sábado, 29 de enero de 2011

EL México del pasado: rechazo en América Latina, ideal de imitación en Rusia





El México del siglo pasado no está muerto del todo. El México del siglo pasado subsiste en algunas costumbres comunes; en algunas deficiencias heredadas de ese pasado reciente, como el burocratismo excesivo; el enorme y costoso aparato burocrático; el estatismo en sectores clave de la economía como el petróleo y la electricidad; el sindicalismo corporativista y comprometido; el acarreo político de campesinos, obreros y otros sectores marginados; la compra de votos en elecciones; el populismo callejero de vendedores ambulantes; las obras de infraestructura costosas y mal construidas; el gangsterismo policiaco y los negocios ilegales como el narcotráfico y la piratería. El México del siglo pasado también subsiste en deficiencias que en aquel México habían sido herencia de otros pasados más remotos: la pobreza mayoritaria; la ignorancia general; la falta de cultura elemental y un estado de derecho nada confiable y totalmente vicioso.


Pues es ese México el que puede muy bien regresar, según algunos sectores y analistas, en diciembre de 2012. Es decir, en el mes y en el año en que tendrían lugar las elecciones federales presidenciales. En el año en que regresaría el Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder, de la mano de Enrique Peña Nieto (actual Gobernador del Estado de México) y de gran parte de la familia política que gobernó al vecino de Estados Unidos durante la mayor parte del siglo que ya se fue. Esta percepción la comparte gran parte de la opinión nacional. La victoria del PRI se ve en estos sectores como algo ya seguro, ante el radicalismo y el desprestigio del PRD y su famoso Peje y ante el gradualismo del PAN en el poder. Desde luego, esta percepción, si analizamos las cosas basados en datos y otras cuestiones, es equivocada. La victoria del PRI (con Enrique Peña como candidato o cualquier otro famoso dinosaurio priista) es posible, pero no es algo tan seguro como se piensa. Si observamos las cifras de las elecciones regionales y estatales del año pasado (2010), la mayor parte de las victorias del PRI se debieron al abstencionismo electoral. Esto fue notorio en Baja California, donde el PRI se hizo del poder en las presidencias municipales con una votación de un 30 % de los empadronados. Caso similar, aunque algo diferente por el hecho de que en ese estado también se eligió Gobernador, fueron las elecciones de Chihuahua. En ese estado el PRI y su candidato (César Duarte Jáquez, actual Gobernador) ganaron en medio de elecciones en donde solo votó entre el 30 y el 35 % de los empadronados. Aun así, el regreso del PRI al poder es posible, aunque no seguro como se piensa.

Pero subsiste la controversia de si el regreso del PRI al poder sería el regreso del sistema político que imperó en el México del siglo XX. Muchos pensadores aseguran que esto ya no es posible, aunque algunos sectores numerosos no están tan optimistas. Acerca de una posible victoria del PRI en 2012 y del regreso de su gobierno imperial y antidemocrático habló, en septiembre pasado, Mario Vargas Llosa. El intelectual que calificó al México del siglo XX como "la dictadura perfecta" sostiene las siguientes consideraciones: "No deseo que el PRI vuelva al poder en México, pero tengo la convicción de que, si sucede, no podrá ser el mismo, no tendrá el control absoluto, pues dudo que los mexicanos permitan otra vez esa manipulación de la vida pública de todo un país por un partido único". Estas palabras del escritor y novelista peruano dicen gran parte de la verdad. El PRI todavía conserva gran parte de su aparato corporativo y corrupto, y es mentira que haya cambiado en cuestiones democráticas. Pero a pesar de eso, y a pesar de que la democracia todavía no arraiga en los hábitos de la población mexicana, es verdad que el PRI ya no cuenta con tanto poder, y en ese sentido, el regreso del México del siglo XX no llegaría a tener éxito, al menos el México de los años 1929- 1988.


Independientemente de esta cuestión, el regreso del México del siglo XX es una cuestión de rechazo para ciertos sectores liberales, socialdemócratas y de una gran parte de la población. Sin embargo, mientras que en América Latina en general y en México en particular, el México del siglo XX es visto con malos ojos por personas como Vargas Llosa, Enrique Krauze, Roger Bartra, etcétera; en cambio, en los circulos altos del actual gobierno de Rusia, el México del siglo XX es un ejemplo a seguir e imitar, por varias razones. El México del siglo XX se observa en el panorama del círculo cercano a Vladimir Putin como un sistema ideal para conservar el gobierno sin compartirlo con la molesta oposición de todos los colores, pero bajo una apariencia democrática.

Acerca del particular, se hacen menciones tanto de la Rusia possoviética o poscomunista y del México del siglo XX como ejemplos de "autoritarismos competitivos". Es decir, de sistemas no democráticos pero en donde se realizan elecciones periódicas, en las cuales se permite participar a la oposición, pero en medio de aparatos e instituciones electorales manejados por el partido en el poder. Además del fraude electoral cuando la oposición gana, durante la campaña se aplica hostigamiento contra el candidato opositor, su familia y sus simpatizantes. Sistemas de dominio de una clase o familia política en el poder ejecutivo, pero en donde se respetan hasta cierto punto las libertades cívicas (como la libertad de expresión y manifestación), aunque a diferencia de las democracias, haya contra estas un clima más notorio de represión. La represión contra las manifestaciones en las calles y plazas es en estos sistemas casos de sangre y balazos muy comunes, pero la represión no siempre tiene lugar y se respetan ciertos mítines, marchas o concentraciones. Contra la libertad de expresión, se ejerce represión, pero también aquí existe un cierto respeto notorio en comparación a los autoritarismos de tipo militar o de plano a los totalitarismos. La represión contra la libertad de expresión suele ocurrir en los autoritarismos competitivos de manera distinta a los otros regímenes antidemocráticos: en lugar de cárcel, asesinatos, destierros, deportaciones o palizas contra periodistas e intelectuales, es común que ocurran amenazas telefónicas, obstaculizaciones para circular revistas o diarios, chantajes, juicios fiscales o bien, se cierran diarios y revistas. La represión se da, en síntesis, obstaculizando la circulación de revistas y diarios críticos o cerrando espacios de opinión a los disidentes del régimen. Aunque en los casos de autoritarismos competitivos más represivos si ocurren las otras formas de represión, pero no tan frecuentemente como en los sistemas totalitarios o de autoritarismo militar y solo contra activistas políticos o críticos demasiado radicales.

Entre los casos de sistemas de autoritarismo competitivo, además de la Rusia poscomunista y el México del PRI, están el Perú de Alberto Fujimori; Mozambique en la actualidad; la Venezuela de Hugo Chávez; el Cuba de Fulgencio Batista; Bielorrusia, Ghana y Senegal en los noventa, entre otros. El autoritarismo competitivo y antidemocrático, basado en un monopolio del poder pero con ciertas libertades fue una realidad en el México de la mayor parte del siglo XX, y parece ser una realidad en la Rusia de la era pos guerra fría.

El México del PRI, o del régimen "emanado de la revolución hecha gobierno" es mal visto entre grandes sectores de América Latina y de México en lo particular, pero es al mismo tiempo un espejo ideal de los miembros del actual régimen político ruso. Si para grandes sectores de la opinión nacional mexicana el regreso de un sistema estilo PRI sería un retroceso, ese mismo estilo quizá sería tolerable en la Rusia que aun recuerda la etapa del totalitarismo soviético comunista, con campos de concentración, hospitales psiquiátricos reservados para los disidentes, policía secreta controladora de la vida cotidiana, prohibición de emigrar y otros elementos que hacen al PRI- Sistema mucho más democrático y tolerable.

