciles de la historia, debida sobre todo a los escándalos de corrupción, relación de varios sacerdotes con capos del narcotráfico y actos de pederastia.
No obstante, lo que más ha llamado la atención del nuevo Pontífice, y esto también es histórico, es su procedencia. Es el primer papa americano, no solo argentino. En la historia del papado no había habido ocasión de nombrar a un pontífice del continente descubierto por Cristóbal Colón en 1492. Incluso ya hay quienes equivocadamente lo denominan como el primer papa no europeo. Esto es erróneo: por lo menos la historia registra a tres papas de origen africano: Victor I, Melquíades y Gelasio I, los tres pertenecientes a la Antigüedad y a los primeros siglos del cristianismo. Pero de lo que no hay duda es de que es el primer papa procedente del continente americano y, en este aspecto, Argentina quedará como la nación que aportó al primer papa de esta parte del mundo.
Francisco I ya ha llamado la atención por varios motivos. Como se sabe en estos días, es un clérigo que viaja en metro o cualquier otro transporte popular. Además, su forma sencilla de actual y proceder le ha granjeado amplias simpatías. Y es natural que su pasado sea ahora motivo de análisis. Se sabe que hasta el momento de ser elegido para el trono del Vaticano actuaba como Arzobispo de Buenos Aires. Se caracterizó por sus enfrentamientos contra los gobiernos de los esposos Kirchner: Néstor (2003- 2007) y Cristina (2007 hasta la actualidad). Tanto es así que los sectores oficialistas lo acusaron de ser el líder de la oposición argentina. También se ha caracterizado por sus afirmaciones en torno de la pobreza y la desigualdad social, sus propósitos de diálogo intereligioso y sus críticas al aborto, la eutanasia y la anticoncepción.
El nuevo Papa apenas ha comenzado su labor. Su desempeño seguramente recibirá más comentarios, como lo es con todos los gobernantes del mundo. Por el momento, su persona ha trascendido al plano internacional. Será en este ámbito en donde el argentino dejará su marca personal y su paso a la historia.
El Papa Benedicto comenzó su reinado en el Vaticano y la iglesia católica en medio de la sombra de su antecesor. Como se sabe, el Papa Karol Wojtila (Juan Pablo II) había sido uno de los pontífices de más larga duración en el cargo, además de haber conquistado al público (católico o no católico) con un carisma personal muy particular. Había sido, además, una pieza clave en los últimos años de la guerra fría, además de haber sido una autoridad moral en muchos de los conflictos mundiales de la primera década de la posguerra fría. Sencillamente, el haber sido elegido Papa después de varios siglos de pontífices italianos era motivo de comentarios y atención mundial. Y el haberse extendido su reinado a lo largo de veintiseis largos años hacía que varios jóvenes no concibieran a ver otro papa en el trono del Vaticano. En medio de esta sombra asumió su puesto el desconocido y gris alemán Paul Ratzinger.
El pontificado de paul (Benedicto) debió enfrentar varios retos para los principios históricos del cristianismo: uno de ellos ya era común desde los años ochenta, y se había extendido más en los años noventa. Me refiero a la aprobación legal de los matrimonios entre gays y lesbianas en varias zonas del mundo occidental (sobre todo en España, Francia y algunos lugares de Estados Unidos). Y es comprensible que tanto a Juan Pablo como a Benedicto les tocara lidiar con este fenómeno social e histórico que desafía el conservadurismo de la iglesia cristiana en Occidente. Como se sabe, la legalización de los matrimonios entre presonas del mismo sexo es consecuencia tardía de la liberalización sexual de los años sesenta. En aquella década, los jóvenes cuestionaron, e incluso desafiaron los moldes rígidos de la sociedad, que en el caso de Occidente habían sido legado de una tradición de cristianismo. Con la llegada de los años ochenta, en el que varios miembros de la generación del 68 llegaron a puestos de elección popular en sus regiones o países, y con la proliferación de gobiernos de tendencia socialdemócrata y liberal en los noventa, fue bastante común el debate en torno a la legalización oficial de las uniones homosexuales en forma de matrimonio. Fue a Juan Pablo II el que le tocó navegar sobre este reto a la iglesia cristiana más ortodoxa, y a paul Ratzinger le tocó seguir la expansión de este nuevo fenómeno posmoderno. Por otro lado, la oposición del Vaticano a estas uniones no varió, en estos casi ocho años, de la línea y la intensidad de los años anteriores.
A Benedicto le fue heredado un problema que desde los años noventa ha escandalizado a la iglesia católica: los actos de pederastia cometidos por muchos sacerdotes católicos en varias regiones del mundo (sobre todo en Estados Unidos). Fue durante el Pontificado de Benedicto XVI en el que se conocieron más detalles en torno al negro historial de Marcial Maciel, el clérigo mexicano fundador de la Legión de Cristo, organización católica de tendencia conservadora (y según algunas versiones, de tendencia ultraderechista). Estos problemas empañaron la imagen del clero católico y fueron una constante de quejas en el Pontificado del papa alemán. Además, y por si esto fuera poco, Paul Ratzinger debió enfrentar acusaciones de haber sido miembro de la organización juvenil nazi. Se sabe que Paul vivió en Alemania durante el nazismo, aunque esto no comprobaría nada; por otro lado, el mismo Benedicto calificó a la doctrina nazi como "diabólica".
Pese haber iniciado su papado a la sombra de su antecesor, es reconocible que logró imponer su imagen y personalidad propia con el paso del tiempo. Realmente Benedicto XVI será recordado en un lugar aparte de su antecesor, y algunos años después de haber iniciado su pontificado ya no era asociado en relación al carismático polaco Karol. Esto no solo se debió a su particular personalidad y cultura; también escribió algunas encíclicas acerca de aspectos que están presentes en el debate actual: en la de 2007 (llamada "Spe Salvi"), Benedicto trata el tema de la esperanza y la salvación en una vida eterna por medio del cristianismo, y aborda los problemas surgidos en torno de un mundo que se desarrolla en una era de corrupción y pérdida de la fe. En la encíclica de 2009, llamada "Caritas in veritate", Benedicto profundiza en torno de la actividad integral y social de la comunidad cristiana. Aborda los problemas originados de la crisis financiera y de la ineficiencia de la burocracia, además de varios temas como las desigualdades sociales, la pobreza, la marginación, etcétera.
En fin, este fue el reinado de Benedicto. Su renuncia ha suscitado sorpresa y comentarios de variados tipos. No faltan las mentes conspirativas que ya han empezado a hacer suposiciones en torno de una renuncia obligada. Pareciera ser que el retiro de un papa de su trono no podía dejarse pasar en medio de especulaciones y conjeturas. No obstante, el Pontificado de Benedicto XVI ha terminado ya, y solo queda esperar el día en que termine (Benedicto) sus días en este mundo: después de todo, ya tiene 85 años. Aunque el carisma de Juan pablo II fue su primera herencia, Benedicto logró identificarse, a su manera, con el público católico.
Larga vida al nuevo Papa; el argentino
Tras rápido cónclave de poco más de un día, iniciado el 12 de marzo, fue elegido el que desde el día 13 es ahora el nuevo Pontífice: Jorge Mario Bergoglio, de nacionalidad argentina y procedente de la Orden de San Ignacio de Loyola (Compañía de Jesús). Este suceso es histórico por varios motivos: en primer término, es el primer papa jesuita, y esto es decir mucho. Sobre todo tomando en cuenta que la Orden de los Jesuitas estuvo en conflicto con el Vaticano y algunos reinos cristianos desde que fue fundada en el siglo XVI; por este motivo, el Rey de España Carlos III la expulsó de sus dominios, que en aquel entonces incluían, además de España, varios reinos europeos como Sicilia y las colonias americanas, las cuales aun no se independizaban. Por este motivo, la elección de Jorge Mario Bergoglio es histórica en la historia del cristianismo, no solo en cuanto al catolicismo se refiere. El nuevo Papa ha elegido como nombre oficial el de Francisco (es el primer Papa que elige ese nombre) en honor del fundador de la Orden de San Francisco: Francisco de Asís, quien vivió en el siglo XIII. Quizá sea esta una manera del nuevo gobernante del Vaticano de mandar un mensaje de reconciliación al interior de la iglesia católica, la cual enfrenta uno de los momentos históricos más difíciles de la historia, debida sobre todo a los escándalos de corrupción, relación de varios sacerdotes con capos del narcotráfico y actos de pederastia.
