sábado, 14 de julio de 2012

ELECCIONES 2012: Fin del panismo presidencial; regreso del PRI



El domingo pasado, 1 de julio de 2012, se sucedieron las tan esperadas elecciones presidenciales de México. Además, hubo elecciones para elegir senadores, diputados federales y en el Distrito Federal Jefe de Gobierno, representantes y delegados políticos. En cuanto a los estados del interior, en este día hubo elecciones estatales en Guanajuato, Jalisco, Tabasco, Morelos y Yucatán. Las elecciones, según lo anunciado, fueron muy concurridas; el abstencionismo electoral fue derrotado. Fue una jornada pacífica, democrática y participativa. En lo que respecta a la Presidencia, participaron cuatro candidatos: Josefina Vázquez Mota por el gobernante Partido Acción Nacional (PAN); Enrique Peña Nieto postulado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en alianza con el Partido Verde Ecologista Mexicano (PVEM); Andrés Manuel López Obrador, postulado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Trabajo (PT) en alianza con otros partidos chicos de izquierda; y finalmente Gabriel Quadri de la Torre, postulado por el partido de la familia Gordillo, el Nueva Alianza. 

En estas elecciones, el ganador fue sin lugar a dudas el PRI (y de alguna manera su aliado). Enrique Peña Nieto ganó las elecciones más vigiladas de la historia nacional, aunque no necesariamente las más competitivas; esas fueron las elecciones de 2006, en las que el triunfador, el actual mandatario Felipe Calderón Hinojosa, ganó por menos de un punto porcentual. A partir del 1 de diciembre de este año, Enrique Peña será el próximo presidente de la República Mexicana. Representa esto el regreso del PRI a los Pinos, después de 12 años de ausencia, y con esto, el estilo corporativista- presidencial de hacer política, aunque esto no quiere decir que sea el regreso de los viejos tiempos; del régimen fundado por Lázaro Cárdenas y finalizado con la reforma electoral de 1996; esto depende del electorado y el pueblo en general. Además, el PRI gana la mayor parte de las senadurías y diputaciones federales (sin lograr mayoría absoluta);   por otro lado, el partido que gobernará por segunda ocasión a México ganó holgadamente las elecciones a Gobernador en Yucatán; recuperó el estado de Jalisco y solo la pérdida de la gubernatura de Tabasco sería la mosca en la sopa. Fue un triunfo contundente y a todas luces, evidente. 

El segundo ganador de estas elecciones fue la dupla PRD- PT y el Partido Convergencia Mexicano. Andrés Manuel López Obrador quedó en segundo lugar nuevamente; y aunque el porcentaje de diferencia respecto del vencedor ya no sea tan cerrado, sin lugar a dudas es un honor. El PRD, además, se convierte en la segunda fuerza electoral mexicana en el congreso, y además, por si fuera poco, ganó de manera rotunda el Distrito Federal; el candidato a Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, obtuvo un triunfo mayor incluso al de Andres Manuel López Obrador hace ya doce años. Y no solo esto; retuvo una entidad y ganó una nueva:  Tabasco. En esta entidad, el ex priista Arturo Núñez será el primer Gobernador no priista de la entidad desde hace ya más de ochenta años. Por otro lado, al PAN le arrebató la gubernatura de Morelos; Graco Ramírez fue el candidato triunfador. El PRD llegó a un lugar en las elecciones que hace unos meses no se esperaba, debido a las crisis que durante este sexenio tuvo que soportar el PRD, y a que hace unos cuantos meses el candidato de las izquierdas estaba en un tercer lugar en cuanto a las preferencias de la ciudadanía. Bien manejado, este capital político puede hacerle sombra al PRI en el sexenio que comienza en diciembre, y hasta podría el PRD llegar a la Presidencia en diciembre de 2018. 

El Partido Nueva Alianza está en un lugar que no podría definirse como de ganador, aunque tampoco de perdedor. No ganó la Presidencia, a pesar de la buena imagen que su candidato dejó desde el primer debate presidencial, pero de alguna manera, y pese a la buena estrella de su candidato, esto era de esperarse en un partido pequeño y de corta historia. Este detalle le quita la categoría de ser el perdedor, aunque haya quedado en el último lugar en votación nacional. Pero existe otro aspecto que hay que tomar en cuenta: Nueva Alianza obtuvo una votación más elevada de la que tradicionalmente se espera para un candidato de un partido pequeño, y además, todos los indicios indican que este partido obtuvo bastante ganancia en lo que se refiere al congreso. Estas elecciones fueron un éxito para el Nueva Alianza, y bien manejado este capital político, podría llevarlo a ser un partido mayor en las siguientes competencias electorales. 

El PAN fue, sin lugar a dudas, el perdedor de las elecciones. De los tres partidos grandes y tradicionales, el PAN quedó en un tercer lugar; esto a pesar de que durante algunos meses antes de la competencia electoral estaba en un segundo lugar. El PAN fue el partido que resultó humillado en esta competencia, y dificilmente podrá recuperarse (no es imposible, como lo demuestra el mismo PRI, que hace seis años fue el perdedor y ahora es el ganador). En la historia posterior quedará la interrogante de cómo fue que una candidata atractiva y fresca perdió puntos porcentuales de votación a lo largo y ancho de la campaña electoral. El PAN deberá hacer un duro examen de conciencia, de reorganización y hasta de crítica interna si quiere quitarse este amargo sabor de boca que le dejaron las elecciones. No solo su candidata; el PAN será la tercera fuerza electoral en el congreso, y para colmo, perdió dos gubernaturas; Jalisco, a manos del PRI, y Morelos, a manos del PRD. En el Distrito Federal su candidata quedó en 15 % de votación, y el único consuelo que le queda al PAN es haber retenido la gubernatura de Guanajuato.

Resultados electorales por entidad federativa


Las elecciones presidenciales se saldaron con un triunfo del PRI a la Presidencia. Esto se refleja en los resultados electorales que hubo en cada entidad. El mapa electoral según la entidad federativa refleja el ascenso y el triunfo del PRI, el avance del PRD y el retroceso y el fracaso del PAN.

Según los resultados, el PRI ganó en 20 entidades de la República: Aguascalientes, Baja California Norte, Baja California Sur, Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Yucatán y Zacatecas.

El PRD ganó en 8 entidades federativas, las cuales son las siguientes: Distrito Federal, Guerrero, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco y Tlaxcala.

El PAN, en cambio, solo ganó en 4 entidades: Guanajuato, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz.

El Partido Nueva Alianza obtuvo considerables votos, pero no ganó en ninguna entidad. México, por lo que se puede reflejar, sigue siendo el país de los tres grandes (PRI, PRD y PAN) y el resto, conocida como la chiquillada, aunque el Nueva Alianza pueda consolidarse en el futuro.

Los resultados reflejan los triunfos y los fracasos de los tres grandes partidos. El PRI y el PRD ganaron, respectivamente, el Estado de México y el Distrito Federal, que son las entidades más pobladas de la República Mexicana. Además, entre las entidades ganadas por el PRI además del Estado de México, se ubican algunos en donde existe un considerable número de habitantes: es el caso de Jalisco. Por su parte, el PRD ganó Puebla, en donde se ubica la ciudad capital de Puebla de los Ángeles, una de las más pobladas del país. En cambio el PAN ganó Nuevo León y Guanajuato. Las razones del voto de la gente en cada entidad es seguro que varió de acuerdo a las circunstancias particulares. Es probable que en Nuevo León se tenga la premisa de que la violencia que viven varias entidades del país (entre ellas Nuevo León, siendo un caso trágico de este fenómeno el ataque al casino el año pasado) sea consecuencia de los gobiernos estatales priistas. Quizá se tenga la percepción de que los gobiernos del PRI son cómplices corruptos de los sicarios y grupos del crimen organizado, como los famosos y sanguinarios zetas. Esa puede ser la razón principal del voto por la candidata del gobierno, Josefina Vázquez Mota. En cambio, probablemente en Coahuila y en Chihuahua (otras dos entidades asoladas por la violencia del crimen organizado) se tenga otra percepción: el gobierno del actual mandatario, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzó a una guerra contra los narcos sin preparación alguna y de manera inepta, y ello ha traido como consecuencia la violencia, y según esta percepción que refleja gran parte del electorado, el PRI si tiene experiencia para negociar. Estas pueden ser las razones del voto a favor del PRI y de su candidato, el príncipe de Atlacomulco.

El sector poblacional del Distrito Federal y Morelos, en cambio, tienen posiciones distintas. Quizá en el Distrito Federal ganó el PRD gracias a la buena imagen de Marcelo Ebrard, el actual Jefe de Gobierno, y además, a la imagen fresca y moderada de Miguel Ángel Mancera, que ganó por más de 60 % de votación. Ahora bien, tanto para los defeños como para los morelenses, quizá se tenga aun malos recuerdo del pasado, y los blanquiazules no respondieron a sus expectativas. Para ellos, quizá la violencia criminal sea consecuencia de un doble lastre: la corrupción y la complicidad en los gobiernos estatales y varios presidentes municipales priistas y a la torpeza del gobierno de Calderón y el PAN. En fin, en las razones del voto a favor de uno u otro candidato estuvo la percepción y el sentir general de la población de cada entidad   federal.