Este interés de Putin y su círculo cercano de políticos por el sistema que predominó en México durante el siglo pasado se deja asentado en un artículo publicado en noviembre de 2009 por Michael Iriarte llamado "México hoy, su futuro y su pasado como guía". El autor habla de retos y problemas que enfrenta el México actual pos PRI- Sistema. El autor revela que el diario británico Financial Times abordó el 19 de octubre de ese mismo año a Rusia, y se trató la cuestión política. Según el diario, aunque algunos se interesan por analizar el modelo chino como posible paradigma a seguir, a Putin y su camarilla les interesan otros países: Japón y México. En el caso de la nación americana, el período de interés es el siglo XX, o sea, el México del régimen de la revolución. El México del PRI interesa a Putin y su corte por el motivo ya mencionado: se trata de un régimen político longevo (el más longevo del siglo XX) en donde una familia política mantuvo el poder y el dominio de la política de la mano de un partido, pero bajo una apariencia democrática. El autor de la columna mencionada escribe lo siguiente:

"El grupo que crearía al PRI en 1929 llegó al poder trece años antes, por la vía armada y montado en el triunfo del carrancismo con la fundación del Partido Nacional Revolucionario, siendo este una asamblea de generales y jefes regionales convocados a ponerse de acuerdo para dejar de pelear a tiros por el poder y repartirlo mediante acuerdos políticos en el seno de la Familia Revolucionaria, siendo así que su naturaleza de concepción es para conservar el poder y no para ganarlo. En virtud de lo anterior, se puede afirmar que monopolizó el poder por 84 años ininterrumpidos, hazaña no igualada en el siglo pasado por ningún otro grupo político en el mundo".
En este mismo párrafo, Michael Iriarte afirma que los bolcheviques, y por lo tanto el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), tomó el poder en 1917, algunos años después que el grupo político que fundó el PRI, y lo dejó en 1991, tras la disolución de la Unión Soviética y nueve años antes de que el PRI perdiera el poder. El régimen comunista de la ex Unión Soviética, así como el régimen comunista de Mongolia, fueron los segundos regímenes mas longevos, después del PRI- Gobierno. El régimen priista fue así un régimen bastante longevo, más que cualquier dictadura de ese siglo. Y el autor del texto señala un hecho notorio: a diferencia del PCUS soviético, que desapareció al dejar el poder, el PRI sobrevive, aunque un sector enorme de sus miembros se pasaron a otros partidos (el PAN y el PRD, así como partidos menores).
El autor, antes de mencionar este detalle, escribe lo siguiente:

"Desde la perspectiva anterior, la longevidad del autoritarismo priista es mayor que la del totalitarismo soviético, de ahí el comprensible interés de algunos en el círculo de Putin por conocer la naturaleza del sistema político mexicano del siglo pasado".

Este interés de Putin y su grupo político por el sistema que imperó en México en el siglo pasado es algo que destaca, al tratarse de un gobierno de un pais lejano a México en geografía, cultura y hasta clima o ecosistema predominante (estepa en Rusia, desierto en México). El interés por el sistema priista fue algo común durante el siglo XX por parte de dictadores africanos y latinoamericanos, que hasta enviaron especialistas a analizarlo, según se ha afirmado. En Ecuador, José María Velasco Ibarra trató de fundar en su propio pais un sistema inspirado en el PRI. En la Argentina, hay quienes acusaron a los esposos Kirchner de pretender fundar un sistema corporativista y presidencialista tomando como guía al régimen que encabezó el PRI. En Rusia, el autoritarismo competitivo ha acercado su sistema actual al del PRI, pero el grupo en el poder no ha alcanzado el grado de control político que alcanzó la familia revolucionaria mexicana, que hasta 1988 no había reconocido triunfos de la oposición en gubernaturas. Además, en Rusia la oposición, a pesar del autoritarismo de Putin y del sistema político actual, tiene mas poder y puestos de elección popular que los que tuvo la oposición mexicana entre 1929 (cuando el régimen de la revolución se consolidó e institucionalizó) y 1988 (cuando el sistema político mexicano comenzó a democratizarse lenta y pacificamente). Las libertades políticas son mayores en la Rusia actual de lo que lo fueron en los años dorados del PRI- Gobierno. Pero es posible que esto cambie. El interés de Putin y su grupo o familia política por el régimen sui generis mexicano sería preferible para los rusos que todavía recuerdan el horror y el terror imperante en el sistema comunista. En cambio, un régimen como el mexicano cumpliría para Putin un sueño ideal de control y permanencia en el poder, pero sin asfixiar la vida cotidiana e intelectual, y sobre todo, conservando cierto prestigio, tanto en la Rusia misma como en otros lugares del mundo. La excepción serían las naciones democráticas, para las cuales un PRI- Gobierno sería un retroceso y un régimen intolerable.

Sea como fuere, si en la Rusia actual o poscomunista se lograra forjar un sistema como el priista en el México de la posrevolución, este quizá sería para los rusos mas tolerable que el sistema comunista que tuvieron, aunque esto no significa que ese PRI- Sistema ruso alcanzaría los mismos años de gobierno que tuvo su némesis latinoamericano. Y es bastante seguro que ese nuevo PRI- Sistema no gozaría, al momento de ejercer la represión política usual en el caso mexicano, de la misma indiferencia internacional que tanto ayudó precisamente al PRI en México. Esto por varias razones. Para empezar, el PRI- Sistema mexicano gobernaba en un pais que no era (como no lo es) una potencia militar mundial de tendencias agresivas e imperialistas. Rusia, mal que bien, sigue siendo una potencia militar, que de lograr un régimen autoritario igual o similar al mexicano, sería visto como una amenaza, y por lo tanto, la atención internacional de otros gobiernos y de los medios de información sobre lo que ocurriera en Rusia estaría a la orden del día. Y esto sin contar un aspecto importante que también ayudó al sistema sui generis mexicano: el PRI (o la familia que lo fundó y usó a este partido como instrumento de legitimación electoral) gobernó en una etapa en la que las dictaduras militares autoritarias o los regímenes totalitarios (como el de la URSS) eran más numerosos que los que aun predominan en el mundo actual. Esto fue un factor importante que hizo que México, a pesar de que durante el siglo XX era uno de los pocos paises más conocidos de América Latina, y uno de los más frecuentados por turistas, no atrajera tanta información política al resto del orbe. Esta indiferencia, unido a la fachada democrática de ese régimen, permitieron una desinformación acerca de la naturaleza del sistema político mexicano, que llegó a ser confundido con una democracia. La mayoría de la gente en Estados Unidos, Canadá y Europa veían a México en el sitio de Costa Rica, Puerto Rico, Venezuela y Colombia; es decir, un pais latinoamericano democrático (por supuesto, entre los políticos con información sobre México y académicos que estudiaban la política mexicana, el gobierno del PRI no era visto como democrático). En Rusia, ni siquiera la rotación de mandatarios como si de una democracia se tratara lograría ocultar la naturaleza represiva y antidemocrática de ese nuevo PRI- Sistema. Después de todo, la indiferencia internacional en el caso mexicano no fue del todo perfecta, hubo episodios que llenaron planas en períodicos de Canadá, Estados Unidos y Europa: es el caso de la represión y la masacre de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, episodio que llegó a las pantallas de la televisión con imágenes a todo sonido y color. Otro caso fue el del fraude electoral cometido en Chihuahua en 1986. Esa manipulación y las posteriores protestas llegaron a las planas y a la televisión de Estados Unidos y Europa Occidental. En el caso del PRI- Sistema ruso, ni siquiera una masacre de corto alcance como la del 10 de junio de 1971 en las calles de la Ciudad de México pasaría inadvertida. Las circunstancias actuales son diferentes a las del siglo XX, para perjuicio de Putin y su camarilla.

domingo, 17 de octubre de 2010

ACERCA de un gran intelectual peruano






Hace cosa de menos de un mes, recibí una noticia que me alegró bastante, y que considero que es un gran acto de justicia política, social e intelectual: Mario Vargas Llosa, intelectual, novelista y escritor peruano nacionalizado español recibió el tan ansiado Premio Nóbel de Literatura. La noticia es de alegrarse considerando la figura de este hombre que ha sido famoso desde hace más de cuatro décadas, y además, si conocemos el largo tiempo que ha debido pasar para que su nombre figurara en las listas de los premiados por ese prestigiado galardón. Y es que en la literatura y las ciencias, el Premio Nóbel es algo así como el Oscar en el cine.

Mario Vargas Llosa. Un nombre que muchos conocemos (no solo los latinoamericanos), a pesar de no haber sido leido por casi todos los que saben de su existencia y de que es un literato aclamado y reconocido, con o si el Nóbel. Un hombre del que muchos escuchan y repudian sin saber realmente cual es su pensamiento.