No obstante, lo que más ha llamado la atención del nuevo Pontífice, y esto también es histórico, es su procedencia. Es el primer papa americano, no solo argentino. En la historia del papado no había habido ocasión de nombrar a un pontífice del continente descubierto por Cristóbal Colón en 1492. Incluso ya hay quienes equivocadamente lo denominan como el primer papa no europeo. Esto es erróneo: por lo menos la historia registra a tres papas de origen africano: Victor I, Melquíades y Gelasio I, los tres pertenecientes a la Antigüedad y a los primeros siglos del cristianismo. Pero de lo que no hay duda es de que es el primer papa procedente del continente americano y, en este aspecto, Argentina quedará como la nación que aportó al primer papa de esta parte del mundo.
Francisco I ya ha llamado la atención por varios motivos. Como se sabe en estos días, es un clérigo que viaja en metro o cualquier otro transporte popular. Además, su forma sencilla de actual y proceder le ha granjeado amplias simpatías. Y es natural que su pasado sea ahora motivo de análisis. Se sabe que hasta el momento de ser elegido para el trono del Vaticano actuaba como Arzobispo de Buenos Aires. Se caracterizó por sus enfrentamientos contra los gobiernos de los esposos Kirchner: Néstor (2003- 2007) y Cristina (2007 hasta la actualidad). Tanto es así que los sectores oficialistas lo acusaron de ser el líder de la oposición argentina. También se ha caracterizado por sus afirmaciones en torno de la pobreza y la desigualdad social, sus propósitos de diálogo intereligioso y sus críticas al aborto, la eutanasia y la anticoncepción.
El nuevo Papa apenas ha comenzado su labor. Su desempeño seguramente recibirá más comentarios, como lo es con todos los gobernantes del mundo. Por el momento, su persona ha trascendido al plano internacional. Será en este ámbito en donde el argentino dejará su marca personal y su paso a la historia.
domingo, 10 de marzo de 2013
VENEZUELA a la sombra del caudillo
El pasado 5 de marzo ocurrió lo que ya se venía venir desde hacía algunos meses, tanto en Venezuela como en el plano internacional: la muerte del dictador (Presidente de la República Bolivariana de Venezuela) Hugo Rafael Chávez Frías. El suceso, ocurrido en el Hospital Militar de Caracas a las 16:25 hora local (según el anuncio del Vicepresidente y ahora Presidente de la nación Nicolás Maduro) se ha convertido sin lugar a dudas en el suceso más importante de Venezuela en este año, y no sería extraño que de alguna forma fuera el suceso central de Venezuela en la presente década, dada la importancia del personaje fallecido, de su carisma y del legado que deja entre grandes sectores de la población venezolana. Esto sin contar que el chavismo ha ejercido, y de hecho ejerce enorme influencia en los países vecinos y en sectores radicales de izquierda en Latinoamérica. Con la muerte de Hugo Chávez, el déspota de Miraflores, termina una era, pero la que comienza es incierta. Incierta porque aunque el deseo de los opositores (también un gran sector de la población venezolana, tan numeroso como el de los seguidores) y el de los liberales en el mundo entero es el de que Venezuela transite gradualmente hacia la democracia en un plazo cercano, es posible que el régimen continúe durante algunos largos años. A esto podría contribuir, desde luego, la muerte del caudillo y el sentimentalismo que su deceso puede desatar; y que desde luego la propaganda oficialista utilizará en las elecciones presidenciales que se celebrarán, en razón de las disposiciones constitucionales que prevé la carta magna de esa nación sudamericana en caso de fallecimiento del titular del Ejecutivo.
Las anteriores afirmaciones son probables, pero desde luego no necesariamente seguras. Aunque es posible que el régimen político chavista continúe algunos años más- tanto por el sentimentalismo hacia el muerto como por las simpatías hacia Chávez de parte de un gran sector de la ciudadanía que lo veía como a un redentor- también es posible que la muerte de Chávez sea el principio del fin de una clase política en el poder, y del régimen de autoritarismo competitivo personalista y caudillista y el retorno de la democracia, perdida en los albores de la década pasada. Después de todo, no debe olvidarse que el prestigio de Chávez fue decayendo a niveles considerables entre grandes sectores de la población, tanto por el creciente autoritarismo durante la pasada década como por el desastre económico dejado por el chavismo; justamente el desastre económico y el deterioro del nivel de vida fueron los agentes más importantes de la debilidad de la democracia en una sociedad que había pasado, desde los años setenta hasta los noventa, por gobiernos democráticos torpes y corruptos, y que fueron creando el caldo de cultivo para el ascenso a la Presidencia de un golpista con retórica de redentor y justicialismo asistencial. Al desprestigio del chavismo entre los numerosos inconformes podría agregarse otro factor de importancia capital en una dictadura: la falta de un caudillo suplente con prestigio entre las filas oficialistas. Por el momento, Nicolás Maduro ha asumido la Presidencia de la República, y su autoridad ha sido reconocida por el chavismo tradicional, pero la duda de si este nuevo gobernante podrá alcanzar el prestigio necesario para afianzar su poder es razonable.
Este factor, que podría acarrear luchas palaciegas en el entorno cercano que dejo el líder carismático, unido al descontento que bien podría utilizar el oposicionismo reunido en torno a Henrique Capriles, podrían hacer el milagro de que Venezuela se vaya democratizando de manera gradual e institucional, muy al estilo de España a la muerte del dictador Franco ("Caudillo por la gracia de Dios", según decían sus corifeos). Y esto de luchas palaciegas no es una cosa imposible: si algo distingue a las dictaduras caudillistas, es la incertidumbre en torno a la sucesión y el apego a la persona del caudillo. Es cierto que Venezuela padece un régimen de autoritarismo competitivo, que es muy diferente a un autoritarismo de tipo tradicional como el que padecía España a inicios de los años setenta. El autoritarismo competitivo, que fue lo que vivió Perú en los años noventa, y que actualmente padecen Bielorrusia y Bolivia, se caracteriza por la presencia de elecciones en donde participa la oposición, y en donde esta oposición tiene el suficiente poder como para ocupar un número considerable de gobiernos locales y de escaños en el congreso, además de ocupar, en ciertas naciones con este sistema, gobiernos estatales o departamentales. Esto en un ambiente en donde las libertades cívicas como la de expresión y manifestación aun se respetan mayormente, aunque las violaciones a estas mismas libertades por parte del gobierno y la represión gubernamental se presenten con más frecuencia que en una democracia. En el autoritarismo competitivo, el control por parte del gobierno a las instituciones electorales y al poder judicial hacen que la llegada de la oposición al gobierno nacional por medio de un simple proceso electoral ya no sea posible. El fraude electoral, además, se presenta en algunos casos en gobiernos estatales o locales, aunque debido a la presencia de una oposición organizada y de una sociedad mas o menos participativa el gobierno no pueda reducir la presencia de la oposición a niveles que no constituyan un reto y un problema para el gobierno, como sucede en regímenes de autoritarismo electoral pleno. O en su caso, a eliminar las elecciones e imponer un autoritarismo clásico, o un totalitarismo, y por lo tanto, controlar hasta la más alejada e insignificante aldea, como sucede en la actual Cuba, aliada de Venezuela en esto de recrear un "socialismo del siglo XXI".