Diagnosticar la elección presidencial


Respecto al tema de la legitimidad de la elección, ya se han dejado correr voces y opiniones que van desde la franca aprobación sin reservas hasta la abierta descalificación por parte de un candidato (Andrés Manuel López Obrador) y sus seguidores, pasando por la aprobación pero con ciertas críticas al proceso electoral. Este es un tema candente en el debate nacional de estos días. Que tan resistente es el sistema electoral en México para prevenir un fraude electoral o la compra de votos, además de otras ilegalidades, es la pregunta que muchos se hacen, en medio de un conflicto postelectoral que ya estalló, aunque todavía no llegue a su punto culminante.

Desde la reforma política de 1996, México tiene un sistema para prevenir un fraude electoral; es decir, una imposición de un candidato impopular a un puesto de elección popular, aunque en el caso de los niveles municipales, la situación es muy distinta en municipios clasificados como rurales. En varios de estos municipios, tanto el aislamiento respecto de otras poblaciones, o bien, las difíciles comunicaciones con otros municipios, además de la escasa población, la ignorancia y la marginación, aunada a una nula presencia de fuerzas federales y estatales, hacen que el ejercicio de las elecciones sea difícil y esté a merced de las autoridades municipales. Estas condiciones son un caldo de cultivo que favorecen el caciquismo por parte de presidentes municipales, presidentes seccionales, comisarios ejidales u otras autoridades. En estas condiciones, el ejercicio de la participación ciudadana es escasa e inoperante, y es así como el fraude electoral se da de manera totalmente abierta y descarada (en estos casos, el fraude de manera burda o de forma muy disimulada todavía no se conocen; por el contrario, se está en la edad de piedra en la cuestión electoral).

Sin embargo, y pese a estos casos que por supuesto deben preocupar, y que son una herencia de un pasado de régimen autoritario que no solo compete al régimen del PRI- Sistema (aunque las formas del PRI sean las usadas debido a la cercanía respecto a esta época) una cosa es un hecho: ya no es posible, en los municipios más poblados, además de varios municipios urbanos, realizar un fraude electoral en varias casillas, de una manera tal que la elección sea decidida por estos medios, con el objetivo de imponer a un candidato (o candidata) impopular y repudiado. Y menos es posible esto a nivel estatal o federal. Sin embargo, lo que si es un hecho es que esto no significa que en la elección no puedan ocurrir serias ilegalidades o actos que si bien en sí no son formas de imposición, si, en cambio, están prohibidas por la ley y por lo tanto, son ilegales. Una de estas acciones, quizá la más antigua y famosa, es la compra de votos; esto se da mediante una operación en la que mediadores u operadores de un partido político escogen a un número determinado de habitantes marginados, posteriormente se les ofrece dinero u otras cosas como kilos de frijol y maíz, entre otras cosas, con la condición de que los que reciban esos regalos que sin duda necesitan dada su situación económica y social, vayan a votar a favor del candidato para el que los mediadores trabajan. Es decir, se crea una forma de compraventa: el mediador ofrece algo a cambio de un voto. Esta práctica sucia y perversa no es nueva, como ya he señalado, y no es única de México: otros países con una considerable cantidad de población marginal tienen esta práctica sucia entre sus costumbres. En México, cuando se habla de compra de votos normalmente se utiliza la palabra "tortivotos", debido a la frecuencia con la que se ofrece, a cambio del voto, una torta, aunque es de señalar que en las pasadas elecciones federales, la mayor parte de los casos denunciados hasta ahora no tuvieron que ver con compra de votos por medio de una torta; según los casos expuestos y denunciados, la compra de votos se realizó mediante la repartición (más de tres mil casos reportados) de tarjetas soriana, además de otros casos en los que supuestamente se ofrecieron productos en especie a ciudadanos marginados de municipios pobres a cambio de votos.

No obstante los casos denunciados, estos no son suficientes para anular la elección: la diferencia de votos entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador es de varios puntos porcentuales (más de 6 %) y la diferencia de votos es demasiado alta como para suponer que el triunfo de Enrique Peña Nieto haya sido producto de la compra de votos. Si bien las denuncias de compra de votos deben investigarse y sancionarse en caso de ser comprobadas, es un hecho que en este episodio electoral, un porcentaje mayoritario decidió darle una segunda oportunidad al PRI para gobernar (otro punto que no debe soslayarse, es que también existen evidencias de compra de votos por parte del PRD- PT, y siendo que el PAN es uno de los partidos grandes, es seguro que existen casos menores por parte de ese partido, por lo cual este es un vicio que debe combatirse y del cual están contaminados casi todos los partidos). Enrique Peña Nieto será el próximo Presidente de la República elegido por una mayoría poblacional; no obstante, las razones que movieron a votar por el PRI son diversas según cada estado, municipio o incluso individuos. Como lo son las razones que movieron a un sector numeroso a votar por el PRD, y a otro sector, no tan menguado ni pequeño, a votar por el PAN. En el caso del Partido Nueva Alianza, que quedó en un cuarto lugar, las razones del voto por parte de sus electores quizá no varíen de una manera tan compleja, pero podemos afirmar que la razón de peso haya sido el deseo de ver gobernar a una nueva opción (más allá de que esta opción sea en realidad nueva) y la imagen, digamos que favorable, que dejó su candidato: Gabriel Quadri. En el caso de las personas que sufragaron a favor del PRI, las razones hayan sido la creencia de que existía un nuevo PRI o la impopularidad, en algunos sectores, hacia el PAN y el PRD. En el caso del voto por el PRD, la razón fundamental fue la de ver en la Presidencia a un gobierno de izquierda y a un Presidente de la República benefactor y de vocación social a los sectores desprotegidos; en el caso del PAN, fue la buena imagen de Calderón y Josefina Vázquez Mota, además de la percepción de que votar a favor de AMLO era conducir a la nación hacia el camino de los países del círculo chavista, de que sufragar a favor de Peña Nieto era regresar al pasado autoritario y de que darle un voto a Quadri era un desperdicio, además de que era una consolidación a un partido manejado por el sindicato magisterial de Elba Esther Gordillo. Pero en fin, estas son las razones fundamentales; recalco, existen otras según la psicología de cada persona o el caso particular de cada municipio o entidad para decidirse por una u otra opción.

Más allá de las razones del voto, quien gobierne a México entre el 1 de diciembre de 2012 y el 30 de noviembre de 2018 deberá gobernar para todos; hacer realidad el sueño prometido a sus votantes, sumar popularidad gobernando para los que se decidieron por otras opciones y contribuir a alejar el fantasma del abstencionismo y el asco hacia la política entre los sectores no menores que decidieron anular su voto o de plano abstenerse de ir a votar. En cuanto a los actores políticos, sociales e intelectuales, les queda la tarea de contribuir a que la transición que vendrá en este período entre julio y diciembre sea lo menos cruenta posible, por el bien del país; deben comenzar a reconocer la victoria del ganador y sumar la buena voluntad para que reciba al país en calma política; en esta tarea, el Partido Nueva Alianza y el Partido Acción Nacional ya dieron un paso al frente. En cambio, quien obtuvo más votos que ellos, el PRD y sus aliados, ya comenzaron el lamentable papel de desconocer una vez más (como en 2006) la elección presidencial. Esta actitud, que les llevó a una impopularidad a lo largo de la mayor parte de este sexenio y a constantes crisis, fue superada en el curso de este año. Pero de volver a las andadas, no solamente regresarían las crisis y la impopularidad; ahora si, sería difícil que para 2018 vuelvan a ganar un segundo lugar, por no decir que la victoria presidencial será más alejada en el escenario nacional.

Queda también otra última tarea, y esta es la más importante, toda vez que reflejaría que la democracia ha avanzado en la mentalidad del mexicano y en las aspiraciones nacionales; la tarea de ser críticos y participativos. No dejar que el próximo Presidente se convierta en un Presidente imperial, como lo fueron los que mandaban en los Pinos entre mediados de los años treinta y finales del siglo pasado. Al próximo Presidente de la República, no importando que se llame Enrique, Andrés Manuel, Josefina o Gabriel, se le deben exigir cuentas claras; se le deben realizar críticas necesarias y constructivas, además de ponerle ante sí a las organizaciones cívicas que existen o que vayan a surgir; esto será un freno a sus posibles deseos de querer pasar de un Presidente republicano a un Presidente imperator (de ser un mandatario al estilo de los países más avanzados, a ser un ungido de legitimidad imperial al estilo México siglo XX, o al estilo Roma imperial). Impedir una posible regresión, la cual sería la madre de otras regresiones. Y no solo se le debe impedir un retroceso: es imperativo que se le demande avances. Es necesario una reforma electoral que cumpla con varios objetivos: clarificar la procedencia de dinero ilícito a las campañas; hacer que la democracia sea menos costosa, ya que no puede ser que en México se destine más dinero que en los países considerados de primer mundo; y sobre todo lo más importante en este momento: disminuir a un mínimo bastante considerable (si es posible darle fin) a la compra de votos. No es posible que la compra de votos defina algunas elecciones, y esta práctica debe terminar. La compra de votos es algo que se da tomando como eje la pobreza y la falta de conciencia cívica, pero se puede prevenir por medio de varios métodos, como realizar un seguimiento de los dineros que usan los partidos políticos, aunque es evidente que esta práctica requiere de otras propuestas, que deberán surgir en el curso del sexenio entrante. Por supuesto, si es posible, deben comenzar en la fase final del sexenio en curso.