Y es que Mario Vargas Llosa es un intelectual liberal. De esos que defiende el libre mercado, las libertades morales y religiosas, y además, los derechos humanos y la democracia. Un hombre que está contra todos los fanatismos (ideológicos, religiosos y nacionalistas). Un hombre que sin dejar de ser un patriota peruano, no confunde el amor a su país con el nacionalismo, esa ridícula y excluyente ideología que tanto daño ha causado en los siglos XVIII, XIX, XX y XXI. Un hombre que señala las cosas como son, que defiende puntos de vista considerados políticamente incorrectos, que no tiene pelos en la lengua para llamar pan al pan y vino al vino. Un hombre que no padece el síndrome de la incongruencia, como tantos intelectuales latinoamericanos y en general del Tercer Mundo que por un lado denostan a las dictaduras de "derecha" al mismo tiempo que siguen enamorados de Fidel Castro y otros dictadores de "izquierda". Mario Vargas Llosa, como señaló en reciente columna Jorge Fernández Menéndez, no es "el escritor que se regodea y fuma sus habanos con los Castro o sus clones menores que pululan por el continente".

Por ese y otros motivos, Vargas Llosa ha sido odiado, vilipendiado y hasta calumniado por esos escritores que cómodamente, en medio de lujos capitalistas y viviendo en los "infiernos" del mundo libre, se declaran comunistas, socialistas y representantes académicos de los trabajadores y campesinos, a pesar de que lo que tienen y gozan no podrían obtenerlo los campesinos y trabajadores de Cuba y esos "paraisos socialistas" por los que declaran amor. A Mario Vargas Llosa los intelectuales de la seudorevolución populista lo han calumniado llamándolo "conservador", "reaccionario" y además, "neoliberal" (y con este último calificativo muestran ellos su escaso conocimiento y su contradicción evidente al juntar esa palabra con las otras dos). Dicen que las personas juzgan de acuerdo a su condición. Quizá no siempre sea así, pero en la mayoría de los casos lo es. Como los intelectuales que defienden al autócrata de Cuba si defienden a dictaduras, ellos, en su escaso análisis, creen que los que se oponen a sus dictaduras aman a las otras. Para ellos, no ser castrista o maoista es ser pinochetista, hitleriano o franquista. Hasta se ha llegado al colmo de la idiotez política al decir que si Mario Vargas Llosa hubiera ganado la presidencia de Perú, la nación del antiguo imperio inca tendría por símbolo la svastica nazi. Una total mentira y una conclusión ilógica. Mario Vargas Llosa es un hombre que defiende la democracia, y que se opone a todas las dictaduras. Un hombre liberal, totalmente opuesto a una ideología antiliberal como lo es el nazismo. Pero dejemos estas consideraciones a los socialtotalitarios intelectuales del izquierdero.

A lo que hay que centrarnos, es a la noticia del Premio Nóbel. Una noticia que llega en un buen momento. En horabuena.

lunes, 4 de octubre de 2010

TLATELOLCO y el 2 de octubre: entre el mito y la historia











El pasado sábado 2 de octubre, se cumplieron 42 años de un suceso trágico en la historia contemporánea mexicana: la masacre de Tlatelolco, hecho ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas de la Unidad Habitacional Nonoalco- Tlatelolco, en la Ciudad de México. El suceso ocurrió el 2 de octubre de 1968, a diez días antes del inicio de los XIX Juegos Olímpicos en la Ciudad de México y dos meses después de haber iniciado un movimiento estudiantil que sacudió a la nación y cuestionó a gran escala la falta de libertades y la represión política del México alemanista de los años sesenta.


Los sucesos de Tlatelolco fueron divulgados al público de varios países, y en México se convirtió en un referente de la represión vivida en el país durante el largo régimen autoritario del siglo XX. Generalmente son los sucesos de Tlatelolco los que más se recuerdan cuando se habla de la situación política del México del siglo pasado, a pesar de otros sucesos de represión que también ocurrieron en ese contexto histórico, como la matanza contra manifestantes políticos en San Luis Potosí en 1961, la represión contra maestros de primaria y ferrocarrileros en 1959, la masacre de Chilpancingo el 30 de diciembre de 1960, la matanza de León el 2 de enero de 1946, la del 10 de junio de 1971 en la Ciudad de México, las desapariciones forzadas en los años setenta o el asesinato de líderes y activistas campesinos en esa misma década.


Para entender lo que pasó en Tlatelolco el 2 de octubre de aquel lejano año, es necesario entender el contexto histórico que dio lugar a los acontecimientos, o por lo menos, a la forma como derivaron. En 1968, hacía poco mas de medio siglo de que había iniciado el movimiento revolucionario de 1910, que terminó con la destrucción del México porfirista y el derrocamiento de la clase política y oligárquica que gobernaba al país en los albores del siglo XX. Después de un breve período de gobierno democrático bajo la administración de Francisco I. Madero y una breve restauración del régimen prerrevolucionario bajo la mano militar de Victoriano Huerta, la revolución terminó imponiéndose, o por lo menos la facción revolucionaria que había tomado el poder tras la huida de Huerta en 1914. Durante mas o menos quince años después de 1914, la facción revolucionaria que tomó el poder tuvo períodos de enfrentamientos internos, que incluso terminaron con el asesinato de un presidente, Venustiano Carranza, justamente el líder de esa facción cuando la lucha contra Victoriano Huerta. Sin embargo, para 1929, el dominio de la clase política surgida de la revolución estaba consolidado, las divisiones internas estaban superándose y el régimen estaba consolidándose. En 1929, por iniciativa del Jefe Máximo de la revolución y del régimen emanado de ella (Plutarco Elías Calles), se fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que fungiría como una especie de "Secretaría Electoral del Gobierno" para regular las reglas de la lucha electoral y de los repartos de los puestos públicos entre los miembros de la Gran Familia Revolucionaria, esto a espaldas de las masas populares y en las altas esferas del gobierno.

En 1968, el régimen emanado de la revolución estaba en pleno auge. Sin embargo, este se había transformado a lo largo de los años. De ser un régimen militar y caudillista no muy diferente de muchos de los que abundaban al sur del Suchiate, a lo largo de los años treinta y cuarenta, el régimen evolucionó hacia tendencias civilistas, en donde los militares estaban subordinados a las instituciones y eran parte del sistema, pero no los amos del gobierno. Y se había transformado también en un régimen presidencialista, en donde la lealtad a una institución, la Presidencia, estaba por encima de la sumisión a un dictador o caudillo. El jefe del sistema y gobernante de México era sustituido por otro cada seis años, en un proceso electoral en el que el partido oficial, el anterior PNR que se había transformado en 1938 en Partido de la Revolución Mexicana y en 1946 en Partido Revolucionario Institucional (PRI), era no solo un participante más en las elecciones, sino también el que contaba los votos, controlaba las instituciones electorales y contaba con facilidades enormes para cometer fraude electoral en las ocasiones que lo ameritaban. Un régimen autoritario de tendencia civil y fachada democrática que sería bautizado con diferentes nombres como la dictadura orgánica por José Fuentes Mares; la dictadura institucional por varios politólogos; el PRI- Gobierno o PRI- Sistema por sus críticos o el mas moderno y conocido de la dictadura perfecta por Mario Vargas Llosa.


El PRI contaba también con la ventaja del voto dividido. Existían elecciones en todos los niveles de gobierno. Se hacían para "elegir" al Presidente, a los gobernadores de los estados, a los presidentes municipales y a los presidentes seccionales. Los ejidos, tierras agrarias colectivas, elegían a los comisarios sin necesidad de partidos y por medio de elecciones de voto abierto, en donde los caciques contaban con la ventaja del miedo y la intimidación contra los incomformes. En las elecciones para puestos de "elección popular", el PRI contaba, además de las ventajas ya mencionadas, con la ayuda de partidos paleros o satélites, que apoyaban a los candidatos priistas o servían para dividir a la oposición real y restarle votos. También para difamar a la oposición creando rumores y caluminas contra los candidatos oponentes. Entre los ejemplos de este tipo de partidos está el denominado Partido Popular Socialista (PPS) fundado por Vicente Lombardo Toledano en 1948. Incluso, existió un partido político "opositor" fundado en la Secretaría de Gobernación, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Mientras tanto, partidos realmente opositores como el Partido Comunista Mexicano (PCM) y la Unión Nacional Sinarquista (de tendencia conservadora y franquista) actuaban en la clandestinidad y sin poder participar en las elecciones, debido al carácter verdaderamente opositor y de claras tendencias radicales. En cambio, el Partido Acción Nacional (PAN), de carácter moderado tanto en su ideología de centroderecha como en su actuación, podía participar en las elecciones, y le servía al gobierno para proyectar una imagen de "revolucionario" enfrentada a la "derecha" heredera de los conservadores del siglo XIX y de los restos del porfirismo. El PAN enfretaba no solo al PRI, sino también a todo el régimen junto, y no las llevaba consigo. Aparte de no recibir dinero del presupuesto (como lo recibía a raudales el PRI y sus aliados), aparte de no poder utilizar a los medios electrónicos y de recibir hostigamiento durante la campaña, el PAN enfrentaba la dificultad de seleccionar representantes de casillas, y eso tanto por el temor de algunos como por las dificultades que la misma ley electoral imponía. Eso sin contar el fraude electoral que en no pocas ocasiones, sobre todo en elecciones municipales y para diputados, le arrebataban el triunfo. Sin embargo, el régimen impuso un sistema autoritario en donde en raras ocasiones y para guardar las apariencias, se permitía la llegada de panistas a administraciones municipales, o la inclusión de algunos diputados panistas, tanto en los congresos estatales como en la propia cámara baja del congreso federal. Como se ve, Luis González de Alba, uno de los líderes del movimiento del 68, tiene razón al afirmar que la revolución mexicana (o el régimen emanado de ese movimiento) era más generoso y democrático que el que se impuso en Cuba con la revolución de Fidel Castro, que todavía al comenzar la segunda década del siglo XXI no permite la llegada de opositores a puestos públicos ni siquiera en administraciones locales.