Venezuela actualmente padece un autoritarismo competitivo, y este es el legado más notorio del chavismo, al menos para los analistas y estudiosos de la política. Y este autoritarismo no necesariamente es institucional, como ocurre en la Rusia poscomunista, que también padece de lo mismo que Venexuela pero sin un caudillo; más bien con una Presidencia controlada por otras instituciones, pero en donde el dominio de la política corre a cargo de sectores del oficialismo, integrado por ex integrantes de la burocracia comunista, y que desertaron de ese grupo a última hora. En Venezuela, el autoritarismo actual es claramente caudillista, y dentro del grupo en el poder, Chávez era (¿lo es ahora Maduro?) el de la última palabra, el que llevaba la voz del oficialismo. El jefe del sistema, pues, por encima de la institución presidencial. Primero era Chávez, luego la Presidencia. Sin Chávez, la Presidencia no tendrá el mismo tinte político, aun si el régimen continúa con otro caudillo. El otro caudillo, en caso de que ascienda, impondrá su estilo propio, con la misma clase política que seguía a Chávez.
Es, pues, este problema el que la clase política oficial en Venezuela no puede ignorar. La legitimidad de su régimen es de tipo carismático y caudillista, y un caudillo que asciende a dictador no está presente cuando ha expirado para controlar lo que sigue. De hecho, si hacemos memoria, son muy pocos los dictadores que, habiendo fallecido en la gloria del poder, han muerto dejando un testamento político: por lo menos una señal de que alguien en específico asuma su lugar. En cambio, predominan los dictadores que murieron dejando en la incertidumbre a sus seguidores más cercano. Chávez ha ordenado, antes de ver la última luz de sus largos y no tan desaprovechados 58 años y medio de vida, que Maduro asumiera su lugar, en abierta violación a la constitución que el mismo hizo promulgar en 1999 (¿y que mejor prueba de que en Venezuela existe un régimen personalista y caudillista más que legal que eso mismo?). Otro dictador que si tuvo a bien dejar testamento político fue el ya mencionado Franco, que dejó todo arreglado para que el actual Rey Juan Carlos I asumiera el gobierno en forma de monarquía autoritaria, aunque luego este resultó que impulsó el pacto que condujo a la democratización política y a lo que ahora es España. Hitler parece ser que quiso a Joseph Goebbels, su Ministro de Propaganda, para encabezar las horas finales del Tercer Reich. Y ahora se sabe que Lenin no quería que Stalin, quien terminó sustituyéndolo, fuera su sucesor en el poder; incluso en su testamento advirtió a la burocracia comunista que se cuidaran del revolucionario de Georgia, aunque, cosas del destino, la burocracia comunista en realidad se benefició de la corrupción imperante en la dictadura de Stalin, y no tuvo el menor empacho en volverse cómplice de las purgas contra los más fieles seguidores de Lenin. Pero fuera de estos casos, casi ningún dictador que ha muerto en el poder dejó testamento. Stalin mismo murió en marzo de 1953 sin haber dejado ni la menor indicación de quien era el afortunado. Julio César fue asesinado antes de que tuviera en mente siquiera semejante deseo. Y lo mismo le pasó al sanguinario dominicano Rafael Leónidas Trujillo: fue asesinado sin haber hecho testamento, aunque lo más probable, tratándose del Chivo, era que quisiera su herencia para alguno de sus detestables hijos. Tampoco dejaron testamento el guatemalteco Carlos Castillo Armas, el portugués Antonio de Oliveira Salazar, el chino Mao Tse Tung, el norvietnamita Ho Chi Minh, el romano Sila y un largo etcétera. Y en la misma Venezuela ocurrió un caso parecido: Juan Vicente Gómez jamás indicó quien quería que fuera el discípulo que tomara su lugar.
En este caso en particular, el de Chávez, ha habido una indicación y una orden conocida: el delfín se llama Nicolás Maduro, quien pasó de ser chofer de transportes populares a Presidente de Venezuela. Pero en un régimen tan caudillista como el de Venezuela, pueden ocurrir sorpresas. De hecho, en una columna del 14 de diciembre del año pasado ("Cuando los caudillos desaparecen"), Carlos Alberto Montaner analiza de manera breve las fuentes de legitimidad en la autoridad, basándose en la teoría de Max Weber, quien mencionara los tres tipos de autoridad: la tradicional, la legal y la carismática. Menciona en unas líneas lo siguiente: "El gran problema de caudillo carismático es que no puede transmitir su poder. Pueden designar herederos, pero la relación entre estos y los gobernados es muy diferente. El previo endiosamiento del caudillo pesa como una losa sobre la imagen del delfín". Líneas aparte, Montaner menciona ejemplos: entre estos, el de que Raul Castro (hermano de Fidel Castro y heredero de este) sufre la constante comparación con su endiosado y siniestro hermano, tanto que a el le llaman el "Mínimo Líder". Este artículo Montaner lo publicó a propósito de la en ese entonces probable muerte de Chávez, suceso que finalmente ocurrió. También menciona el cubano que en el entorno del círculo poderoso del chavismo existen rivales de consideración que podrían opacar la figura del ungido.
Sea como sea, Venezuela ha entrado en otra etapa, que desde luego no será del todo igual a la que predominó entre el 2 de febrero de 1999 y el 5 de marzo pasado. Aunque esta nueva etapa es incierta: ¿predominará otros años más el régimen actual, aunque con otro caudillo, Maduro o cualquier otro? ¿O al estilo español, Venezuela pasará a ser una democracia, como lo que fue antes de la pasada década?. ¿Entra Venezuela a una nueva era (democrática) o solo a una nueva etapa del régimen por Chávez instaurado? Eso si, la imagen de Chávez es popular y, ya sea que se le deteste o se le admire, Chávez es ya una figura central en los albores del siglo XXI venezolano. La figura de Chávez queda como un legado, malo, bueno o regular. Ya sea que esta nación petrolera se democratice y vuelva al cauce de la legalidad como fuente de autoridad, o continúe en el caudillismo de nuevo cuño instaurado por Alberto Fujimori en el Perú, la sombra del caudillo persiste de alguna u otra forma.
martes, 28 de agosto de 2012
OLIMPIADAS 2012: comentarios y reflexiones
Las Olimpiadas de Londres fueron el acontecimiento más importante de este año; fueron, además, una de las Olimpiadas más emotivas de los últimos tiempos. Tanto la inauguración como la clausura (ocurridas el 27 de julio y el 12 de agosto respectivamente) destacaron por la elegancia, la festividad y el carácter inglés; mientras que hace cuatro años China realizó sus espectáculos de una forma que hiciera destacar lo grandioso (la tecnología), en cambio los ingleses hicieron destacar más otros aspectos: el ingenio basado en una exposición de la historia inglesa, piruetas y toques de humor, como el que hiciera, en la inauguración, el actor que encarna a Br. Bean (Rowan Atkinson). Este último fue uno de los elementos sin lugar a dudas más originales y divertidos de la inauguración. En fin, las Olimpiadas de este año (como todas las demás) serán recordadas por el carácter y las particularidades que la hacen única.