Finalmente, la tarea de hacer avanzar a un país por el sendero democrático, además de otros aspectos como el educativo, el social, el económico, el cultural, el ecologista, etcétera, no es exclusiva del Presidente. Es una tarea en la que de alguna u otra forma debemos participar todos los ciudadanos, aunque de diferente forma según nuestro lugar y posición. Respecto a la tarea de legislar, el Congreso es la institución encargada. Al Congreso se le debe exigir también para la buena marcha administrativa y gubernamental de la nación. La sociedad civil no debe agotarse en llevar sus exigencias a la oficina principal de los Pinos; las exigencias deben llegar a los escaños, a las lujosas oficinas de los senadores y diputados, a las oficinas de los gobernadores y presidentes municipales y hasta a los medios de información. La tarea de gobernar a un país es compleja y difícil; es un reto enorme más que un arte. Si esta premisa vale para una nación de escaso territorio, de poca población y de primer mundo, como Holanda, Suiza o Mónaco, más lo vale para una nación de un territorio de más de un millón y medio de kilómetros cuadrados (como México), de una población enorme, a veces asentada en un territorio inmenso para la densidad poblacional, otras veces asentada en un espacio sobrepoblado (como México) además de contantes problemas sociales y de una enorme pobreza y marginación (como México). La tarea de gobernar a México en el próximo sexenio debe comenzar a prepararse en estos últimos meses de transición. 

martes, 7 de febrero de 2012

ARRANCA la batalla: MORENA, Atlacomulco, los azules y... los demás





El domingo pasado (5 de febrero, día de la constitución) terminó lo que podría denominársele el período de precampañas. Este día, después de una larga espera, el partido gobernante en México (Partido Acción Nacional PAN) llevó a cabo su esperadísima elección interna para elegir a su próximo candidato presidencial. La elección interna se llevó a cabo cuando los otros dos partidos grandes de la República Mexicana ya habían elegido candidato, llevándole al PAN ya más de un mes y medio de ventaja en ambos casos. Como se sabe, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) eligió candidato a la presidencia desde mediados de noviembre pasado. El ungido, después de una consulta nacional, fue Andrés Manuel López Obrador, quien ya había sido candidato presidencial del PRD y otros partido en 2006: justamente el proceso electoral en el que ganó la Presidencia el actual mandatario Felipe Calderón Hinojosa. Por otro lado, en diciembre el antiguo partido gobernante PRI (Partido Revolucionario Institucional), reconoció como su candidato presidencial a quien ya se esperaba: Enrique Peña Nieto, el príncipe del Grupo Atlacomulco y ex Gobernador del Estado de México.

El año 2012 había comenzado ya con el PRI y el PRD con sus candidatos definidos. El PAN, el tercer gran partido de México, faltaba en el cuadro. Pero después de una esperadísima elección interna, el panismo se decidió. En la elección interna, como se sabe, compitieron tres precandidatos: Ernesto Javier Cordero Arroyo, precandidato oficial de Felipe Calderón, el que representaba la continuidad de la facción presidencial y ex Secretario de Hacienda y Crédito Público en el gabinete calderonista; por el otro lado, Santiago Creel Miranda, ex Secretario de Gobernación en el sexenio foxista y Senador en el sexenio actual, además de ser el precandidato del ex Presidente Vicente Fox; y por último Josefina Vázquez Mota, ex Diputada Federal. El panismo se decidió por su candidata popular e imagen fresca: Josefina Vázquez Mota.

La elección interna del partido gobernante y el nombramiento de Vázquez Mota representan dos cosas significativas: 1. El inicio del período de campaña: a partir de aquí hasta julio, ha comenzado la batalla entre los tres grandes por la Presidencia, y 2. La nominación, por primera vez en la historia, de una mujer como candidata del PAN a la Presidencia. No solo esto: si bien Josefina Vázquez Mota no es la primera candidata presidencial en la historia de México (antes ya hubo varias como Rosario Ibarra de Piedra en 1982 y 1988; además de Cecilia Soto González y Marcela Lombardo Otero en la elección de 1994 y Patricia Mercado Castro en 2006), en cambio es la primera vez en la historia mexicana que una mujer es candidata presidencial de uno de los principales partidos políticos.

La batalla presidencial, por lo tanto, ha comenzado. No será fácil para ninguno de los contendientes. Desde 1988, en todas las sucesiones presidenciales se ha acostumbrado que hay tres fuerzas políticas: en el 88 fueron el PRI, el PAN y el Frente Democrático Nacional (FDN, antecesor del PRD); en 1994, 2000 y 2006 fueron el PRI, el PAN y el PRD. En este 2012, nuevamente lo serán el PAN. el PRI y el PRD. También, se acostumbra que de los tres grandes, dos sean los ganadores y uno sea el que quede en tercer lugar. En estas sucesiones presidenciales, además, participan otros pequeños partidos, los cuales desempeñan dos tipos de papel: o adornan las boletas, o se unen en alianza a cualquiera de las tres principales fuerzas políticas.

Precisamente porque el PRI, el PRD y el PAN serán los protagonistas, se analiza, a continuación, los posibles escenarios de los tres grandes partidos. Además, se esbozará un perfil biográfico de sus candidatos: los protagonistas de la elección de 2012. Aunque el PAN es el partido gobernante, tendré que comenzar con el PRI, debido a que es la fuerza política que tiene en su poder más diputados federales y gubernaturas, además de ser el favorito en las encuestas.

  • El príncipe de Atlacomulco: la restauración del siglo XX
Enrique Peña Nieto es el candidato presidencial del PRI. Peña Nieto es, por lo tanto, el candidato que representa el siglo XX mexicano, pues su partido gobernó a la nación durante la mayor parte de ese siglo turbulento. Además, Enrique Peña representa la restauración del pasado, pese a la imagen de un pretendido nuevo PRI. Enrique Peña Nieto es pariente de políticos reconocidos del PRI, y es, por así decirlo, la creación mediática de Televisa y del grupo político conocido como Atlacomulco. Peña Nieto está apoyado por la maquinaria corporativa del ex partido oficial, la alta dirigencia del PRI y sectores de población que añoran los tiempos añejos: este sector considera que el PAN y sus dos sucesivos gobiernos son los responsables de la narcoviolencia, la crisis, la pobreza y otros males que afronta México. Para ellos, los priistas si tienen experiencia.

Enrique Peña Nieto es un hombre relativamente joven. El actual candidato del PRI nació el 20 de julio de 1966 en el municipio de Atlacomulco, Estado de México. Es egresado de la carrera de Derecho por la Universidad Panamericana y estudió una maestría en Administración de Empresas en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Estos datos biográficos son una fuente nada despreciable. Además, Peña Nieto está emparentado con el ex gobernador mexiquense Alfredo del Mazo González, y esto es un capital político de peso.

El candidato y su partido tienen puntos a favor y en contra en esta contienda. Por un lado, existen factores que pueden darles la victoria, aunque también existen otros puntos desfavorables. Como se sabe, el PRI encabeza las encuentas de intención de voto. Esto puede ser benéfico, pero también podría ser una debilidad: nada está escrito todavía (como se comprobó hace casi seis años) y esa ventaja bien puede infundirles a los priistas demasiada confianza.

El PRI tiene a su favor, como ya mencioné, un sector de población harta del PAN en el poder. Un sector que considera que el PAN ha creado la mayor parte de los males que vive el país. Un sector que considera que todo tiempo pasado fue mejor, y que han alimentado la leyenda de que los tiempos añejos del PRI eran mejores. Un sector que no quiere darle la oportunidad al PRD: lo consideran un partido radical, de aires violentos y corresponsable del panorama que vive el país. El PRI despierta atractivo en ese sector de población: se le considera un instituto serio, con experiencia para gobernar y alejado de los radicalismos tipo Peje y PRD.

El PRI tiene a su favor otros factores: es indudable que su candidato ha tenido amplio apoyo de Televisa y es también indudable que Enrique Peña Nieto se ha promovido desde sus años de Gobernador. El candidato es un hombre bien parecido, a ojos de muchas personas. La imagen física da ventaja en un proceso electoral, y si a esto le añadimos que está casado con una hermosa y popular actriz de telenovelas (Angélica Rivera) el resultado podría ser el esperado en julio próximo.