El caudillismo y la figura del dictador eran inexistentes en el México de los años sesenta. En su lugar, como ya se explicó líneas arriba, estaba la figura de un Presidente de la República que elegía a su sucesor, a los gobernadores y a no pocos senadores y diputados federales. Los gobernadores imponían a la mayoría de los diputados locales y a los presidentes municipales (excepto en casos donde se reconocía el triunfo de un panista, estos funcionarios municipales eran empleados fieles a los gobernadores). El autoritarismo era institucional en el México de la posguerra, pero en muchos municipios (sobre todo varios rurales y atrasados) gobernaban caciques; hombres fuertes que controlaban a sus localidades por medio de la violencia de pistoleros, del control de la economía en su región y de la protección de los gobernadores. El autoritarismo personalista subsistía en el México rural, el de los pueblos, villas y rancherías pequeñas, atrasadas y analfabetas.

La represión y la censura no solo existía en el México de los años sesenta en la política. También en el arte y en la vida social y cultural. El régimen priista (que llegó al poder antes de la fundación del partido que le dio ese nombre) nunca tuvo tentaciones totalitarias ni nada por el estilo. Nunca creo un sistema basado en un control total del pensamiento y de las costumbres, pero si creo un sistema piramidal y autoritario, en donde el partido oficial no solo tenía el control de las elecciones, los sindicatos oficiales y legalizados y el poder judicial, sino también ejercía un férreo control en la educación primaria y secundaria (por medio de la historia patria, los planes de estudio y a partir de 1959 de los libros de texto obligatorios, gratuitos y únicos), de los medios electrónicos y en cierto grado de la prensa, la cultura y las costumbres sociales. Los conciertos de rock estaban prohibidos y los lugares donde esta música se tocaba eran constantemente clausurados, además de que las personas que estaban en el local eran detenidas y llevadas a la delegación, en donde se les encarcelaba y se les soltaba después del discurso moralizante en donde la dignidad de la persona quedaba pisoteada por las autoridades, como lo describe José Agustín en un libro sobre el México de los años 1940- 1970, y como lo reflejan dos populares películas de Cantinflas. La revista Playboy era confiscada, aunque se vendía de manera clandestina. La censura en el cine no solo incluía películas de corte político y crítico, como La Sombra del Caudillo, sino que se extendía a escenas de películas consideradas atrevidas o de plano a la total prohibición y exhibición de determinadas cintas. En las calles, la policía detenía a jóvenes que llevaran el cabello largo, o que vistieran con ropas escandalosas e impropias para la moral conservadora. En ciudades medianas, chicas o pueblos la policía detenía o golpeaba constantemente a jóvenes que transitaran por las calles en altas horas de la noche. La llamada paz social limitaba severamente las libertades, sin llegar al autoritarismo militar.


En este contexto se desarrolló el movimiento estudiantil. Un movimiento que comenzó por la indignación de estudiantes de la capital del país ante la brutalidad de la policía en un enfrentamiento entre estudiantes. A fines de julio comenzaron las manifestaciones y los enfrentamientos entre policías y estudiantes. El día 30 de julio, soldados tumbaron de un bazukaso la puerta de un colegio preparatoriano. La violación de la autonomía universitaria indignó al estudiantado y a otros sectores de la clase media. El movimiento se expandió a varias escuelas de la capital (preparatorias y centros de educación superior) y se formó un órgano rector: El Consejo Nacional de Huelga (CNH), con representantes de diversos centros de estudio y profesores. El movimiento tuvo eco en estados del interior. De ser un movimiento local contra la brutalidad policiaca, se transformó a un movimiento de influencia más allá de la Ciudad de México y un fenómeno político. Los estudiantes se rebelaban contra las formas y el autoritarismo social de la época. La libertad, o la idea de libertad fue la demanda principal, y esto se deja sentir en el pliego petitorio. Sin embargo, contra lo que ahora se cree, el movimiento no fue de tendencia democrática. Era libertario, pero nunca plantearon el problema de la falta de democracia electoral. Eso no estaba en su horizonte. La falta de libertades sociales y políticas era consecuencia principalmente de la falta de democracia electoral, y en teoría a esa conclusión debieron llegar los estudiantes que se manifestaron contra el sistema, pero por una extraña razón, nunca llegaron a esa conclusión. Exigían libertades sociales y políticas, pero no pedían nada relacionado con democracia en las instituciones. La democracia electoral estaba alejada de las preocupaciones de la mayoría de los mexicanos. Solo existía esa idea entre los panistas y ciertos intelectuales críticos como Daniel Cossío Villegas. Ese es uno de los mitos que se han creado en torno al movimiento estudiantil.


El movimiento se desarrolló entre julio de 1968 hasta octubre. La represión no se hizo esperar. Comenzó desde agosto de manera destacada. Los medios electrónicos difundían ataques contra los estudiantes. En la versión oficial, el movimiento era una conspiración internacional para provocar desórdenes, sabotear las olimpiadas y tomar el poder. Se acusaba a la CIA, la KGB y otras instituciones secretas. Existían acusaciones de que el movimiento era instigación del comunismo internacional, aunque el sector izquierdista del régimen (PPS) acusaba al imperialismo estadounidense. El movimiento, en la versión de Vicente Lombardo Toledano, era obra de la CIA. El 18 de septiembre, Ciudad Universitaria fue tomada por el ejército y aprehendidos los estudiantes presentes. Entre el 21 y el 24 del mismo mes, la policía y los estudiantes se enfrentaron en Zacatenco, la Vocacional 7 y otros lugares. El 27 de septiembre se convocó a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas.


El Miércoles 2 de octubre el mitin comenzó alrededor de las 5:30, según varias fuentes. La plaza estaba rodeada por soldados, y había policías en el sector. Según algunos testigos, había en el edificio Chihuahua (donde estarían los líderes) personas de guante blanco. Eran los miembros del Batallón Olimpia, formado para reprimir con motivo de las olimpiadas. Los líderes del movimiento habían decidido suspender una marcha al Casco de Santo Tomás. A las 6:10, dos helicópteros dejaron caer luces de bengala en la plaza. Fue entonces cuando según varias versiones, arreciaron los disparos. Al parecer, pistoleros del Batallón Olimpia y agentes de la policía dispararon para dispersar a la multitud y acabar con el mitin, pero los soldados que rodeaban la zona, creyéndose agredidos, dispararon a los edificios. Se produjo una balacera en donde murieron o resultaron heridas varias personas, entre policías, estudiantes y curiosos. La balacera duró varios minutos, y en la noche se produjo otra de menor duración. La policía y el Batallón Olimpia detuvieron a varios líderes, como González de Alba, Gilberto Guevara Niebla, Miguel Eduardo Valle Espinoza "el Buho", Sócrates Amado Campos Lemus y Arturo Martínes Nateras. También hubo detenidos entre los activistas. El ejército ocupó Tlatelolco y la plaza durante algunos meses. Este suceso fue minimizado por el gobierno, la prensa oficialista, la radio y la televisión de la época, pero en cambio, fue exhibido en otros países del mundo por medio de sus agencias noticiosas. El suceso no produjo rebelión general contra el gobierno, e incluso diez días después la XIX Olimpiada fue inaugurada con bombo y platillo, pero la matanza produciría cambios en el país. Además de la literatura que generó, el movimiento influyó en la formación de partidos de izquierda socialista en los setentas y desafíos sociales que abrirían ciertas libertades en las décadas siguientes.