Las Olimpiadas destacan y llaman la atención por las competencias deportivas; de eso no cabe duda. Todos los eventos y competencias de carácter deportivo tienen como principales aficionados a los admiradores del deporte, pero eso no impide, también, que estos eventos sean memorables por acontecimientos o elementos que van más allá del deporte. Y las olimpiadas no son la excepción. Por ejemplo, las Olimpiadas de 1920, celebradas en Amberes, Bélgica, destacaron por el carácter demasiado sombrío; esto es lógico, pues se celebraron a menos de dos años de haber finalizado la primera guerra mundial, y por entonces Amberes, como casi toda Europa, estaba en ruinas, y vivía las convulsiones propias de una posguerra bastante dura (de hecho, es importante mencionar que la elección esta ciudad fue un homenaje a los soldados belgas caídos en combate y a los heridos de esta guerra). Fue en esta Olimpiada, además, en donde por vez primera se izó la bandera olímpica con los cinco anillos. Mientras que estas Olimpiadas fueron sombrías y emotivas, las de París 1924 fueron alegres y propias del carácter de los años veinte. En cambio, en 1932, Los Ángeles fueron el escenario de unas olimpiadas bastante difíciles debido a la Gran Depresión. Las de 1936, en Berlín, Alemania, se vivió un ambiente de competencia racial y de ciertas tensiones en medio de la alegría general, debido al carácter racista y militarista de la Alemania de ese tiempo, gobernada por el dictador Adolf Hitler. De estas Olimpiadas, se recuerda el papel de Jesse Owens, deportista negro de Estados Unidos, ganador de varias medallas en 100 y 200 metros. En 1948 las olimpiadas fueron, como en este año, en Londres, y también destacaron por el carácter sobrio y sencillo propio de los ingleses, solo que en medio de serias dificultades debido a los bombardeos que la capital de la Rubia Albión había padecido en la segunda guerra mundial, la cual acababa de finalizar. Las Olimpiadas de los años cincuenta, ocurridas en Helsinki, Finlandia en 1952 y Melbourne, Australia, en 1956, vivieron las tensiones y disputas entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en un ambiente de guerra fría. En 1968, las Olimpiadas fueron en la Ciudad de México, y se recuerdan por varios aspectos: por primera vez se utilizaron pistas de tartán en carreras, además de ser recordadas por algunos inconvenientes: existieron rumores de que republicanos españoles avecindados en México hicieran desmanes frente a la delegación española, en protesta contra Franco; por otro lado, se temía de que cubanos anticastristas atentaran contra la delegación cubana. Existieron controversias políticas, pues algunos países amenazaron con no asistir si competía la Unión Soviética, esto en protesta por la invasión a Checoslovaquia; además, deportistas negros de Estados Unidos aprovecharon el momento y el lugar para protestar por la discriminación de que eran objeto en su país. Esto sin contar con que las Olimpiadas se celebraron en medio de tensiones políticas debido a la matanza de estudiantes mexicanos en Tlatelolco, diez días antes de la inauguración.
En 1972, las Olimpiadas fueron en Munich, Alemania Occidental. De estas Olimpiadas, se recuerda una tragedia: el secuestro y el posterior asesinato de nueve deportistas israelíes a manos de un comando terrorista de tendencia fundamentalista islámica. En 1980, Estados Unidos amenazó con sabotear las Olimpiadas de Moscú, celebradas ese año, en protesta contra la invasión soviética a Afganistán, que acababa de ocurrir. Lo cual ocasionó que cuatro años más tarde, la URSS y otros países del bloque socialista hicieran lo propio al no asistir a las Olimpiadas de Los Ángeles 1984. Las Olimpiadas de 1992, en Barcelona, España, se recuerdan como un símbolo: fueron realizadas en el país que descubriera América, y justamente cuando en el año en que se cumplieron quinientos años de suceso. En 1996, en las Olimpiadas de Atlanta, Estados Unidos, existió un ambiente de alegría que por un momento se vio amenazado, al estallar una bomba en el interior del Estadio Olímpico, causando dos muertos y centenares de heridos. Entre tanto, las olimpiadas de Sidney, Australia, en 2000; Atenas en 2004 y Pekín 2008 fueron tranquilas, y no parece ser que haya habido problemas políticos. En esta que acaba de pasar, el ambiente fue igual.
El ambiente de las Olimpiadas 2012 fue, como ya se mencionó, un ambiente de festividad y alegría, propia de un evento de esas magnitudes, de esa categoría y de trascendencia mundial. No obstante, también fue un evento de un carácter marcadamente inglés: una inauguración y posteriormente una clausura basada en la elegancia más que en la grandiosidad modernista y tecnológica. Y sin embargo, pese a ser un evento austero respecto de lo visualmente grandioso, la Olimpiada de Londres 2012 si tuvo más espectacularidad y gasto financiero respecto a la otra Olimpiada ocurrida en la misma ciudad hace ya 64 años, cuando la actual Reina aun no lo era, y aun reinaba Jorge VI.
En estas Olimpiadas, como en todos los eventos, llamaron la atención los torneos y competencias deportivas. Estados Unidos y China fueron dos de los países con más medallas de oro. Realmente este es un tema que causa controversias y comentarios entre los expertos deportivos. No se debe olvidar que los torneos y las competencias deportivas son lo principal en los eventos deportivos, más allá de lo que rodea a estas celebraciones.
El ambiente de las Olimpiadas 2012 fue, como ya se mencionó, un ambiente de festividad y alegría, propia de un evento de esas magnitudes, de esa categoría y de trascendencia mundial. No obstante, también fue un evento de un carácter marcadamente inglés: una inauguración y posteriormente una clausura basada en la elegancia más que en la grandiosidad modernista y tecnológica. Y sin embargo, pese a ser un evento austero respecto de lo visualmente grandioso, la Olimpiada de Londres 2012 si tuvo más espectacularidad y gasto financiero respecto a la otra Olimpiada ocurrida en la misma ciudad hace ya 64 años, cuando la actual Reina aun no lo era, y aun reinaba Jorge VI.
En estas Olimpiadas, como en todos los eventos, llamaron la atención los torneos y competencias deportivas. Estados Unidos y China fueron dos de los países con más medallas de oro. Realmente este es un tema que causa controversias y comentarios entre los expertos deportivos. No se debe olvidar que los torneos y las competencias deportivas son lo principal en los eventos deportivos, más allá de lo que rodea a estas celebraciones.
sábado, 14 de julio de 2012
ELECCIONES 2012: Fin del panismo presidencial; regreso del PRI
El domingo pasado, 1 de julio de 2012, se sucedieron las tan esperadas elecciones presidenciales de México. Además, hubo elecciones para elegir senadores, diputados federales y en el Distrito Federal Jefe de Gobierno, representantes y delegados políticos. En cuanto a los estados del interior, en este día hubo elecciones estatales en Guanajuato, Jalisco, Tabasco, Morelos y Yucatán. Las elecciones, según lo anunciado, fueron muy concurridas; el abstencionismo electoral fue derrotado. Fue una jornada pacífica, democrática y participativa. En lo que respecta a la Presidencia, participaron cuatro candidatos: Josefina Vázquez Mota por el gobernante Partido Acción Nacional (PAN); Enrique Peña Nieto postulado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en alianza con el Partido Verde Ecologista Mexicano (PVEM); Andrés Manuel López Obrador, postulado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Trabajo (PT) en alianza con otros partidos chicos de izquierda; y finalmente Gabriel Quadri de la Torre, postulado por el partido de la familia Gordillo, el Nueva Alianza.
En estas elecciones, el ganador fue sin lugar a dudas el PRI (y de alguna manera su aliado). Enrique Peña Nieto ganó las elecciones más vigiladas de la historia nacional, aunque no necesariamente las más competitivas; esas fueron las elecciones de 2006, en las que el triunfador, el actual mandatario Felipe Calderón Hinojosa, ganó por menos de un punto porcentual. A partir del 1 de diciembre de este año, Enrique Peña será el próximo presidente de la República Mexicana. Representa esto el regreso del PRI a los Pinos, después de 12 años de ausencia, y con esto, el estilo corporativista- presidencial de hacer política, aunque esto no quiere decir que sea el regreso de los viejos tiempos; del régimen fundado por Lázaro Cárdenas y finalizado con la reforma electoral de 1996; esto depende del electorado y el pueblo en general. Además, el PRI gana la mayor parte de las senadurías y diputaciones federales (sin lograr mayoría absoluta); por otro lado, el partido que gobernará por segunda ocasión a México ganó holgadamente las elecciones a Gobernador en Yucatán; recuperó el estado de Jalisco y solo la pérdida de la gubernatura de Tabasco sería la mosca en la sopa. Fue un triunfo contundente y a todas luces, evidente.