Claro que estos son puntos favorables. Sin embargo, estos puntos favorables no son definitivos. El triunfo del PRI no es aun seguro, aunque es muy probable. Los puntos negativos también son varios para el PRI y su candidato. El encabezar las encuestas puede llevar al PRI a confiar en el tiempo, y esto podría ser perjudicial, aunado a los puntos desfavorables.

Entre los puntos desfavorables está la imagen del PRI. Si bien existe un sector no escaso de personas que apoyan el regreso del PRI por considerarlo alejado del radicalismo y que culpan al PAN de casi todo lo malo de los últimos tiempos, también existe un sector numeroso que no ha olvidado al PRI. Un sector de población que si bien critica al PAN, no por eso le apuestan al PRI. Tampoco al PRD. Para este grupo de personas, los tiempos actuales no han sido buenos: los gobiernos panistas han sido mediocres, pero para ellos, el tiempo pasado no fue mejor. Y además, hay que agregarle otro sector de población que si bien repudia al PAN, tampoco quiere mucho al PRI. Es más: han crecido con la propaganda de que el PRI y el PAN son lo mismo; son parte de una élite que han gobernado mal y solo para los ricos. Este sector quiere darle la oportunidad a otros: al partido que lleva como caudillo al tabasqueño de Macuspana.

Por otro lado,el candidato priista ha tenido verdaderos resbalones públicos en estos meses. Aparte de su papel en la Feria del Libro de Guadalajara, en donde olvidó títulos de libros y confundió autores a una pregunta de que obras lo han impactado, el candidato empeoró con un mensaje de twitter de su hija adolescente, de nombre Paulina. Como se sabe, ante las críticas a su padre por lo sucedido en la Feria de Libros, Paulina envió un mensaje descalificando a los críticos de su padre proles y pendejos. Semejante utilización de la palabra prole atrajo indignadas críticas de miles de personas a través de facebook, twitter y otros canales de comunicación. La chica borró su comentario y pidió disculpas, al igual que su padre. Pero las repercusiones del escándalos ya estaban en el ambiente.

Además, y por si esto fuera poco, en los siguientes días el candidato del PRI cometió otros resbalones. Por una parte, no supo a cuanto asciende el salario mínimo en México, y ante una pregunta relacionada con los precios de ciertos artículos de consumo, el candidato afirmó que el no era la ama de casa como para saberlo. Estos últimos errores le han costado al candidato críticas y cuestionamientos en torno a si tendrá la capacidad de gobernar a un país sin conocer datos que tendrían que ser básicos en su plan de gobierno.

Aun así, el regreso del PRI puede ser posible. Aunque el PRI ha hecho intentos por mostrar una imagen de partido renovado, e incluso se habla de un nuevo PRI, existen indicios que confirman que el PRI sigue siendo el mismo de siempre. Un partido corporativo, caciquil y antidemocrático que está dando la pelea por represar a la Presidencia de la República. En fin, el PRI tiene que dar la batalla para ganar, y el escenario con el que empieza tiene cierta ventaja: gobierna la mayoría de la población mexicana a nivel estatal. Tiene la mayor parte de la cámara baja y una maquinaria poderosa, a pesar de ya no contar con el sindicato de maestros y su controvertida lideresa.

  • El caudillo de Macuspana: MORENA o la República del "amor"
Andrés Manuel López Obrador es el candidato del PRD, como hace seis años. También lo es del Partido del Trabajo (PT); la organización satélite que se creó en 1989 con el patrocinio y la ayuda de Carlos Salinas de Gortari, y que tenía el objetivo de dividir el voto de izquierda para perjudicar al PRD. Hoy, ese partido ha nombrado al antisalinista López Obrador.

Andrés Manuel López Obrador nació el 13 de noviembre de 1953, en Macuspana, Tabasco. Vivió su niñez en una situación modesta; de clase media, a pesar de que su familia tenía relación estrecha con un político local del PRI y cacique de la región: Diego Rosique Gamas. Fue durante su adolescencia cuando ocurrió en su familia una tragedia que marcaría al personaje en el futuro: en una ocasión en que Andrés y su hermano Ramón jugaban con un arma de fuego, el artefacto se disparó. Ramón falleció como consecuencia de la bala que se disparó.

Andrés Manuel fue egresado de la licenciatura de Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM, en 1987. Entre 1976 y 1988, López Obrador perteneció al partido oficial (PRI); de este modo, el ahora candidato perteneció al régimen priista. Ocupó cargos importantes durante su período de pertenencia al régimen: Delegado del Instituto Nacional Indigenista (INI) en Tabasco; Presidente del Comité Ejecutivo Estatal del PRI en Tabasco en 1983 y al año siguiente, en la Ciudad de México, Director de Promoción Social del Instituto Nacional de Protección al Consumidor. Permaneció fiel al partido oficial aun incluso después de que Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y otros miembros de la denominada Corriente Democráctica rompieron con el partido oficial, entre octubre y noviembre de 1987.

En 1988, y debido a pugnas internas, López Obrador rompió con el partido oficial. Se unió al Frente Democrático Nacional (FDN), del cual fue candidato a Gobernador por Tabasco. Luego de las elecciones, en las que oficialmente ganó el PRI, Andrés Manuel denunció fraude electoral.

Entre 1988 y el año actual, López Obrador desempeñó diversos papeles en la izquierda perredista. Fue candidato de su partido a Presidente Municipal en 1991; candidato a Gobernador de Tabasco en 1994; Presidente del PRD en el sexenio de Ernesto Zedillo y Jefe de Gobierno del Distrito Federal entre 2000 y 2005 (es importante mencionar que en 1991 y 1994 denunció fraude electoral, en medio de irregularidades bastante evidentes, organizando actos de protesta). En 2006, fue candidato del PRD y otros partidos políticos a la Presidencia de la República, perdiendo ante Felipe Calderón. La derrota no fue reconocida por el famoso Peje, como se le conoce al candidato de izquierda: sin presentar suficientes pruebas, organizó actos de protesta, asumiendo actitudes radicales que llevaron a la perdida de popularidad.

Andrés Manuel López Obrador es ahora, de nuevo, el candidato del PRD. Como Peña Nieto, el otro candidato opositor, tiene puntos a favor y otros en contra. Por una parte, López Obrador tiene una imagen de candidato de perfil más bien modesto; es menos ostentoso y vive en un vecindario menos lujoso que la mayoría de los políticos provenientes o pertenecientes al ex partido oficial. Esto le da puntos favorables.

El candidato, por otro lado, es el representante de un partido que hasta la fecha no ha gobernado a nivel federal. Esto le da cierta imagen de nueva opción, aun cuando el PRD ha gobernado bastantes municipios y entidades (desde 1997 gobierna una de las dos más importantes: el Distrito Federal). Aun cuando López Obrador y la mayor parte del PRD y el PT están lejos de ser una opción nueva, pues la mayor parte de su miembros fueron miembros del PRI y del régimen en los años setenta y ochenta (algunos incluso desde antes), este dato es desconocido entre sectores no menores de la población. Entre este sector, existen porciones importantes de ciudadanía que aun recuerda al PRI, y que piensan que las deficiencias de México en la última década se le deben al PAN. En este sector, predomina la idea de que se le debe dar la oportunidad a quienes, según su entender, "no han gobernado a México". Una oportunidad a un partido y a un candidato a quienes perciben como honesto, cercano a los pobres y de naturaleza misionera.

Sin embargo, también existen los puntos negativos. Andrés Manuel López Obrador desempeñó, en el D.F., una administración que no estuvo exenta de actos de corrupción. Los famosos videoescándalos de 2004 (René Bejarano, Gustavo Ponce, Carlos Ímaz y otros) son recordados por no tan pocos electores. Si a esto le sumamos la imagen de radicales que tienen tanto el PRD como sus principales acólitos entre gran parte de la clase media, podemos afirmar que las elecciones de este año serán difíciles para el PRD.

No olvidemos, por otro lado, un hecho recientemente ocurrido, que precipita al PRD y al Peje en un sendero de muy probable derrota. El 17 diciembre del año anterior, falleció en la capital de Corea del Norte el brutal y siniestro dictador Kim Jong Il. El Partido del Trabajo escribió una pública nota de pésame, con marcados elogios al fallecido dictador. Este hecho ha terminado por desprestigiar a Andrés Manuel López Obrador. Sin recordar otra cosa más: también existe un sector numeroso que recuerda que Andrés Manuel López Obrador y la mayor parte del PRD, no son una opción nueva; pertenecieron al PRI en el pasado, en los años de Echeverría, López portillo y Miguel de la Madrid Hurtado. Los años que este sector recuerdan como los peores del sistema político PRI. No faltan los que además, tienen el dato de que el PT fue un partido palero del PRI: formado con ayuda de Salinas en 1989, y que como escribió el periodista argentino Andrés Oppenheimer en un libro acerca de México, recibió dinero en 1994, llegando a tener más recursos y carteles de propaganda que el PRD o el PAN.