Sin embargo, acerca del movimiento estudiantil persisten algunos mitos. Como el de que era un movimiento de carácter democrático. O también, la idea de que el movimiento estudiantil fue el inicio de la caída del régimen autoritario. Es verdad que el movimiento estudiantil de 1968 impactó en la historia de México, y sin duda generó transformaciones sociales y políticas. Logró abrir un poco los estrechos controles autoritarios para la legalización de partidos opositores de tendencias socialistas y del PCM, amén de vencer hasta cierto punto la falta de libertades en las cuestiones sociales. Pero no fue el inicio del lento proceso de democratización política. Definitivamente, la democratización de México comenzó a partir de los movimientos cívicos y electorales de los años ochenta: Chihuahua 1986, las protestas del 88, el neopanismo en Sonora, Coahuila, Sinaloa y Baja California, los movimientos sociales producto del terremoto del 85 y la lucha por la libertad de expresión de algunos medios impresos durante los años ochenta. El 68 mexicano y Tlatelolco forman parte de un proceso importante de la historia todavía reciente, pero la historia se confunde a menudo con el mito formado en torno a ese episodio. Sería bueno hacer una revisión historiográfica tan profunda como en el caso de la Conquista, la Independencia o la Revolución.

jueves, 16 de septiembre de 2010

LOS mitos de la independencia de México







Hoy 16 de septiembre de 2010 se conmemoraron 200 años del inicio de la lucha de independencia de México, en aquel entonces Reino de Nueva España. El México actual es muy diferente del de en ese entonces. Además del nombre, en aquel 1810 México no era una nación independiente (era colonia de España, y por cierto, la colonia más rica de la Corona Española). Era un país en donde la mayoría católica era más abrumadora que hoy en día. México contaba con una clase media muy reducida (formada por pequeños industriales, comerciantes y rancheros; además de intelectuales y sacerdotes); una aristocracia rural en su mayoría y de reminiscencias feudales, y una mayoría pobre, rural y analfabeta. Fue ese país el que el 16 de septiembre de 1810 entró en una etapa sangrienta de guerra que concluyó en la independencia nacional.


Sin embargo, en la cuestión de la independencia de México existen muchos mitos. En una entrada anterior mencioné algunos de estos. Por ejemplo, el famoso grito de Dolores (una arenga pública para rebelarse contra los españoles) no fue el 15 de septiembre. Fue en la madrugada del 16. Tampoco es el inicio de la independencia de México. Fue el inicio de la lucha que concluyó en la independencia, pero no fue el principio de ella. De hecho, como ha señalado el escritor mexicano Luis González de Alba, a menos de un año de iniciada la rebelión de Miguel Hidalgo, tanto él como sus principales acompañantes fueron hechos prisioneros y fusilados. La lucha continuó, es verdad. Con diferentes personajes y caudillos (Morelos, Mina, Vicente Guerrero, etcétera). Sin embargo, es precisamente ese dato, el de que la lucha continuó después de ejecutado Hidalgo en Chihuahua, el que muestra que el 16 de septiembre de 1810 no es el inicio de la independencia de México. De lo contrario ¿porqué tendría que lucharse por la independencia si se supone que ya se había logrado con el grito de Dolores?


La independencia de México (en ese entonces Nueva España) se logró once años después de que hubo ocurrido el grito de Dolores. Ocurrió el 27 de septiembre de 1821, gracias a una negociación política de Agustín de Iturbide con Don Juan o Donojú, y a los tratados celebrados en Córdoba, Veracruz, el 24 de agosto de 1821. Ocurrió como consecuencia de esa negociación, ese tratado y a la habilidad y astucia de Agustín de Iturbide. También, al famoso Plan de Iguala que Iturbide ideó a principios de año. La independencia de México es obra admirable del genio de un caudillo militar, Iturbide. El, y no el sacerdote Hidalgo, es el verdadero Padre de la Independencia, y si se quiere, de la patria. Esos son los hechos históricos, le pesen a quien le pesen.


Esos mitos fueron los que mencioné en la entrada anterior acerca de la independencia. Pero existen otros. Por ejemplo, es dudoso que la lucha que concluyó en la independencia se iniciara con ese fin. Existe la teoría de que Miguel Hidalgo no deseaba realmente la independencia del país respecto de España. O mejor explicado, no deseaba la independencia definitiva de Nueva España respecto a la Madre Patria. Cuando la rebelión de Miguel Hidalgo se inició, España había sido invadida por la Francia de Napoleón Bonaparte. El rey Carlos IV y su sucesor, Fernando VII (ambos de la dinastía de Borbón, a la que pertenece el rey actual Juan Carlos I) habían cedido la corona a un hermano del emperador francés, de nombre José, y España estaba en plena guerra contra los invasores desde el 2 de mayo de 1808.


Como consecuencia de estos acontecimientos, en España y en sus colonias de ultramar se formaron grupos de defensa y juntas para determinar las acciones a seguir. Algunos grupos en la Nueva España y en general en Hispanoamérica sostenían la idea de que las colonias debían separarse mientras durara la invasión gala en la península Ibérica. Esto con la idea de salvar el honor de la Corona y a los territorios americanos de la bota de Napoleón, un dictador y emperador de ideas revolucionarias y liberales. Pero cuando la invasión hubiera sido derrotada y expulsados los franceses, las colonias se someterían de nuevo bajo el dominio de la dinastía que antaño también había gobernado a Francia. Entre los partidarios de estas ideas probablemente estuviera el cura Hidalgo. Es relevante que en el famoso grito del 16 de septiembre Hidalgo incitara a la rebelión contra los españoles bajo la idea de que estos se habían entregado a los franceses. También, es de hacer notar que uno de los gritos de la rebelión fuera el famoso Viva Fernando VII, algo así como si durante la lucha por la independencia de Estados Unidos George Washington hubiera gritado vivas a favor de Jorge III, rey de Inglaterra cuando la lucha por la independencia de las Trece Colonias que formaron a Estados Unidos.

La lucha por la independencia de México quizá no inició con este propósito: el de lograr la independencia definitiva. Si es así, pues es paradójico que el personaje central de la primera fase, Hidalgo, fuera enaltecido en el futuro por los liberales, el porfirismo y el régimen emanado de la revolución, además de los gobiernos panistas, pues entonces la rebelión del cura de Dolores fue contra los principios y las ideas liberales. Miguel Hidalgo sería entonces un reaccionario conservador, algo así como los enemigos de los liberales que lo enaltecieron a mediados del siglo XIX.


Por supuesto, como mencioné líneas arriba, esto de que Hidalgo iniciara una rebelión a favor del dominio del rey de España sobre Hispanoamérica es una sospecha. Y lo es porque si bien es raro que el personaje gritara vivas a favor de Fernando VII y además incitara a la rebelión con la consigna de no caer bajo el dominio de la Francia revolucionaria, también es conocido entre los estudiosos de su biografía que sostenía algunas ideas que iban contra los dogmas de la iglesia católica y de la España monárquica y conservadora. Tales como el de que el adulterio no era pecado mortal (se cree que el cura tuvo algunos hijos, y de hecho existía hacia 1810 una sobrina que supuestamente, según las malas lenguas, era su hija). Celebraba tertulias y fiestas en su casona de Dolores, muchas de ellas de forma poco ortodoxa frente a la moral personal pregonada por el clero de la época. A principios de la década de 1800, se le abrió un juicio en la Inquisición, que no pasó a mayores (este proceso se le volvió a abrir en 1811, cuando estaba aprehendido en la ciudad de Chihuahua). Por este motivo, existe la duda respecto a sus verdaderos deseos e ideales cuando incitó a la rebelión en Dolores.

Sea como fuere, es un hecho que el capítulo de la independencia de México requiere de una revisión historiográfica rigurosa. Una revisión tan rigurosa como el capítulo de la revolución mexicana, del cual se celebra en este año el centenario de su inicio. Como también merecen esa rigurosa investigación otros capítulos y episodios de la historia mexicana, tales como el de la conquista, la colonia, el porfiriato o hasta la invasión y la guerra contra Estados Unidos. Los mitos subsisten en la medida en que escacea una escuela verdadera de historia científica.

domingo, 1 de agosto de 2010

CHÁVEZ: ¿El principio del fin?