El segundo ganador de estas elecciones fue la dupla PRD- PT y el Partido Convergencia Mexicano. Andrés Manuel López Obrador quedó en segundo lugar nuevamente; y aunque el porcentaje de diferencia respecto del vencedor ya no sea tan cerrado, sin lugar a dudas es un honor. El PRD, además, se convierte en la segunda fuerza electoral mexicana en el congreso, y además, por si fuera poco, ganó de manera rotunda el Distrito Federal; el candidato a Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, obtuvo un triunfo mayor incluso al de Andres Manuel López Obrador hace ya doce años. Y no solo esto; retuvo una entidad y ganó una nueva: Tabasco. En esta entidad, el ex priista Arturo Núñez será el primer Gobernador no priista de la entidad desde hace ya más de ochenta años. Por otro lado, al PAN le arrebató la gubernatura de Morelos; Graco Ramírez fue el candidato triunfador. El PRD llegó a un lugar en las elecciones que hace unos meses no se esperaba, debido a las crisis que durante este sexenio tuvo que soportar el PRD, y a que hace unos cuantos meses el candidato de las izquierdas estaba en un tercer lugar en cuanto a las preferencias de la ciudadanía. Bien manejado, este capital político puede hacerle sombra al PRI en el sexenio que comienza en diciembre, y hasta podría el PRD llegar a la Presidencia en diciembre de 2018.
El Partido Nueva Alianza está en un lugar que no podría definirse como de ganador, aunque tampoco de perdedor. No ganó la Presidencia, a pesar de la buena imagen que su candidato dejó desde el primer debate presidencial, pero de alguna manera, y pese a la buena estrella de su candidato, esto era de esperarse en un partido pequeño y de corta historia. Este detalle le quita la categoría de ser el perdedor, aunque haya quedado en el último lugar en votación nacional. Pero existe otro aspecto que hay que tomar en cuenta: Nueva Alianza obtuvo una votación más elevada de la que tradicionalmente se espera para un candidato de un partido pequeño, y además, todos los indicios indican que este partido obtuvo bastante ganancia en lo que se refiere al congreso. Estas elecciones fueron un éxito para el Nueva Alianza, y bien manejado este capital político, podría llevarlo a ser un partido mayor en las siguientes competencias electorales.
El PAN fue, sin lugar a dudas, el perdedor de las elecciones. De los tres partidos grandes y tradicionales, el PAN quedó en un tercer lugar; esto a pesar de que durante algunos meses antes de la competencia electoral estaba en un segundo lugar. El PAN fue el partido que resultó humillado en esta competencia, y dificilmente podrá recuperarse (no es imposible, como lo demuestra el mismo PRI, que hace seis años fue el perdedor y ahora es el ganador). En la historia posterior quedará la interrogante de cómo fue que una candidata atractiva y fresca perdió puntos porcentuales de votación a lo largo y ancho de la campaña electoral. El PAN deberá hacer un duro examen de conciencia, de reorganización y hasta de crítica interna si quiere quitarse este amargo sabor de boca que le dejaron las elecciones. No solo su candidata; el PAN será la tercera fuerza electoral en el congreso, y para colmo, perdió dos gubernaturas; Jalisco, a manos del PRI, y Morelos, a manos del PRD. En el Distrito Federal su candidata quedó en 15 % de votación, y el único consuelo que le queda al PAN es haber retenido la gubernatura de Guanajuato.
Resultados electorales por entidad federativa
Las elecciones presidenciales se saldaron con un triunfo del PRI a la Presidencia. Esto se refleja en los resultados electorales que hubo en cada entidad. El mapa electoral según la entidad federativa refleja el ascenso y el triunfo del PRI, el avance del PRD y el retroceso y el fracaso del PAN.
Según los resultados, el PRI ganó en 20 entidades de la República: Aguascalientes, Baja California Norte, Baja California Sur, Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Yucatán y Zacatecas.
El PRD ganó en 8 entidades federativas, las cuales son las siguientes: Distrito Federal, Guerrero, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco y Tlaxcala.
El PAN, en cambio, solo ganó en 4 entidades: Guanajuato, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz.
El Partido Nueva Alianza obtuvo considerables votos, pero no ganó en ninguna entidad. México, por lo que se puede reflejar, sigue siendo el país de los tres grandes (PRI, PRD y PAN) y el resto, conocida como la chiquillada, aunque el Nueva Alianza pueda consolidarse en el futuro.
Los resultados reflejan los triunfos y los fracasos de los tres grandes partidos. El PRI y el PRD ganaron, respectivamente, el Estado de México y el Distrito Federal, que son las entidades más pobladas de la República Mexicana. Además, entre las entidades ganadas por el PRI además del Estado de México, se ubican algunos en donde existe un considerable número de habitantes: es el caso de Jalisco. Por su parte, el PRD ganó Puebla, en donde se ubica la ciudad capital de Puebla de los Ángeles, una de las más pobladas del país. En cambio el PAN ganó Nuevo León y Guanajuato. Las razones del voto de la gente en cada entidad es seguro que varió de acuerdo a las circunstancias particulares. Es probable que en Nuevo León se tenga la premisa de que la violencia que viven varias entidades del país (entre ellas Nuevo León, siendo un caso trágico de este fenómeno el ataque al casino el año pasado) sea consecuencia de los gobiernos estatales priistas. Quizá se tenga la percepción de que los gobiernos del PRI son cómplices corruptos de los sicarios y grupos del crimen organizado, como los famosos y sanguinarios zetas. Esa puede ser la razón principal del voto por la candidata del gobierno, Josefina Vázquez Mota. En cambio, probablemente en Coahuila y en Chihuahua (otras dos entidades asoladas por la violencia del crimen organizado) se tenga otra percepción: el gobierno del actual mandatario, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzó a una guerra contra los narcos sin preparación alguna y de manera inepta, y ello ha traido como consecuencia la violencia, y según esta percepción que refleja gran parte del electorado, el PRI si tiene experiencia para negociar. Estas pueden ser las razones del voto a favor del PRI y de su candidato, el príncipe de Atlacomulco.
El sector poblacional del Distrito Federal y Morelos, en cambio, tienen posiciones distintas. Quizá en el Distrito Federal ganó el PRD gracias a la buena imagen de Marcelo Ebrard, el actual Jefe de Gobierno, y además, a la imagen fresca y moderada de Miguel Ángel Mancera, que ganó por más de 60 % de votación. Ahora bien, tanto para los defeños como para los morelenses, quizá se tenga aun malos recuerdo del pasado, y los blanquiazules no respondieron a sus expectativas. Para ellos, quizá la violencia criminal sea consecuencia de un doble lastre: la corrupción y la complicidad en los gobiernos estatales y varios presidentes municipales priistas y a la torpeza del gobierno de Calderón y el PAN. En fin, en las razones del voto a favor de uno u otro candidato estuvo la percepción y el sentir general de la población de cada entidad federal.
Diagnosticar la elección presidencial
Respecto al tema de la legitimidad de la elección, ya se han dejado correr voces y opiniones que van desde la franca aprobación sin reservas hasta la abierta descalificación por parte de un candidato (Andrés Manuel López Obrador) y sus seguidores, pasando por la aprobación pero con ciertas críticas al proceso electoral. Este es un tema candente en el debate nacional de estos días. Que tan resistente es el sistema electoral en México para prevenir un fraude electoral o la compra de votos, además de otras ilegalidades, es la pregunta que muchos se hacen, en medio de un conflicto postelectoral que ya estalló, aunque todavía no llegue a su punto culminante.
Desde la reforma política de 1996, México tiene un sistema para prevenir un fraude electoral; es decir, una imposición de un candidato impopular a un puesto de elección popular, aunque en el caso de los niveles municipales, la situación es muy distinta en municipios clasificados como rurales. En varios de estos municipios, tanto el aislamiento respecto de otras poblaciones, o bien, las difíciles comunicaciones con otros municipios, además de la escasa población, la ignorancia y la marginación, aunada a una nula presencia de fuerzas federales y estatales, hacen que el ejercicio de las elecciones sea difícil y esté a merced de las autoridades municipales. Estas condiciones son un caldo de cultivo que favorecen el caciquismo por parte de presidentes municipales, presidentes seccionales, comisarios ejidales u otras autoridades. En estas condiciones, el ejercicio de la participación ciudadana es escasa e inoperante, y es así como el fraude electoral se da de manera totalmente abierta y descarada (en estos casos, el fraude de manera burda o de forma muy disimulada todavía no se conocen; por el contrario, se está en la edad de piedra en la cuestión electoral).