Por otro lado, el domingo anterior el PAN eligió a una candidata carismática y de buena imagen: Josefina Vázquez Mota. Este hecho representa, sin lugar a dudas, una derrota para el PRD. Andrés Manuel y su equipo habían apostado a un candidato panista débil, de imagen opaca y de escaso atractivo: Ernesto Cordero. La elección de Vázquez Mota representa la llegada a la contienda presidencial de una candidata fuerte, que junto con Peña Nieto, le restará votos a MORENA y al candidato de la república del amor.

  • La candidata del blanquiazul: continuación y renovación
Josefina Vázquez Mota es la recién elegida candidata del partido en el poder: el Partido Acción Nacional PAN. El partido que destronó al régimen de la revolución en el 2000. El instituto que ganó en 2006 con un porcentaje de menos de 1 %. Hoy, Josefina tiene el reto enorme de vencer al PRI, evitar el regreso del pasado y continuar un camino que llegó hace poco menos de 12 años, aunque inyectándole nuevos aires.

Josefina Vázquez Mota nació en la Ciudad de México el 20 de enero de 1961. Estudió la Licenciatura de Economía en la Universidad Iberoamericana. En su biografía de wikipedia, se dice que Josefina Vázquez Mota obtuvo un Diplomado de Ideas e Instituciones en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Fue articulista de varios periódicos importantes como El Novedades, El Financiero y El Economista. Por otro lado, ha tenido una trayectoria en el mundo del empresariado, aunque no precisamente como empresaria, sino más bien como asesora de organismos o cámaras empresariales importantes. Todo esto hasta el año 2000, cuando ingresó a la política mexicana.

Fue elegida Diputada Federal por el PAN en el año 2000. Pidió licencia para ocupar un puesto en el gobierno de Vicente Fox: la Secretaría de Desarrollo Social. En 2006 fue coordinadora de la campaña de Felipe Calderón. A la llegada al poder de Felipe Calderón, Josefina Vázquez Mota ascendió a la Secretaría de Educación Pública. En 2009, volvió a ser elegida como Diputada Federal por el PAN.

Finalmente, Josefina Vázquez Mota ha sido nominada candidata del PAN a la Presidencia de la República. Este es sin lugar a dudas, un acontecimiento histórico en la vida política del país. Por un lado, es la primera mujer que ocupa la candidatura presidencial del PAN. Es, también, la primera mujer que es candidata de un partido grande de México, aunque como ya se mencionó, no es la primera si tomamos en cuenta a todos los partidos políticos.

Hoy, Josefina tiene el reto enorme de ganar para el PAN la Presidencia de la República en medio de un contexto de crisis económica, narcoviolencia y desprestigio del partido en el poder. Este es un punto negativo: el PAN ya tiene en el poder casi doce años, y evidentemente existe un desgaste en imagen. Sobre todo en un entorno de violencia criminal por parte de bandas de traficantes, y de crisis económica generalizada. Además, existen sectores de la población que quieren al PAN fuera del poder: para unos, el tiempo pasado fue mejor; para otros, hay que darle la oportunidad a la izquierda. Esto sin contar con actos de corrupción de algunas administraciones panistas. El abstencionismo electoral es un enemigo que casi siempre perjudica al PAN.

Sin embargo, existen puntos positivos, que pueden ser ventajosos. Por un lado, el PAN ha elegido a una mujer, y este elemento puede ser un atractivo para no pocos sectores que verían el triunfo de Josefina como un triunfo de la equidad de género. Por el otro lado, Josefina Vázquez Mota puede presumir de haber sido elegida candidata mediante un proceso democrático, en el que el precandidato oficialista resultó derrotado. Este detalle puede ayudar al PAN en su imagen frente al electorado. Un proceso democrático, una mujer como candidata y una continuidad sin continuismo. Un proyecto panista con signos de renovación.

Además, existe un sector numeroso que, si bien esperó más del PAN y es crítico de sus errores en el poder, aun no olvidan los años anteriores de PRI- Sistema. Para este sector numeroso de población, el presente no es admirable y adolece de fallas, pero eso no significa que el pasado o los tiempos añejos fueran mejor. Para este sector, el candidato del PRD y la plana mayor del partido amarillo son corresponsables de los males heredaros al país en 2000, toda vez que fueron ellos miembros del PRI y del régimen. Es este sector el que el PAN debe aprovechar, y tratar de convencer a los indecisos. Si logra convencer a ese sector indeciso, el PAN podría ganar por tercera ocasión la Presidencia, aunque también es de suponerse que no la tendrá tan fácil.

Lo que sí es cierto, es lo que señala en una columna el periodista Carlos Ramírez: la elección de Josefina Vázquez Mota es una derrota para AMLO y su partido, que esperaban un candidato panista débil.

  • La chiquillada
En estas elecciones, es seguro que existirán otros candidatos y otros partidos, como siempre. La llamada Chiquillada, o los partidos menores, que solo cumplen con el papel de adornar la boleta. De ellos, no hay mayor cosa que comentar.

domingo, 7 de agosto de 2011

EL régimen político de la revolución mexicana: analizar el pasado para comprender el presente











El presente, si queremos comprenderlo de manera clara, vuelve necesario tener presente el pasado inmediato. El tiempo añejo que ya se fue, pero que persiste en la cultura y en las costumbres, además de otros aspectos. Este ensayo pretende eso: comprender la realidad política de nuestro tiempo (el contexto que viene desde fines de la década de los noventa hasta la actualidad) partiendo del análisis de la realidad vivida durante la mayor parte del siglo XX. Los Cien años de confusión, Como le llamó al siglo XX Macario Schettino.

El siglo XX mexicano, como ya mencioné en otra entrada, tiene presencia en varios aspectos. El siglo XX mexicano persiste en las herencias que construyó y nos dejó: la corrupción institucionalizada, el sindicalismo corporativo y poderoso, la pésima calidad educativa, el ejido, la cultura nacionalista plagada de cierta xenofobia y simbolismos, el mito del agrarismo y la revolución que "hace justicia al pueblo", el estatismo en sectores estratégicos claves como el petróleo y la electricidad, el burocratismo, el narcotráfico, la piratería, el gangsterismo policial y político, la compra de votos en elecciones, etcétera. El México del siglo XX persiste también en problemas que en aquel México añorado por algunos ya eran herencia de otros pasados más remotos: la pobreza mayoritaria, el caciquismo rural, el analfabetismo numeroso, las supersticiones y prejuicios religiosos, entre otros.

Este asunto viene a cuento por aquello del probable regreso de ese México del siglo de la revolución. Como se sabe, en 2009 el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganó, en elecciones intermedias, la mayoría de la Cámara de Diputados, amén de ganar, ese mismo día, la mayoría de las gubernaturas en juego (excepto la de Sonora). En 2010, el PRI ganó la mayor parte de las gubernaturas en juego (solo perdió tres: Oaxaca, Puebla y Sinaloa). Finalmente, en este 2011 el antiguo partido gobernante ganó las elecciones del Estado de México. Este triunfo de su candidato a Gobernador es simbólico e importante: el Estado de México es la entidad más poblada, y su actual Gobernador (Enrique Peña Nieto) es la carta fuerte del partido en las elecciones federales y presidenciales del año próximo. Además, el PRI ganó las gubernaturas de Nayarit y Coahuila. Con todos estos triunfos, el regreso del PRI a la Presidencia es algo muy probable (algunos lo consideran ya seguro).

Si bien todavía no es totalmente seguro, es un hecho de alta probabilidad. Y es un hecho que sectores no muy escasos de población aplaude el regreso del PRI, por considerar al partido tricolor el indicado y el destinado para corregir los problemas que hoy aquejan: crisis económica, desempleo, falta de oportunidades, violencia extrema en el norte y otros estados del centro del país y la falta de horizontes claros. Aunque también hay que comentar, y esto es muy importante dejarlo en claro, que también existe un enorme sector de población que no quiere ni al PRI ni a los demás partidos, y esto podría ser la mosca en la sopa en el año próximo. De hecho, la mayor parte de los triunfos electorales del PRI se debieron al abstencionismo electoral. Esto fue muy notorio en 2010, en las elecciones estatales de Chihuahua y en las regionales de Baja California. En el primer caso, el triunfo de César Duarte Jáquez (actual Gobernador del estado), se obtuvo con solo el 35 % del electorado participando en la elección, y de ese 35 %, hubo un numeroso sector que votó por otras opciones. En ese mismo caso, los triunfos de los candidatos a presidentes municipales en la capital (Chihuahua), Juárez y Cuauhtémoc se presentaron en ese ambiente. En cuanto a Baja California, el asunto del abstencionismo estuvo peor: solo votó el 30 % del electorado en todo el estado. El PRI obtuvo, eso si, las presidencias municipales del estado, que son cinco.