El jueves 22 de julio, el autócrata de Venezuela, Hugo Chávez, rompió relaciones diplomáticas con el vecino país de Colombia, debido a las denuncias presentadas por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez ante la Organización de Estados Americanos en el sentido de que Chávez alberga en territorio venezolano a terroristas colombianos pertenecientes a la siniestra organización llamada "Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia" (FARC). No es la primera vez que Chávez entra en conflicto con el gobierno de Colombia. Desde 2002, año en que Uribe accedió al poder, Chávez ha agredido sistematicamente a Colombia. Y tampoco es la primera vez que Chávez es señalado como mecena de terroristas colombianos. Como se recordará, cuando el campamento de las FARC en Ecuador fue bombardeado por la Fuerza Aérea colombana el 1 de marzo de 2008, Chávez fue señalado en algunos de los documentos encontrados en las computadoras de Raul Reyes, cabecilla muerto en el ataque. Chávez recientemente fue acusado por un juez español de apoyar a terroristas colombianos y etarras para cometer crímenes en territorio español. Ademas, y por si hubiera dudas, Chávez ha alabado públicamente a las FARC, señalandolas como fuerzas revolucionarias admirables.


Como se ve, la denuncia del gobierno de Uribe no pone al descubierto el hilo negro. Sin embargo, ha colmado la paciencia del dictador de Venezuela. El jueves 22 de julio, es un espectáculo televisado (como los que acostumbra Chávez), acompañado del futbolista argentino Diego Maradona, entre plática y análisis con el conflictivo jugador de la selección gaucha, el residente de Miraflores rompió relaciones con la nación vecina, con la que comparte un libertador en común y una historia pararela. Y no solo eso. Chávez además, ha enviado tropas a la frontera con Colombia, según el, para defender a la nación en caso de un ataque militar. Otra de las fantasías de Chávez que podrían llevarlo a la ruina. Chávez desea constantemente un conflicto armado con Colombia que le traiga glorias militares, aunque el ignora que en realidad le llevaría a la pérdida de prestigio (de por si ya dañado) y hasta podría ocasionarle una revolución que acabaría con su gobierno.


Acerca del gobierno de Chávez, ha habido discuciones serias en torno a su naturaleza actual y a la posibilidad de que pueda alcanzar en Venezuela más poder. Algunos consideran al gobierno de Chávez como una democracia cada vez más acotada. Según ellos, todavía no se puede hablar de una dictadura en Venezuela. Otros consideran al gobierno de Chávez como una dictadura en funciones, que si bien todavía es lo suficientemente débil como para eliminar a gobernadores de oposición, ya tiene el control del congreso, el poder judicial y las elecciones, para manipularlas en caso de una victoria de la oposición en elecciones presidenciales. También se discute si Chávez alcanzará a ser un dictador del estilo de su amigo y compañero Fidel Castro, o si solo se quedará en el intento.


En lo personal, quien esto escribe considera que el gobierno de Hugo Chávez Frías ya se ha convertido en una dictadura. Es falso que todas las dictaduras sean sociedades militarizadas donde no existen elecciones, o si las hay, son enteramente manipuladas mediante el fraude electoral. Hay dictaduras mas fuertes y otras más débiles. La clave está en si existen todavía posibilidades de que la oposición derribe a un gobierno mediante elecciones y sin que se intente escamotear el triunfo mediante el fraude; es decir, sin que haya de por medio protestas electorales y una revolución callejera que derivara en bloqueos de carreteras y avenidas, tomas de edificios gubernamentales, puentes o aeropuertos, huelgas generales y choques violentos contra policías, soldados y grupos de choque.


En Venezuela esto ya no es posible. Chávez ha controlado siempre el congreso nacional, en un principio mediante mayoría obtenida en elecciones democráticas. Sin embargo, y abusando de esa ventaja, Chávez promulgó en 1999 una nueva constitución que le dio más poder. Esa misma constitución la fue reformando con el pasar de los años. Por medio de ello, su gobierno ha obtenido el control del poder judicial, de algunos medios electrónicos y por fin, de los órganos electorales y el desarrollo de las elecciones (esto último se dio sobre todo después del conflicto que casi lo derroca en abril de 2002). Actualmente, el gobierno de Chávez tiene que tolerar victorias de la oposición en gubernaturas, en el congreso y en gobiernos locales, pero ya no es posible pensar que Chávez deje el poder de manera democrática y sin una revolución (armada o callejera). Y no solo porque Chávez no es un demócrata, sino porque el desarrollo de las elecciones ya corre a cargo de instituciones controladas por una mayoría gubernamental; o bien, instituciones acotadas por el poder ejecutivo (del cual Chávez es cabeza). Es difícil pensar que Chávez no haga uso de ese aparato en caso de una victoria de la oposición en elecciones presidenciales.


Sin embargo, es verdad que el gobierno de Chávez aun no es una dictadura militarizada, ya no digamos como la de Fidel Castro en Cuba, sino ni siquiera como la de Augusto Pinochet en Chile. Vaya, ni siquiera como la de dictadores menos represivos como Manuel Apolinario Odría en Perú, o Gustavo Rojas Pinilla en Colombia (justamente la nación con la que Chávez ha entrado en conflicto casi armado). El gobierno de Chávez, a pesar de su autoritarismo y de su control de las elecciones, el poder judicial y a través de esto, del congreso, tiene que tolerar elecciones en las que la oposición participa. No es imposible afirmar, incluso, que el gobierno de Chávez, pese a que su líder es admirador de Fidel Castro, sea todavía mas democrático y tolerante con la oposición que el gobierno de Fulgencio Batista Zaldívar en Cuba, otro dictador que aplicó una represión alejada del militarismo sudamericano, que incluso toleraba la existencia de organizaciones de oposición, pero que que hasta el final (en 1958) controló los gobiernos de las Provincias en manos de hombres clave del régimen (a pesar de permitir elecciones, las cuales eran manipuladas). El gobierno de Chávez es todavía más débil y democrático que el de aquel dictador caribeño de los años cincuenta.


La pregunta que muchos se hacen es si Chávez alcanzará a ser un dictador del estilo de Fidel Castro, o cuando menos, del estilo de los dictadores sudamericanos de los años setenta. Y aquí la respuesta es un rotundo no. Esto por muchas razones que hay que analizar. Es posible que Chávez adquiera mas poder, y que establezca una sociedad en la que ya no existan gubernaturas en manos de la oposición, y que el conflicto actual contra Colombia no sea el principio del fin de su gobierno, como se pregunta el título de esta entrada. Sin embargo, aun si eso sucediera, Chávez jamás podrá establecer una dictadura que elimine las elecciones (tendrá que tolerar estas, aunque cada vez sean mas fraudulentas) y deberá convivir con gobiernos locales de oposición. Nunca podrá controlar totalmente a la prensa. Es posible decir, incluso, que Chávez apenas rose en poder al gobierno dictatorial de Batista o al sistema político PRI en México, al que Mario Vargas Llosa calificó, con mucha razón, como la "dictadura perfecta". Probablemente su gobierno deba tolerar a la oposición mas de lo que lo hiciera Batista, y esto ya dice mucho.


¿Que impedimentos tiene Chávez para no poder alcanzar a establecer una dictadura militar? Se puede decir que el contexto histórico que vive Venezuela ya no le permitirá dar el salto hacia el tipo de gobierno que Chávez añora. Las circunstancias mundiales también le son desfavorables. Veamos punto por punto.


1) Para empezar, Chávez no gobierna sobre una potencia militar. Venezuela es una potencia militar de tipo regional (solo en América Latina) pero no mundial. Y el gobierno dictatorial de Chávez no cuenta con el apoyo logístico de ninguna potencia para poder establecer una dictadura militar. Por un lado, Estados Unidos, Canadá, Australia y los países europeos no lo apoyan por obvias razones. Japón tampoco lo hace. Estos paises lo ignoran por completo (y Estados Unidos lo acota de manera sutil). Por otro lado, Rusia es una potencia que le presta cierta atención debido a la rivalidad que aun tiene contra Estados Unidos, pero no llega a más. Actualmente Rusia tiene muchos problemas internos que resolver como para prestarle demasiada atención a un lejano país latinoamericano. Además, el gobierno actual de Rusia ya no es el régimen comunista que existió en el pasado. Ya no tiene el mismo poder como para apoyar a Venezuela sin que esto ocasiones escándalos en Rusia. Finalmente, China podría ser esa potencia (es una dictadura que compite en dominio mundial contra Estados Unidos). Si embargo, China está mucho más interesada en consolidar su dominio en Asia Oriental que en participar en una aventura armada en América Latina. Y compite contra Estados Unidos mas en el aspecto cultural, tecnológico y económico que en el plano militar. China le hace oídos a Chávez, pero en general también lo ignora.