Sin embargo, y pese a estos casos que por supuesto deben preocupar, y que son una herencia de un pasado de régimen autoritario que no solo compete al régimen del PRI- Sistema (aunque las formas del PRI sean las usadas debido a la cercanía respecto a esta época) una cosa es un hecho: ya no es posible, en los municipios más poblados, además de varios municipios urbanos, realizar un fraude electoral en varias casillas, de una manera tal que la elección sea decidida por estos medios, con el objetivo de imponer a un candidato (o candidata) impopular y repudiado. Y menos es posible esto a nivel estatal o federal. Sin embargo, lo que si es un hecho es que esto no significa que en la elección no puedan ocurrir serias ilegalidades o actos que si bien en sí no son formas de imposición, si, en cambio, están prohibidas por la ley y por lo tanto, son ilegales. Una de estas acciones, quizá la más antigua y famosa, es la compra de votos; esto se da mediante una operación en la que mediadores u operadores de un partido político escogen a un número determinado de habitantes marginados, posteriormente se les ofrece dinero u otras cosas como kilos de frijol y maíz, entre otras cosas, con la condición de que los que reciban esos regalos que sin duda necesitan dada su situación económica y social, vayan a votar a favor del candidato para el que los mediadores trabajan. Es decir, se crea una forma de compraventa: el mediador ofrece algo a cambio de un voto. Esta práctica sucia y perversa no es nueva, como ya he señalado, y no es única de México: otros países con una considerable cantidad de población marginal tienen esta práctica sucia entre sus costumbres. En México, cuando se habla de compra de votos normalmente se utiliza la palabra "tortivotos", debido a la frecuencia con la que se ofrece, a cambio del voto, una torta, aunque es de señalar que en las pasadas elecciones federales, la mayor parte de los casos denunciados hasta ahora no tuvieron que ver con compra de votos por medio de una torta; según los casos expuestos y denunciados, la compra de votos se realizó mediante la repartición (más de tres mil casos reportados) de tarjetas soriana, además de otros casos en los que supuestamente se ofrecieron productos en especie a ciudadanos marginados de municipios pobres a cambio de votos.
No obstante los casos denunciados, estos no son suficientes para anular la elección: la diferencia de votos entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador es de varios puntos porcentuales (más de 6 %) y la diferencia de votos es demasiado alta como para suponer que el triunfo de Enrique Peña Nieto haya sido producto de la compra de votos. Si bien las denuncias de compra de votos deben investigarse y sancionarse en caso de ser comprobadas, es un hecho que en este episodio electoral, un porcentaje mayoritario decidió darle una segunda oportunidad al PRI para gobernar (otro punto que no debe soslayarse, es que también existen evidencias de compra de votos por parte del PRD- PT, y siendo que el PAN es uno de los partidos grandes, es seguro que existen casos menores por parte de ese partido, por lo cual este es un vicio que debe combatirse y del cual están contaminados casi todos los partidos). Enrique Peña Nieto será el próximo Presidente de la República elegido por una mayoría poblacional; no obstante, las razones que movieron a votar por el PRI son diversas según cada estado, municipio o incluso individuos. Como lo son las razones que movieron a un sector numeroso a votar por el PRD, y a otro sector, no tan menguado ni pequeño, a votar por el PAN. En el caso del Partido Nueva Alianza, que quedó en un cuarto lugar, las razones del voto por parte de sus electores quizá no varíen de una manera tan compleja, pero podemos afirmar que la razón de peso haya sido el deseo de ver gobernar a una nueva opción (más allá de que esta opción sea en realidad nueva) y la imagen, digamos que favorable, que dejó su candidato: Gabriel Quadri. En el caso de las personas que sufragaron a favor del PRI, las razones hayan sido la creencia de que existía un nuevo PRI o la impopularidad, en algunos sectores, hacia el PAN y el PRD. En el caso del voto por el PRD, la razón fundamental fue la de ver en la Presidencia a un gobierno de izquierda y a un Presidente de la República benefactor y de vocación social a los sectores desprotegidos; en el caso del PAN, fue la buena imagen de Calderón y Josefina Vázquez Mota, además de la percepción de que votar a favor de AMLO era conducir a la nación hacia el camino de los países del círculo chavista, de que sufragar a favor de Peña Nieto era regresar al pasado autoritario y de que darle un voto a Quadri era un desperdicio, además de que era una consolidación a un partido manejado por el sindicato magisterial de Elba Esther Gordillo. Pero en fin, estas son las razones fundamentales; recalco, existen otras según la psicología de cada persona o el caso particular de cada municipio o entidad para decidirse por una u otra opción.
Más allá de las razones del voto, quien gobierne a México entre el 1 de diciembre de 2012 y el 30 de noviembre de 2018 deberá gobernar para todos; hacer realidad el sueño prometido a sus votantes, sumar popularidad gobernando para los que se decidieron por otras opciones y contribuir a alejar el fantasma del abstencionismo y el asco hacia la política entre los sectores no menores que decidieron anular su voto o de plano abstenerse de ir a votar. En cuanto a los actores políticos, sociales e intelectuales, les queda la tarea de contribuir a que la transición que vendrá en este período entre julio y diciembre sea lo menos cruenta posible, por el bien del país; deben comenzar a reconocer la victoria del ganador y sumar la buena voluntad para que reciba al país en calma política; en esta tarea, el Partido Nueva Alianza y el Partido Acción Nacional ya dieron un paso al frente. En cambio, quien obtuvo más votos que ellos, el PRD y sus aliados, ya comenzaron el lamentable papel de desconocer una vez más (como en 2006) la elección presidencial. Esta actitud, que les llevó a una impopularidad a lo largo de la mayor parte de este sexenio y a constantes crisis, fue superada en el curso de este año. Pero de volver a las andadas, no solamente regresarían las crisis y la impopularidad; ahora si, sería difícil que para 2018 vuelvan a ganar un segundo lugar, por no decir que la victoria presidencial será más alejada en el escenario nacional.
Queda también otra última tarea, y esta es la más importante, toda vez que reflejaría que la democracia ha avanzado en la mentalidad del mexicano y en las aspiraciones nacionales; la tarea de ser críticos y participativos. No dejar que el próximo Presidente se convierta en un Presidente imperial, como lo fueron los que mandaban en los Pinos entre mediados de los años treinta y finales del siglo pasado. Al próximo Presidente de la República, no importando que se llame Enrique, Andrés Manuel, Josefina o Gabriel, se le deben exigir cuentas claras; se le deben realizar críticas necesarias y constructivas, además de ponerle ante sí a las organizaciones cívicas que existen o que vayan a surgir; esto será un freno a sus posibles deseos de querer pasar de un Presidente republicano a un Presidente imperator (de ser un mandatario al estilo de los países más avanzados, a ser un ungido de legitimidad imperial al estilo México siglo XX, o al estilo Roma imperial). Impedir una posible regresión, la cual sería la madre de otras regresiones. Y no solo se le debe impedir un retroceso: es imperativo que se le demande avances. Es necesario una reforma electoral que cumpla con varios objetivos: clarificar la procedencia de dinero ilícito a las campañas; hacer que la democracia sea menos costosa, ya que no puede ser que en México se destine más dinero que en los países considerados de primer mundo; y sobre todo lo más importante en este momento: disminuir a un mínimo bastante considerable (si es posible darle fin) a la compra de votos. No es posible que la compra de votos defina algunas elecciones, y esta práctica debe terminar. La compra de votos es algo que se da tomando como eje la pobreza y la falta de conciencia cívica, pero se puede prevenir por medio de varios métodos, como realizar un seguimiento de los dineros que usan los partidos políticos, aunque es evidente que esta práctica requiere de otras propuestas, que deberán surgir en el curso del sexenio entrante. Por supuesto, si es posible, deben comenzar en la fase final del sexenio en curso.