Pero es un hecho que un sector numeroso apoya la idea del regreso del PRI a los Pinos. El regreso de una Presidencia apoyado por la maquinaria corporativa del único partido en el mundo que lleva los colores de la bandera de su país. El único partido que surgió desde el Estado mismo: el partido que estuvo en el poder a nivel nacional sin pasar por la oposición. Este enorme sector de población tiene razón al afirmar que el país vive situaciones difíciles, y de que se necesita un cambio. Pero ¿será el PRI el indicado para sacar al país de los males que aquejan a la nación mexicana? Al votar por el PRI ¿no estarán, en realidad, idealizando un pasado añejo?

Para entender el presente y responder la pregunta, debemos estudiar y analizar el régimen político del siglo XX mexicano. El sistema herencia de la revolución mexicana, el que diseñó y terminó de armar el primer Presidente imperial: Lázaro Cárdenas del Río. Estudiar ese régimen no en los sucesos importantes (que llevarían un libro entero) sino en sus características esenciales, en sus orígenes, en sus aciertos y debilidades, en sus fallas y vicios, y finalmente, en las circunstancias de su caída. Eso pretende este ensayo: estudiar y comprender al régimen de la revolución mexicana, cuya clase política tuvo el gobierno de su país (México) mas que cualquier otro régimen del siglo XX. Más que los regímenes comunistas de Mongolia y la URSS. Como dato adicional, los regímenes comunistas de Corea del Norte y China, que son ambos los regímenes mas longevos del siglo anterior que aun sobreviven, aun tendrán que permanecer mas de veinte años para superar al de la revolución mexicana.

  • Bases y características esenciales del régimen de la revolución mexicana


El régimen político de la revolución mexicana es complejo. Complejo en muchos sentidos. Complejo, para empezar, en cuanto a su duración: cuando comenzó y cuando terminó. La mayoría de las personas con ciertos conocimientos históricos señalan el año 1929 (mas específicamente a partir del 4 de marzo) cuando debió comenzar el régimen de la revolución mexicana; el sistema priista. La mayoría, también, señalan el año 2000 cuando terminó.

La primera fecha (la de cuando comenzó) es inexacta. El 4 de marzo de 1929 ocurrió un hecho histórico ligado al régimen, en efecto: la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR). El partido oficial, pues, aunque con otro nombre, otras siglas, otros principios básicos o ideario y otras características esenciales. El partido oficial fue cambiando a lo largo de los años (de nombre, de siglas, de principios básicos y de características) pero es el mismo instituto el que se fundó en esa fecha y el que hoy trata de recuperar la Presidencia de la República, amén de ser la oposición más importante al gobierno actual.







La fundación del partido oficial marca la institucionalización del gobierno dirigido por los triunfantes de la etapa armada. Nada más que eso. Pero la denominada Gran Familia Revolucionaria, que naturalmente cambió de personalidades a lo largo de las décadas siguientes, ya estaba en el poder y tenía el dominio de la nación desde años atrás. Desde antes, incluso, de que terminara la etapa armada de la revolución. Y lo conservó durante décadas.
En cuanto a la segunda fecha, la del año 2000 como el fin del régimen, es discutible. Y esto porque aquí entramos en una discusión acerca de que significa la expresión "régimen político". Aunque la expresión se utiliza a menudo como sinónimo de dominio político de una facción, clase o familia política, algunas definiciones describen la expresión como sinónimo de características esenciales de la forma de gobierno de una nación. Esto significa que, aunque se utiliza el término "régimen priista" como refiriéndose al dominio de la clase política priista en el poder, en realidad podría significar las características de gobierno en México durante la mayor parte del siglo XX. Aunque la clase política del PRI mantuvo el dominio del poder ejecutivo desde la etapa armada de la revolución hasta el año 2000, el sistema político o la forma de gobierno de México no fue la misma siempre, en esta larga etapa. Como se sabe, desde años antes de que el PRI perdiera el poder ante el Partido Acción Nacional (PAN) y su candidato, el sistema político comenzó a democratizarse de manera paulatina, en parte por la presión de la sociedad, y en parte por el tiempo histórico, que volvió caduco al régimen.

La clase política priista ascendió al poder a mediados de la etapa armada de la revolución. Básicamente con la caída definitiva del régimen porfiriano en 1914 y con el triunfo, posteriormente, de la facción carrancista o constitucionalista de la revolución. Si bien los primeros caudillos de los gobiernos de la revolución (Venustiano Carranza y Álvaro Obregón) no pertenecieron al partido oficial, los cuales murieron antes de la fundación de ese instituto, si se revisan los nombres de los primeros militantes, se encontrarán militares y políticos que pertenecieron al gobierno constitucionalista y posteriormente al de Álvaro Obregón. Queda claro, pues, que la Gran Familia Revolucionaria gobernó desde mediados de la década armada hasta fines del año 2000.

En este ensayo se pretende analizar las características del régimen político mexicano en el período que cubre el gobierno de Lázaro Cárdenas hasta el año 1996. Es este el objetivo: describir el régimen instaurado por Lázaro Cárdenas, que llegó a su fin con la reforma electoral y política de 1996. ¿Como era ese sistema político producto de la revolución mexicana?




Antes de responder, es importante mencionar las características de la forma de gobierno de México antes de Cárdenas. Durante largo tiempo (con breves excepciones) en México predominó una forma de gobierno dictatorial. Hasta el comienzo de los años treinta, México tenía un sistema de gobierno similar al de otros países en América Latina: un gobierno de tendencia militar, con un caudillo como gobernante y de ideas oligárquicas. El México de los años veinte, pese a la etapa armada y al ascenso al poder de otra clase política, era similar al de 1910. Existía un gobierno militarizado, en donde los generales eran los amos de la política. Y por sobre ellos, un caudillo como gobernante, que podía o no ser el presidente, pero que gobernada a la nación. De hecho, cuando Lázaro Cárdenas llegó a la Presidencia, el país se encontraba inmerso en un período denominado como "Maximato", pues el general y jefe máximo de la revolución, Plutarco Elías Calles, tenía el gobierno en sus manos, manejando como títeres a predentes impuestos por el. Al principio de su período como Presidente, Lázaro Cárdenas estaba debajo de Calles, pero con habilidad y por medio de intrigas palaciegas al estilo de Maquiavelo, logró desplazar del poder a su mentor, en el transcurso de 1935.




Cuando Cárdenas se deshizo de Calles, se convirtió en el nuevo gobernante de la nación. Y en el nuevo jefe máximo de una revolución cuyos ideales o transformaciones se consolidarían durante su gobierno. Una de estas transformaciones tiene que ver con la estructura de poder. Lázaro Cárdenas pudo haberse convertido en un nuevo dictador, pero en lugar de ello, fundó un régimen político institucional, aunque no precisamente democrático. De hecho, el nuevo régimen fue de tipo autoritario y poco democrático.







Lázaro Cárdenas destruye el sistema político caudillista, en donde la lealtad de la clase política gobernante estaba dirigada hacia el caudillo. En lugar de ello, Cárdenas prefirió gobernar solo durante el período de su sexenio, y consolidar una forma de gobierno distinta, institucional. Una forma de gobierno presidencialista. El presidencialismo surgió con el gobierno de Cárdenas. Él inauguró esta larga etapa de Presidencia antidemocrática y autoritaria. Pero no solo eso. Justamente, y para evitar que al dejar la Presidencia alguien distinto se convirtiera en algo a lo que el renunció (un dictador de poderes amplios para eternizarse en el poder), Cárdenas consolidó toda una estructura de poder basado en contrapesos al poder presidencial, que solo tendría como efecto que una persona alargara el mando sobre su nación mas allá de su sexenio, o que ese alguien heredara la silla presidencial a un pariente.




Estas dos premisas, la de dejar el poder al terminar el sexenio, y la de heredarlo a un miembro de la familia revolucionaria (pero no a alguien de la familia presidencial) eran las dos reglas de oro no escritas del sistema político instaurado por Cárdenas. Pero para esto, Cárdenas estructuró el sistema.




La estructuración o transformación del régimen político revolucionario (o régimen priista) tocó varios aspectos. Para empezar, Cárdenas fue quien finalmente, despolitizó al ejército mexicano, sometiéndolo a las instituciones civiles. Se puede afirmar que con el se inició la era civilista, y no con Miguel Alemán Valdés (aunque fue Alemán el primer presidente civil desde hacía mas de veinte años). Además, Cárdenas reconcilió al Estado mexicano con el clero católico. A pesar de ser Cárdenas un ateo reconocido, y a pesar de haber sido impuesto por Calles, con Cárdenas se inicia la etapa de relación entre la jerarquía católica y el régimen de la revolución. Una relación que siempre fue un secreto a voces, pero que existió y que ha sido documentada. Y finalmente, la obra más importante: el corporativismo oficial. Cárdenas reunió en sindicatos o centrales oficiales a los campesinos, obreros, sectores populares, ejército y en cierta forma a los grandes empresarios. Todos tenían reparto en el nuevo régimen, a condición de someterse a las reglas del sistema.