2) Es verdad que el no tener el apoyo de una potencia militar no es un impedimento para que Chávez convierta a su nación en una satrapía militarizada. Pero es un factor que unido a otros, le impide hacerlo. Y un segundo factor está en el contexto histórico que vive Venezuela y en general, el continente americano. La sociedad civil de Venezuela y de América Latina es mucho mas participativa y atenta que en el pasado. Es verdad que en el caso particular de Venezuela, la situación económica y política en los años noventa estuvo muy deteriodada, lo cual posibilitó el triunfo del candidato antisistema Chávez. Y es verdad que ese deterioro le permitió a Chávez establecer un gobierno cada vez mas dictatorial, pero la sociedad civil está en una situación muy diferente a la de los años setenta. Chávez ha sido combatido por un gran sector de la sociedad civil. Tarde o temprano, el pueblo venezolano se cansará de tolerar a su gobernante. La sociedad civil nunca lo apoyará en el intento de establecer una sociedad militar. Ya ha empezado a manifestarse, y cada vez con mas adeptos. Esta situación, mas el hecho de que a diferencia de Cuba, Venezuela no sea una isla, le impedida a Chávez alcanzar su sueño. La tecnología electrónica (el internet y otros aparatos modernos) contribuyen en mucho a alejar a Hugo Chávez de su sueño.


3) Además de estos impedimentos que tienen que ver con el contexto histórico y las circunstancias mundiales, hay otro factor muy importante, que también es mencionado una y otra vez. Y esto tiene que ver con la personalidad de Hugo Chávez. El hombre que gobierna a Venezuela no tiene la personalidad de un dictador militar. No tiene el talento histriónico propio de los dictadores militares. Chávez, y esto hay que decirlo, es un payaso mediático metido a la política. Aun si los otros dos factores no estuvieran presentes, Chávez nunca podría ser un dictador de una sociedad militarizada (solo de una sociedad autoritaria con un número considerable de libertades, como hasta ahora). Chávez es astuto, no cabe duda. Lo suficiente como para haberse convertido en el líder de un grupo que ahora detenta el poder. Es lo suficientemente poderoso como para haberse convertido en un dictador bastante blando, y probablemente alcance mayor poder, pero no pasará a mas. Por mas que lo intente, su personalidad no inspira miedo, ni siquiera el respeto que se le tiene a un general en guerra. Solo inspira esperanza en ciertos sectores populares a los que utiliza, y risa en las demás personas. Es un hombre que constantemente insulta, convierte los pleitos con otras naciones en trifulcas personales, hace payasadas aquí y allá y el ridículo en no pocas situaciones. Como dijera en uno de sus programas el comentarista peruano Jaime Bayly, Chávez, cuando abre la boca para divertir a la gente, lo hace muy bien, mejor que Don Francisco el de Sábado Gigante Sensacional. Chávez es un animador mas que un dictador en cuanto a imagen se refiere.


Este aspecto es también mencionado por el historiador mexicano Enrique Krauze en su mas reciente libro: El poder y el delirio, de 2008. Es un libro de análisis del chavismo, de la personalidad y la biografía de Chávez y su impacto actual. En uno de sus capítulos finales, Krauze analiza la capacidad de Chávez en cuanto al tema de si el dictador venezolano podría seguir los pasos de su padrino político: Fidel Castro. Krauze parafrasea a Karl Marx, el pensador del socialismo científico. En una de las frases célebres de aquel pensador alemán, se sostenía la idea de que "la historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como comedia". Krauze concluye en que si Fidel es la tragedia, Chávez es la comedia (de Fidel y de su historia). El famoso biógrafo analiza la personalidad de Fidel Castro en comparación a Chávez. Fidel es un tirano despreciable para cualquier demócrata y liberal, pero una máquina fría, calculadora y carismática al fin. Un hombre serio que inspira admiración, respeto o temor. Un hombre que si bien toma a título personal una crítica a la situación de su país (Cuba), responde de manera tal que parezca que Castro está denunciando un complot contra la isla. Un hombre que denuncia conspiraciones basadas en poner a Cuba como el objetivo principal (estos dos últimos enunciados no los menciona Krauze, pero puede entenderse del texto que mencionamos). Chávez, en cambio, personaliza los conflictos con otras naciones. Insulta a título de agravio personal y utiliza adjetivos vulgares, siempre poniendo en el centro de la atención su persona mas que a su nación. Krauze menciona que Chávez ve en Fidel un a un padre, pero se pregunta si muy en el fondo Castro verá en el demagogo sudamericano a un hijo digno de su padre. Yo creo que no es así.

Definitivamente, Chávez nunca podrá convertirse en un dictador militar. Solo ha llegado a ser un dictadorzuelo bastante blando para los parámetros de, ya no digamos un Pinochet o un Videla, sino mas bien un Omar Bongo, un Odría, un Carlos Castillo Armas, etcétera. No solo las circunstancias mundiales y el contexto histórico de la mayor parte de América Latina está contra su sueño, sino también su personalidad folklórica de animador de programas de comedia. El sueño de Chávez de convertirse en el segundo Fidel Castro es solo eso: un sueño guajiro que nunca alcanzará. En cambio, Hugo Chávez podría estar acelerando su caída con la guerra que quiere librar contra Colombia. El conflicto actual con la nación vecina podría ser el principio del fin de Hugo Chávez y su gobierno autoritario. Quizá Chávez no vea su caída tan rápido como piensan quienes creen que Venezuela es aun una democracia, pero si es seguro, en cambio, que Chávez caerá de un tiempo a otro. Con sus locuras, Chávez está cavando su propia tumba política.






viernes, 23 de julio de 2010

EL mundial 2010: de la pasión a la fiesta




El 11 de julio de 2010 terminó, después de un partido final disputadísimo entre Holanda y España (en el que el segundo país resultó el campeón por primera vez en la historia) la XIX Copa Mundial de Futbol, evento realizado en Sudáfrica. Fue una serie de competencias entre países muy interesante y emotivas, como lo son todas las Copas mundiales de futbol y las olimpiadas. La XIX Copa de futbol es interesante por varios motivos: motivos similares a las de otras copas, pero también por cuestiones propias de este campeonato mundial.


España es el campeón. Es la primera vez que este país europeo gana el primer lugar en una Copa de futbol. Este lugar se lo merece. España ha venido preparandose desde muchos años antes. De ser un competidor mediocre en tiempos de la dictadura de Franco, España ha pasado a ser una potencia deportiva en varias áreas, así como una potencia democrática, económica y cinematográfica. Y sin salirse del tema, España jugó muy bien en el último juego. Realizó un esfuerzo destacable: España jugó con honor y con verdadera pasión de campeones y ganadores. Esto lo escribo sin el menor deseo de menospreciar a Holanda (o Países Bajos). Holanda jugó muy bien. Destacó su actuación en la cancha de pasto. No se podrá afirmar que Holanda (pese a los errores que cometieron algunos de sus jugadores) perdiera merecidamente. Holanda perdió con honor. Perdió en un partido muy importante, pero le dieron harta guerra al rival ibérico (la prueba está en que España tuvo que esperar hasta casi el final del primer tiempo extra para ganar). Holanda fue un rival digno del ganador.


Este primer lugar de España en el mundial es lo que resalta de la XIX Copa respecto de las otras. Pero hay aspectos que analizar respecto al interés que el mundial despierta en las masas, y hasta la pasión que a veces estalla en cólera y en golpes, tanto entre los jugadores mismos como entre las porras y el público. El mundial es un evento muy publicitado desde mucho antes de que una copa se realice. Esto es lo que lo hace destacable, pero también otras cosas más. El mundial es uno de los eventos en los cuales los países se visten de honor patriótico. El que la tierra (o la nación) de una persona cualquiera tenga el honor de ser representada en un episodio, hace que las masas se unan en un interés colectivo: ganar. Por eso las victorias en el mundial visten de alegría a una nación (mas si la nación en particular es una que no tiene un gran equipo de futbol). Por eso también, las derrotas en el mundial producen cierta tristeza social, en tanto que las eliminaciones son trágicas, metaforicamente hablando.