Finalmente, la tarea de hacer avanzar a un país por el sendero democrático, además de otros aspectos como el educativo, el social, el económico, el cultural, el ecologista, etcétera, no es exclusiva del Presidente. Es una tarea en la que de alguna u otra forma debemos participar todos los ciudadanos, aunque de diferente forma según nuestro lugar y posición. Respecto a la tarea de legislar, el Congreso es la institución encargada. Al Congreso se le debe exigir también para la buena marcha administrativa y gubernamental de la nación. La sociedad civil no debe agotarse en llevar sus exigencias a la oficina principal de los Pinos; las exigencias deben llegar a los escaños, a las lujosas oficinas de los senadores y diputados, a las oficinas de los gobernadores y presidentes municipales y hasta a los medios de información. La tarea de gobernar a un país es compleja y difícil; es un reto enorme más que un arte. Si esta premisa vale para una nación de escaso territorio, de poca población y de primer mundo, como Holanda, Suiza o Mónaco, más lo vale para una nación de un territorio de más de un millón y medio de kilómetros cuadrados (como México), de una población enorme, a veces asentada en un territorio inmenso para la densidad poblacional, otras veces asentada en un espacio sobrepoblado (como México) además de contantes problemas sociales y de una enorme pobreza y marginación (como México). La tarea de gobernar a México en el próximo sexenio debe comenzar a prepararse en estos últimos meses de transición.
Resultados electorales por entidad federativa
Las elecciones presidenciales se saldaron con un triunfo del PRI a la Presidencia. Esto se refleja en los resultados electorales que hubo en cada entidad. El mapa electoral según la entidad federativa refleja el ascenso y el triunfo del PRI, el avance del PRD y el retroceso y el fracaso del PAN.
Según los resultados, el PRI ganó en 20 entidades de la República: Aguascalientes, Baja California Norte, Baja California Sur, Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Yucatán y Zacatecas.
El PRD ganó en 8 entidades federativas, las cuales son las siguientes: Distrito Federal, Guerrero, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco y Tlaxcala.
El PAN, en cambio, solo ganó en 4 entidades: Guanajuato, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz.
El Partido Nueva Alianza obtuvo considerables votos, pero no ganó en ninguna entidad. México, por lo que se puede reflejar, sigue siendo el país de los tres grandes (PRI, PRD y PAN) y el resto, conocida como la chiquillada, aunque el Nueva Alianza pueda consolidarse en el futuro.
Los resultados reflejan los triunfos y los fracasos de los tres grandes partidos. El PRI y el PRD ganaron, respectivamente, el Estado de México y el Distrito Federal, que son las entidades más pobladas de la República Mexicana. Además, entre las entidades ganadas por el PRI además del Estado de México, se ubican algunos en donde existe un considerable número de habitantes: es el caso de Jalisco. Por su parte, el PRD ganó Puebla, en donde se ubica la ciudad capital de Puebla de los Ángeles, una de las más pobladas del país. En cambio el PAN ganó Nuevo León y Guanajuato. Las razones del voto de la gente en cada entidad es seguro que varió de acuerdo a las circunstancias particulares. Es probable que en Nuevo León se tenga la premisa de que la violencia que viven varias entidades del país (entre ellas Nuevo León, siendo un caso trágico de este fenómeno el ataque al casino el año pasado) sea consecuencia de los gobiernos estatales priistas. Quizá se tenga la percepción de que los gobiernos del PRI son cómplices corruptos de los sicarios y grupos del crimen organizado, como los famosos y sanguinarios zetas. Esa puede ser la razón principal del voto por la candidata del gobierno, Josefina Vázquez Mota. En cambio, probablemente en Coahuila y en Chihuahua (otras dos entidades asoladas por la violencia del crimen organizado) se tenga otra percepción: el gobierno del actual mandatario, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzó a una guerra contra los narcos sin preparación alguna y de manera inepta, y ello ha traido como consecuencia la violencia, y según esta percepción que refleja gran parte del electorado, el PRI si tiene experiencia para negociar. Estas pueden ser las razones del voto a favor del PRI y de su candidato, el príncipe de Atlacomulco.
El sector poblacional del Distrito Federal y Morelos, en cambio, tienen posiciones distintas. Quizá en el Distrito Federal ganó el PRD gracias a la buena imagen de Marcelo Ebrard, el actual Jefe de Gobierno, y además, a la imagen fresca y moderada de Miguel Ángel Mancera, que ganó por más de 60 % de votación. Ahora bien, tanto para los defeños como para los morelenses, quizá se tenga aun malos recuerdo del pasado, y los blanquiazules no respondieron a sus expectativas. Para ellos, quizá la violencia criminal sea consecuencia de un doble lastre: la corrupción y la complicidad en los gobiernos estatales y varios presidentes municipales priistas y a la torpeza del gobierno de Calderón y el PAN. En fin, en las razones del voto a favor de uno u otro candidato estuvo la percepción y el sentir general de la población de cada entidad federal.
Diagnosticar la elección presidencial
Respecto al tema de la legitimidad de la elección, ya se han dejado correr voces y opiniones que van desde la franca aprobación sin reservas hasta la abierta descalificación por parte de un candidato (Andrés Manuel López Obrador) y sus seguidores, pasando por la aprobación pero con ciertas críticas al proceso electoral. Este es un tema candente en el debate nacional de estos días. Que tan resistente es el sistema electoral en México para prevenir un fraude electoral o la compra de votos, además de otras ilegalidades, es la pregunta que muchos se hacen, en medio de un conflicto postelectoral que ya estalló, aunque todavía no llegue a su punto culminante.
Desde la reforma política de 1996, México tiene un sistema para prevenir un fraude electoral; es decir, una imposición de un candidato impopular a un puesto de elección popular, aunque en el caso de los niveles municipales, la situación es muy distinta en municipios clasificados como rurales. En varios de estos municipios, tanto el aislamiento respecto de otras poblaciones, o bien, las difíciles comunicaciones con otros municipios, además de la escasa población, la ignorancia y la marginación, aunada a una nula presencia de fuerzas federales y estatales, hacen que el ejercicio de las elecciones sea difícil y esté a merced de las autoridades municipales. Estas condiciones son un caldo de cultivo que favorecen el caciquismo por parte de presidentes municipales, presidentes seccionales, comisarios ejidales u otras autoridades. En estas condiciones, el ejercicio de la participación ciudadana es escasa e inoperante, y es así como el fraude electoral se da de manera totalmente abierta y descarada (en estos casos, el fraude de manera burda o de forma muy disimulada todavía no se conocen; por el contrario, se está en la edad de piedra en la cuestión electoral).
Sin embargo, y pese a estos casos que por supuesto deben preocupar, y que son una herencia de un pasado de régimen autoritario que no solo compete al régimen del PRI- Sistema (aunque las formas del PRI sean las usadas debido a la cercanía respecto a esta época) una cosa es un hecho: ya no es posible, en los municipios más poblados, además de varios municipios urbanos, realizar un fraude electoral en varias casillas, de una manera tal que la elección sea decidida por estos medios, con el objetivo de imponer a un candidato (o candidata) impopular y repudiado. Y menos es posible esto a nivel estatal o federal. Sin embargo, lo que si es un hecho es que esto no significa que en la elección no puedan ocurrir serias ilegalidades o actos que si bien en sí no son formas de imposición, si, en cambio, están prohibidas por la ley y por lo tanto, son ilegales. Una de estas acciones, quizá la más antigua y famosa, es la compra de votos; esto se da mediante una operación en la que mediadores u operadores de un partido político escogen a un número determinado de habitantes marginados, posteriormente se les ofrece dinero u otras cosas como kilos de frijol y maíz, entre otras cosas, con la condición de que los que reciban esos regalos que sin duda necesitan dada su situación económica y social, vayan a votar a favor del candidato para el que los mediadores trabajan. Es decir, se crea una forma de compraventa: el mediador ofrece algo a cambio de un voto. Esta práctica sucia y perversa no es nueva, como ya he señalado, y no es única de México: otros países con una considerable cantidad de población marginal tienen esta práctica sucia entre sus costumbres. En México, cuando se habla de compra de votos normalmente se utiliza la palabra "tortivotos", debido a la frecuencia con la que se ofrece, a cambio del voto, una torta, aunque es de señalar que en las pasadas elecciones federales, la mayor parte de los casos denunciados hasta ahora no tuvieron que ver con compra de votos por medio de una torta; según los casos expuestos y denunciados, la compra de votos se realizó mediante la repartición (más de tres mil casos reportados) de tarjetas soriana, además de otros casos en los que supuestamente se ofrecieron productos en especie a ciudadanos marginados de municipios pobres a cambio de votos.