El régimen político formado por Cárdenas era presidencialista. La Presidencia era la institución a la que se debía lealtad, y la pieza clave del régimen. El Presidente era el jefe del sistema, el gran elector, el comandante del ejército y la encarnación de los logros sociales del los sectores corporativizados. El Presidente era el centro de las negociaciones. Escogía a los gobernadores, a los senadores y a no pocos diputados federales. Finalmente, escogía a su sucesor. El sucesor podía ser un miembro de la gran familia revolucionaria, pero jamás alguien de la propia familia. Este proceso de selección era conocido como el "tapadismo". El tapado era el miembro del gabinete escogido para ser el siguiente Presidente de la República. Era el tapado porque las reglas del sistema obligaban a todos los presidenciables a ser discretos. No debían adelantarse al período de la sucesión, ni hacer campaña abierta (aunque no faltaba campaña sucia por debajo del agua entre rivales).




El Presidente era el sol del universo en este régimen. Pero su poder no podía alargarlo por mas de un sexenio. Y las otras instituciones clave eran los contrapesos. El corporativismo oficial jugaba un papel importante. Mantenía la paz social en un gobierno de corte vertical. Los obreros eran representados por la Confederación de Trabajadores de México (CTM), los campesinos, ejidatarios y en general sectores agrarios por la Central Nacional Campesina (CNC), los maestros por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), los sectores populares por la Central Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), en tanto que otros sectores tenían distintas organizaciones. Los trabajadores petroleros, así como los electricistas, tenían sindicatos propios. Los miembros de la clase empresarial eran representados por organismos oficialmente no afiliados al PRI, pero cercanos a este instituto electoral.




Además del Presidente y las organizaciones corporativas, estaba el aparato central del partido oficial. El PRI jugaba el papel de ser algo así como la Secretaría Electoral. El PRI, pese a ser el partido encargado de la campaña presidencial, era un instituto clave en este sistema mexicano del siglo XX. Sin embargo, el PRI no era todo el régimen. A diferencia de otros sistemas de gobierno dictatoriales de partido, como el de la URSS o el de países de Europa del Este, en donde el partido era el gobierno y todo miembro del régimen estaba enlazado en el partido, en el caso de México el PRI era la institución clave en tiempos electorales, pero no era el gobierno. De hecho, no todos los beneficiarios o miembros del régimen de la revolución eran parte del partido.




Este punto es importante. El régimen político de la revolución era todo un sistema en el que estaban incluidos como miembros personalidades distintas. Desde líderes estudiantiles hasta magnates empresariales ligados de una u otra forma al gobierno a través de concesiones y negocios, pasando por periodistas que recibían dinero para beneficiar en sus reportajes al régimen, intelectuales orgánicos, comandantes policiacos de mediano y alto rango, burócratas de categoría alta, maestros, y hasta miembros poderosos de organizaciones del crimen organizado y el comercio ilegal. El régimen incluía toda una red de organizaciones e individuos que de una u otra forma recibían beneficios, incluyendo a líderes de partidos paraestatales, o partidos paleros, que eran usados para dividir el voto opositor y desprestigiar a la oposición o a los movimientos disidentes, como el Partido Popular Socialista (PPS), o el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).






Así, este régimen tenía al partido oficial (el PRI) como su instituto clave de legitimación electoral, y se puede afirmar que el logotipo del PRI era la fachada del régimen. Pero el PRI era solo parte de un sistema de gobierno y de una familia revolucionaria que detentaba el poder y el dominio de la política mexicana desde tiempos de la lucha armada revolucionaria (desde Carranza). De hecho, la oposición electoral (la mayor parte del tiempo el Partido Acción Nacional, aunque desde los setenta también otros partidos de izquierda o derecha) enfrentaban en las elecciones a todo un sistema, no solo a un partido. A la oposición se le permitía el triunfo en algunas presidencias municipales, en algunas diputaciones locales y en diputaciones federales, pero nada mas. La mayor parte de los triunfos de la oposición eran arrebatados mediante el fraude electoral, como en León, Guanajuato, en 1946, o en San Luis Potosí en 1961.

La oposición, fuera electoral, armada o callejera, enfrentaba a un régimen del que el PRI solo era pieza clave. Cuando los estudiantes de 1968 salieron a las calles a protestar contra el autoritarismo y la falta de libertades políticas, no iban solo contra un Presidente (Gustavo Díaz Ordaz) ni contra un partido (el PRI), sino contra un régimen del que el mandatario poblano solo era el jefe, y del que el partido tricolor solo era la Secretaría Electoral. Iban los manifestantes contra un régimen entero. Y lo mismo, cuando en 1986 en Chihuahua se sucedieron protestas y bloqueos de carreteras y puentes internacionales a raíz del famoso "fraude patriótico", los manifestantes cívicos no iban contra Miguel de la Madrid Hurtado solamente, ni contra su operador político (Manuel Barlett, entonces Secretario de Gobernación), ni tampoco contra un candidato beneficiado por el fraude (Fernando Baeza Meléndez). Se combatía contra un sistema entero, que incluía grandes empresarios, medios de información (24 Horas y su conductor como el ejemplo más destacado), sindicatos, maestros, burócratas de alto y mediano rango, comandantes policíacos y otras entidades. Se luchaba contra un sistema que había arrebatado de manera descarada un triunfo y que había deteriorado el nivel de vida. Un sistema político del que Miguel de la Madrid era el jefe, Manuel Barlett el operador político y Fernando Baeza el beneficiario del fraude.

En este régimen, la Presidencia de la República era la pieza fundamental. Los sectores corporativizados eran las piezas clave en el mantenimiento de la paz social, en tanto que el PRI era el organismo de legitimidad electoral y de negociación de candidaturas al Congreso. Pero otros organismo eran también piezas clave. Los medios de información, por ejemplo. Y también jugaban un papel importante nociones y servicios sociales. De entre los primeros, se cuenta el nacionalismo mexicano, esa religión política que dotaba de legitimidad histórica al régimen. De entre los segundos, se cuentan la educación pública primaria y secundaria. El nacionalismo mexicano se vio reflejado en la educación primaria y secundaria a través de los planes de estudio, el dominio del SNTE y los libros de texto únicos y gratuitos.

El nacionalismo mexicano del siglo XX, inventado por la facción triunfante en la revolución y consolidado por Cárdenas, estructuró la historia nacional (la historia oficial) a imagen y semejanza de los intereses de la familia política revolucionaria que gobernaba en el país. En esta historia oficial, dividida en etapas como todas las historias, el régimen prerrevolucionario era expuesto como una era de tiranía y opresión. Una etapa oscura en la formación nacional. La revolución era consecuencia de las injusticias sociales. La revolución se exponía, en los libros escolares, de la misma manera que en el cine de Pedro Armendáriz o María Félix; es decir, como una etapa violenta, pero de tintes románticos (visión muy alejada del horror que muy apenas mostró la película "Vámonos con Pancho Villa") y en donde el pueblo había combatido la tiranía de la mano de distintos caudillos (que en realidad representaron intereses o aspiraciones distintos y que distaban de estar unidos, salvo en la etapa 1910- 1911 y 1913- 1914). La era de los gobiernos revolucionarios eran la expresión de los deseos de los revolucionarios (y del pueblo, por supuesto).

Esta historia oficial distorsionaba el carácter de algunos movimientos disidentes. La cristiada era puesta como una reacción de la reacción conservadora, y no como un movimiento auténtico de campesinos que sin embargo también cometieron crímenes a nombre de la fe. Las campañas presidenciales de Arnulfo R. Gómez y Francisco Roque Serrano, de 1927, y sus respectivos asesinatos, eran ignorados de los libros de texto para uso escolar. Lo mismo la campaña y el movimiento henriquista, aun mucho después de los años cincuenta. El movimiento estudiantil de 1968, lo mismo que la guerrilla de Madera y el fraude contra el navismo, eran ignorados de los libros de texto escolar aun después de los años sesenta. Sobra decir que igual destino tuvieron los fraudes electorales de los años ochenta y las protestas del neopanismo.

De una u otra manera, la historia oficial se impuso en la mentalidad del mexicano. El papel de la educación y el nacionalismo funcionaron en muchos sentidos como actores del régimen. Tanto así que Macario Schettino ha observado que el nacionalismo y el ensalzamiento de los héroes patrios se quedaron en la mentalidad popular aun cuando el régimen de la revolución ya dejó de existir. También quedaron como herencia mental la visión estatista de la historia: la idea del Estado como redistribuidor principal y el administrador de los sectores económicos clave (el petróleo, la electricidad, el agua, los transportes, la energía solar, entre otros).

Las palabras que mejor expresan esta visión de la revolución como obra del pueblo, son las que el diputado priista Blas Chumacero pronunció en 1952 en la tribuna del Congreso, y que cita Alejandro Rosas en su libro Mitos de la historia mexicana. Dichas palabras son las siguientes: "La revolución ha sido magnánima en todas las épocas; pero que sepan que por cada puñalada artera que quieran darle a la revolución, se ha de levantar el pueblo de México más vigoroso y más decidido a la lucha". El mismo historiador señala que entre 1952 y 1994 la palabra "revolución" fue usada en la Cámara Baja un total de 18 592 veces.