Los campeonatos mundiales y las olimpiadas (o cualquier competencia deportiva entre países) son algo así como guerras amistosas, aunque a veces la pasión despierte disputas a trancazos en las canchas o en las gradas. Guerras que no requieren de ejércitos, ni movilizaciones humanas, ni suspensiones de garantías individuales, ni tragedias familiares, etcétera. Son competencias que despiertan disputas y pasión; enojo y alegría, pero al menos no implican matar a los adversarios en las batallas deportivas (los partidos o los torneos). Guerra y batallas en las que los soldados deportivos (los jugadores) van al frente en medio de la alegría de sus familiares (y no de los rezos de sus familiares). Y es que a diferencia de las guerras verdaderas, en los eventos deportivos los jugadores regresan, eliminados o victoriosos. Uno se emociona con los partidos. Durante el desarrollo de estos, el público reza, grita, festeja o lamenta. Todo por la patria y la victoria del equipo que nos representa.


Los mundiales tienen estas emociones, y las tendrán siempre. El mundial de 2010 despertó la atención de Sudáfrica, y esto debe ser motivo de alegría para esa nación: ser el escenario del evento y el país del que todos hablan. En 2012 vendrán las olimpiadas de Londres, y Gran Bretaña tendrá sus días de fama. Dos años después, Brasil será el escenario de la XX Copa Mundial de Futbol, y por lo tanto el país líder de la América del Sur será el centro de atención: gane o pierda, tendrá el honor de ser el país visitado por no tan casuales visitantes extranjeros.

sábado, 12 de junio de 2010

LA Independencia y el bicentenario: desmitificar para aclarar











La independencia de México fue un proceso de la historia mexicana muy controversial. La independencia de México se celebra, oficialmente, el 15 de septiembre, con el famoso "grito de independencia", que las autoridades acostumbran a dar en medio de la fiesta pública de cada población (en la Ciudad de México, el grito lo da el Presidente de la República; en las capitales de los estados integrantes de la unión, el grito es dado por el gobernador respectivo; en las cabeceras de los demás municipios, el Presidente Municipal es la autoridad que da el famoso grito; y en los demás poblados integrantes de los municipios, se elige a la autoridad respectiva). El grito de independencia en México es la fiesta oficial del país, no solo una celebración cívica más. Es lo que en Estados Unidos sería el 4 de julio, o en Francia el 14 de julio.


Pero ¿Que tanto de lo que se celebra en el día de la independencia es verdadero o falso? Porque hay mucho mito detrás de la celebración. De hecho, la mayor parte de lo que se supone es cierto, en realidad es falso. Veamos.

La fiesta del 15 de septiembre (después viene la celebración del 16, en el que hay un desfile patrio en las ciudades y pueblos del país) es en honor de la independencia. Según el calendario patrio inventado por los gobiernos, el grito de Dolores (el que diera el cura Miguel Hidalgo y Costilla en Dolores, Guanajuato, y que dio inicio a la lucha armada) es el inicio de la independencia del país, y algunas mentes lo toman como el día de la fundación de la nación. Totalmente falso.

Para empezar, hay que hacer una correción incluso en el calendario patrio (ya de por si falso). El grito sucedió, en efecto, en septiembre de 1810 (el grito en realidad fue una arenga pública del cura de Dolores para rebelarse contra los españoles). Pero no sucedió el 15 de septiembre. El aclamado grito de Dolores ocurrió en la madrugada (a casi una hora y media del amanecer) del 16 de septiembre de 1810, no el 15. El 15 como día del grito fue impuesto por el ilustre dictador Porfirio Díaz. El 15 era el cumpleaños del viejo héroe del 2 de abril, y quizá el motivo de que escogiera ese día fuera para que coincidiera con su cumpleaños. Otros afirman que se escogió ese día para no tener que dar el grito en la madrugada, lo cual era muy difícil por el cansancio. Por extraño que parezca, el régimen político "emanado de la revolución de 1910", que relegó la imagen de Porfirio solo a la de un dictador brutal, continuó la tradición porfiriana.


Y es falso que el grito fuera el inicio de la independencia nacional (y más falso aun que fuera el día del nacimiento de México como nación). El grito de Dolores quizá es el inicio de la insurgencia y de la lucha armada que concluyó en la independencia, pero no de la independencia como tal. El virreynato y la Colonia continuaron aun despues de la ejecución del cura Hidalgo y los principales cabecillas iniciales del movimiento. Vaya, continuaron imperando en la Nueva España incluso después de las batallas gloriosas y la ejecución del cura José María Morelos y Pavón (el sucesor de Hidalgo, y quien diera verdadera guerra a los realistas).


La independencia nacional se logró gracias a los Tratados de Córdoba, en Veracruz, en agosto de 1821, entre el general Agustín de Iturbide y el enviado de la Corona Española, Don Juan o Donojú. La independencia se logró el 27 de septiembre de 1821, con la entrada del Ejército Trigarante (dirigido por Agustín de Iturbide) a la Ciudad de México y la celebración nacional del suceso. Esa fecha, el 27 de septiembre, es la que debiera estar como celebración de la independencia nacional, no el 16. Pero claro, como posteriormente Agustín de Iturbide fue etiquetado por los liberales, porfiristas y revolucionarios como reaccionario y traidor a la patria por el hecho de haber sido derrocado por los antiguos insurgentes, se ha relegado la fecha del 27 de septiembre a la de mera fecha cívica, apenas como un recordatorio escolar. Y es común que toda la gloria se la den a Vicente Guerrero, y no a Agustín de Iturbide, como debiera de ser (Vicente Guerrero colaboró con Iturbide, y tuvo cierto mérito, pero no al grado del michoacano Iturbide).


Por otro lado, en lo relacionado con la fundación de México como nación, hay desacuerdos y controversias. Para empezar, existe una controversia acerca de qué marca la fundación de una nación. Si se puede considerar a una colonia (como lo era la Nueva España) una nación subordinada a otra. Las colonias son territorios subordinados a una nación particular, pero se discute si se les puede llamar nación (en sentido territorial y no étnico) a una colonia, aun cuando no posea un gobierno propio. Pero independientemente de la respuesta, no se puede poner la fecha del 16 de septiembre de 1810 como el nacimiento de México nación. Si acaso, la nación mexicana se fundó con la independencia nacional, once años después. Y esta fecha también es debatible, por aquello de que una colonia puede ser también una nación, aunque con estatus político diferente. Si la respuesta es un si, entonces la fecha de la fundación de México puede ser otra. Desde luego, es falso eso de que la nación se fundara en 1325, con el inicio de la contrucción de Tenochtitlan, capital de los mexicas o aztecas, como pretenden otros nacionalistas. Eso es un mito genial inventado por los nacionalistas que exaltan a los aztecas como los antepasados de toda la nación. Es verdad que cuando los españoles llegaron al territorio actual de México existía la palabra con la que se designa al país, y que se usaba para nombrar a la región donde estuviera la nación azteca. Pero no era México. México no existía como nación. Existían, en su lugar, varios países indígenas en lo que es el centro y sur del moderno México. Naciones diversas: algunas ricas en arte, otras decadentes; pero solo una temida y poderosa en 1517: el Imperio Azteca. Las naciones fuertes de la región maya estaban en decadencia, y las demás eran naciones débiles y nada influyentes. En el norte de México casi no había naciones, existían tribus nómadas en la región desértica. En la región de Oasisoamérica existían naciones pobres en civilización artística y material.


En todo caso, si la fecha del 21 de septiembre no se toma como el inicio de la nación mexicana (además del de la independencia del territorio novohispano), quizá se podría considerar el inicio de la nación mexicana el día en que Carlos V nombró a Hernán Cortés como Comandante General del Reino de la Nueva España. Ese día, ocurrido en 1522, puede ser el inicio de la nación mexicana, aunque con otro nombre y en un estatus de colonia de Castilla. De cualquier forma, es importante desmitificar el bicentenario nacional. Desmitificar el 15 como la fecha del grito de Dolores; el 16 como el día de la independencia y el mismo día 16 como el inicio de la nación mexicana. También, le pese a quien le pese, desmitificar la idea de que Miguel Hidalgo es el padre de la independencia, y elevar a Agustín de Iturbide en el honor que merece, y que el dogmatismo ideológico le ha negado.