No obstante los casos denunciados, estos no son suficientes para anular la elección: la diferencia de votos entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador es de varios puntos porcentuales (más de 6 %) y la diferencia de votos es demasiado alta como para suponer que el triunfo de Enrique Peña Nieto haya sido producto de la compra de votos. Si bien las denuncias de compra de votos deben investigarse y sancionarse en caso de ser comprobadas, es un hecho que en este episodio electoral, un porcentaje mayoritario decidió darle una segunda oportunidad al PRI para gobernar (otro punto que no debe soslayarse, es que también existen evidencias de compra de votos por parte del PRD- PT, y siendo que el PAN es uno de los partidos grandes, es seguro que existen casos menores por parte de ese partido, por lo cual este es un vicio que debe combatirse y del cual están contaminados casi todos los partidos). Enrique Peña Nieto será el próximo Presidente de la República elegido por una mayoría poblacional; no obstante, las razones que movieron a votar por el PRI son diversas según cada estado, municipio o incluso individuos. Como lo son las razones que movieron a un sector numeroso a votar por el PRD, y a otro sector, no tan menguado ni pequeño, a votar por el PAN. En el caso del Partido Nueva Alianza, que quedó en un cuarto lugar, las razones del voto por parte de sus electores quizá no varíen de una manera tan compleja, pero podemos afirmar que la razón de peso haya sido el deseo de ver gobernar a una nueva opción (más allá de que esta opción sea en realidad nueva) y la imagen, digamos que favorable, que dejó su candidato: Gabriel Quadri. En el caso de las personas que sufragaron a favor del PRI, las razones hayan sido la creencia de que existía un nuevo PRI o la impopularidad, en algunos sectores, hacia el PAN y el PRD. En el caso del voto por el PRD, la razón fundamental fue la de ver en la Presidencia a un gobierno de izquierda y a un Presidente de la República benefactor y de vocación social a los sectores desprotegidos; en el caso del PAN, fue la buena imagen de Calderón y Josefina Vázquez Mota, además de la percepción de que votar a favor de AMLO era conducir a la nación hacia el camino de los países del círculo chavista, de que sufragar a favor de Peña Nieto era regresar al pasado autoritario y de que darle un voto a Quadri era un desperdicio, además de que era una consolidación a un partido manejado por el sindicato magisterial de Elba Esther Gordillo. Pero en fin, estas son las razones fundamentales; recalco, existen otras según la psicología de cada persona o el caso particular de cada municipio o entidad para decidirse por una u otra opción.
Más allá de las razones del voto, quien gobierne a México entre el 1 de diciembre de 2012 y el 30 de noviembre de 2018 deberá gobernar para todos; hacer realidad el sueño prometido a sus votantes, sumar popularidad gobernando para los que se decidieron por otras opciones y contribuir a alejar el fantasma del abstencionismo y el asco hacia la política entre los sectores no menores que decidieron anular su voto o de plano abstenerse de ir a votar. En cuanto a los actores políticos, sociales e intelectuales, les queda la tarea de contribuir a que la transición que vendrá en este período entre julio y diciembre sea lo menos cruenta posible, por el bien del país; deben comenzar a reconocer la victoria del ganador y sumar la buena voluntad para que reciba al país en calma política; en esta tarea, el Partido Nueva Alianza y el Partido Acción Nacional ya dieron un paso al frente. En cambio, quien obtuvo más votos que ellos, el PRD y sus aliados, ya comenzaron el lamentable papel de desconocer una vez más (como en 2006) la elección presidencial. Esta actitud, que les llevó a una impopularidad a lo largo de la mayor parte de este sexenio y a constantes crisis, fue superada en el curso de este año. Pero de volver a las andadas, no solamente regresarían las crisis y la impopularidad; ahora si, sería difícil que para 2018 vuelvan a ganar un segundo lugar, por no decir que la victoria presidencial será más alejada en el escenario nacional.
Queda también otra última tarea, y esta es la más importante, toda vez que reflejaría que la democracia ha avanzado en la mentalidad del mexicano y en las aspiraciones nacionales; la tarea de ser críticos y participativos. No dejar que el próximo Presidente se convierta en un Presidente imperial, como lo fueron los que mandaban en los Pinos entre mediados de los años treinta y finales del siglo pasado. Al próximo Presidente de la República, no importando que se llame Enrique, Andrés Manuel, Josefina o Gabriel, se le deben exigir cuentas claras; se le deben realizar críticas necesarias y constructivas, además de ponerle ante sí a las organizaciones cívicas que existen o que vayan a surgir; esto será un freno a sus posibles deseos de querer pasar de un Presidente republicano a un Presidente imperator (de ser un mandatario al estilo de los países más avanzados, a ser un ungido de legitimidad imperial al estilo México siglo XX, o al estilo Roma imperial). Impedir una posible regresión, la cual sería la madre de otras regresiones. Y no solo se le debe impedir un retroceso: es imperativo que se le demande avances. Es necesario una reforma electoral que cumpla con varios objetivos: clarificar la procedencia de dinero ilícito a las campañas; hacer que la democracia sea menos costosa, ya que no puede ser que en México se destine más dinero que en los países considerados de primer mundo; y sobre todo lo más importante en este momento: disminuir a un mínimo bastante considerable (si es posible darle fin) a la compra de votos. No es posible que la compra de votos defina algunas elecciones, y esta práctica debe terminar. La compra de votos es algo que se da tomando como eje la pobreza y la falta de conciencia cívica, pero se puede prevenir por medio de varios métodos, como realizar un seguimiento de los dineros que usan los partidos políticos, aunque es evidente que esta práctica requiere de otras propuestas, que deberán surgir en el curso del sexenio entrante. Por supuesto, si es posible, deben comenzar en la fase final del sexenio en curso.
Finalmente, la tarea de hacer avanzar a un país por el sendero democrático, además de otros aspectos como el educativo, el social, el económico, el cultural, el ecologista, etcétera, no es exclusiva del Presidente. Es una tarea en la que de alguna u otra forma debemos participar todos los ciudadanos, aunque de diferente forma según nuestro lugar y posición. Respecto a la tarea de legislar, el Congreso es la institución encargada. Al Congreso se le debe exigir también para la buena marcha administrativa y gubernamental de la nación. La sociedad civil no debe agotarse en llevar sus exigencias a la oficina principal de los Pinos; las exigencias deben llegar a los escaños, a las lujosas oficinas de los senadores y diputados, a las oficinas de los gobernadores y presidentes municipales y hasta a los medios de información. La tarea de gobernar a un país es compleja y difícil; es un reto enorme más que un arte. Si esta premisa vale para una nación de escaso territorio, de poca población y de primer mundo, como Holanda, Suiza o Mónaco, más lo vale para una nación de un territorio de más de un millón y medio de kilómetros cuadrados (como México), de una población enorme, a veces asentada en un territorio inmenso para la densidad poblacional, otras veces asentada en un espacio sobrepoblado (como México) además de contantes problemas sociales y de una enorme pobreza y marginación (como México). La tarea de gobernar a México en el próximo sexenio debe comenzar a prepararse en estos últimos meses de transición.
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