Desde estos ángulos, el régimen político de la revolución asoció la patria con el Estado. El PRI llevaba como logotipo los colores de la bandera nacional. Luchar contra el régimen era luchar contra la historia y la patria. Cuestionar el nacionalismo y la historia oficial era tarea de ilusos y temerarios hasta los años setenta. A partir de esa década, comienza el auge de obras revisionistas, distintas de la postura oficial. En los años ochenta, la revisión de la historia oficial y del nacionalismo llegó para quedarse, conforme el régimen político del PRI perdía prestigio y legitimidad, y conforme el régimen enfrentó a una oposición electoral mas fuerte. Los años noventa, de democratización política, estuvieron acompañados de un proceso de cuestionamiento intelectual a la historia de bronce y al nacionalismo oficial que ya habían iniciado los años setenta y consolidado los años ochenta.

Tenemos aquí a un régimen autoritario que controló el papel de la historia y la educación, además de ejercer cierta represión contra manifestaciones callejeras disidentes, contra periodistas y contra medios de prensa independientes. Pero que a pesar de todo, en lo que se refiere a manifestaciones y a críticas en la prensa, permitía ciertos límites. El régimen priista no fue totalitario ni pretendió someter a la cultura y a la sociedad a moldes estrechos de control, pero fue indudablemente vertical y autoritario. Un régimen cuyas características fueron el autoritarismo, la falda de democracia, el presidencialismo, el corporativismo, el civilismo y el control de los militares. En este régimen, los militares (los altos mandos) eran parte de un sistema, pero no eran los amos de la política, como en los orígenes del régimen, o como en el régimen anterior a la revolución. Un régimen de aires populistas y de principios económicos estatistas, orientados a la idea de la economía mixta como la fuente de desarrollo social y económico.

Las bases de este régimen eran instituciones centrales como la Presidencia, el partido oficial y los sectores corporativos. Además, el nacionalismo oficial y el papel de la educación como fuentes ideológicas de legitimidad histórica. Este tipo de sistema político gobernó a México entre los años de Cárdenas hasta 1996, con la reforma política que independizó las instituciones electorales y puso el conteo de los votos en manos de la ciudadanía en las casillas, y funcionarios plurales en los órganos distritales y federal. Aunque es importante mencionar que como consecuencia de la presión de la ciudadanía en los años ochenta, el régimen ya había comenzado a democratizarse, y también a desintegrarse. El ideal económico y el nacionalismo ya habían sido revertidos por la política económica del neoliberalismo que se impuso desde mediados de los ochenta. Para 1996, el régimen ya no existía en la visión económica. Persistía solo en lo político, aunque ya iba en decadencia. Y en el aspecto ideológico e histórico, ya existía más libertad de cuestionamiento a nivel intelectual y periodístico.

El régimen político de la revolución mexicana fue muy peculiar respecto a otros regímenes autoritarios de la época. Fue un régimen político que algunos calificaban de "indescriptible". El régimen del PRI aparentó ser una democracia, tanto por la rotación del Poder Ejecutivo como por la existencia de elecciones y la participación de la oposición en ellas. Además del carácter civil y de la falta de fraudes escandalosos durante la mayor parte del siglo (no es causal que el fraude electoral de 1986 en Chihuahua haya atraído tanto la atención mundial en Estados Unidos y Europa Occidental, pues desnudó al régimen, aunque ya la matanza de Tlatelolco había consternado a televidentes en el extranjero). Este régimen recibió diversos nombres que le fueron aplicando.

Dos de los nombres mas importantes (los más conocidos) son los términos "dictadura perfecta", del novelista peruano Mario Vargas Llosa, y el más moderno de "Presidencia imperial", del historiador Enrique Krauze. Pero otros nombres le fueron impuestos. La oposición le nombraba a este régimen con los términos "PRI- Sistema", o "PRI- Gobierno". José Vasconcelos lo bautizó como "Porfirismo colectivizado". El escritor José Fuentes Mares le puso el término "dictadura orgánica". El periodista Armando Ayala Anguiano, durante años director de la revista mensual Contenido, utiliza en algunos ensayos el término "la Presidencia priista" a secas, aunque a veces mete el calificativo de "caciquil" entre las palabras "Presidencia" y "priista".
  • Herencia actual
El régimen priista gozó de cierto prestigio entre los años treinta y setenta. La legitimidad del régimen descansaba en la idea de que aportaba progreso y justicia social, y esto compensaba la falta de democracia y libertades, además de la corrupción. Pero en los años setenta, el régimen no fue capaz de sostener un progreso económico, y esto desprestigió gravemente al régimen.

Fue entonces cuando a inicios de los ochenta, con la economía en quiebra, la corrupción más asquerosa y ante la falta de legitimidad y prestigio del régimen, cuando el pueblo comenzó a manifestarse en las urnas. El PAN fue el mayor dolor de cabeza del régimen en tiempos de Miguel de la Madrid. El régimen estaba impotente. El fraude electoral se incrementó, de manera burda y descarada. Oaxaca, Baja California, Chiapas, Sinaloa, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí, Puebla, Coahuila, Sonora, Nuevo León y el Estados de México fueron el escenario de fraudes y protestas. El caso Chihuahua fue el colmo, y lo que atrajo la atención internacional, máxime que un grupo de intelectuales firmaron un manifiesto denunciando el fraude y demandando nuevas elecciones (la Organización de Estados Americanos y el Vaticano tuvieron que intervenir, uno para fallar a favor del PAN y el otro para contener la rebeldía del clero local).

En las elecciones de 1988, con el caso Chihuahua a cuestas, y con las numerosas protestas, el régimen tuvo que comenzar a ceder espacios. A pesar del fraude que colocó a su candidato (Carlos Salinas de Gortari) en la Presidencia de la República, en esas mismas elecciones la oposición obtuvo un número nunca antes visto de diputaciones federales, además de sus primeras senadurías. En 1989 se reconoció el primer triunfo del PAN en elecciones a Gobernador (en Baja California) para amortiguar la presión social. Para 1994, México se había democratizado de manera destacada. Había estados gobernados por la oposición aparte de Baja California (Guanajuato y Chihuahua), más libertad para manifestarse en las calles y más libertad de crítica. Existían consejeros independientes en el Instituto Federal Electoral (IFE) y mas inclusión de disidentes en los órganos electorales. Y sin embargo, en lo político el régimen subsistía. El fraude electoral fue todavía una mancha en el sexenio salinista (Michoacán, Guanajuato, San Luis Potosí, Tabasco y Chiapas). En 1996, después de la crisis de 1995, la reforma política independizó al IFE y acabó con el predominio del PRI en el conteo de elecciones, además de poner las casillas en manos de la ciudadanía. Ese año terminó el sistema político impuesto por Cárdenas. La clase política revolucionaria del PRI perdió las elecciones presidenciales de 2000 bajo este esquema político. El PRI terminó su largo reinado en el Ejecutivo Federal el 1 de diciembre de 2000.

Y sin embargo, el régimen continúa en varios aspectos. Como establece Gabriel Zaid, sacar al PRI de los Pinos y a su clase política no fue sacarlo de los sindicatos, de la burocracia y de otras ramas de poder. El régimen subsiste en el corporativismo que obstaculiza reformas, en las leyes diseñadas para un régimen autoritario, en la educación y en el nacionalismo que muchos mexicanos llevan arraigado. Los ejidos son herencia del régimen de la revolución. Los cacicazgos locales son otra herencia de tiempos añejos recientes, que la democracia no ha terminado de borrar.

Además, como han observado Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda, el autoritarismo estilo PRI, con un Ejecutivo fuerte, subsiste en gran medida en la mayor parte de los estados, esto a nivel estatal. En estos estados el Ejecutivo tiene cierto control de la prensa y del congreso local, aprovechando una mayoría de su partido. Un fenómeno bautizado como "feuderalismo".

Como se ve, es falso que todos los males actuales se deban a un partido (el PAN) y a dos presidentes (Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa). Los males de la nación se deben a la herencia de los años de dominio de la familia revolucionaria priista, y más especificamente, a los años del sistema inaugurado por Lázaro Cárdenas, que fue un atraso en lo social y económico, y que revivió viejas nociones de la época colonial. tales como un Estado paternalista encargado de los desfavorecidos, el estatismo económico, el carácter unitario de la educación y el nacionalismo fantoche, marcado con ciertos aires de xenofobia y falta de pluralismo cultural.

Una vez descrito el sistema anterior, y después de estas consideraciones de la actualidad ¿se puede establecer la pobreza mayoritaria, el narcotráfico y la violencia del crimen organizado como consecuencia de dos gobiernos de distinta procedencia al del PRI? Al votar y concebir al PRI como el salvador de los males actuales ¿No se estará en riesgo de volver, aunque sea de manera muy breve y con menos autoritarismo, a un tiempo aparentemente mejor?