










La historia comienza en noviembre de 1984. Lugar: República Democrática de Alemania (Alemania Oriental). La Stasi, policía secreta del régimen socialista de la Alemania Oriental, oprime al pueblo alemanoriental mediante la intimidación, el chantaje, el terror y el espionaje. Cientos (quizá miles) de alemanes orientales sufren la mala suerte de caer en manos de esta policía siniestra y criminal.
En este ambiente, se desenvuelve el agente Gerd Weisler. El es un hombre duro, formado en la policía que sirve al sistema político de su país. A pesar de poseer la suficiente brutalidad en sus métodos de interrogatorio, Weisler está convencido de lo que hace. El cree que lo que hace para la policía protege a su país, y sirve con devoción y pasión a su causa.
Es en 1984, cuando un importante y poderoso miembro de la clase gobernante pone sus ojos en una actriz, de nombre Christa- María Grubitz, con intenciones nada decorosas. Por este motivo, el hombre en cuestión hace que la Stasi ordene espiar a ella y su pareja, un intelectual fiel al sistema a pesar de no creer mucho en la ideología que lo sostiene. El dramaturgo en cuestión se llama Georg Dreyman. El objetivo es quizá descubrir fallas de la pareja de Christa, deshacerse de él y en seguida, que el funcionario se quede con la chica. El funcionario ya había obligado antes a Christa a ceder a sus deseos, bajo el riesgo (o la amenaza, mejor dicho), de que si no procedía de tal manera, su carrera quedaría anulada. Anulada por decisión de esa siniestra cofradía de pillos que gobernaban, en noviembre de 1984, a Alemania Oriental. La clase dorada que mantenía su aparato estatal bajo el pretexto noble de los intereses del proletariado.
Weisler, precisamente por su lealtad al sistema y su fama de experto, es escogido con tal fin. El citado oficial manda colocar micrófonos en áreas del departamento de la pareja que va a espiar (en los apagadores, generalmente). Instala un centro de espionaje en una parte abandonada del edificio, en donde se auxilia de un ayudante. Incluso, amenaza a una vecina de la pareja que observa cuando los agentes ponen micrófonos con que si dice algo, la hija de ella estará negada a la universidad (y en el régimen “comunista” era de capital importancia la universidad, para salir algo de la postración económica).
Empieza así toda una intriga y una historia que cambiaría la vida de Weisler. A pesar de su brutalidad, el agente es de nobles sentimientos, enemigo jurado de utilizar el aparato policiaco con fines personales. Justamente por eso, va simpatizando con la pareja, al ver que son personas de bien. Lo espía todo: cuando hacen el amor, las pláticas, y hasta cuando la chica llega destrozada al departamento tras de su aventura de noche con el funcionario que la pretende (su obligada aventura). Esta parte de la historia es fundamental en la transformación de Weisler: cuando ve que llega llorando, llama a su pareja y hace que este salga del departamento. Dreyman se da cuenta de la infidelidad de su novia, y hasta discute con ella el asunto. Cuando una noche después, Christa se dispone a ir de nuevo con el funcionario, Weisler platica con ella en una cafetería estatal, y la convence de que desista.
Entre tanto, un amigo de Dreyman, anterior disidente que había sido despedido de su profesión por sus críticas al régimen, se suicida. Dreyman pasa así de la pasividad política a la acción. En compañía de amigos, redacta un artículo que habla de los suicidios en la Alemania Oriental por motivos de desesperanza ante un contexto de totalitarismo. Idea maneras de pasarlo a Occidente.
Weisler, que observa todo, decide no denunciar la tentativa, y en los informes que envía a su superior inmediato, deforma los hechos. En lugar de escribir lo que su vigilado y compañía planean, escribe que los citados intelectuales preparan una obra para conmemorar el infame muro de Berlín. Weisler se da cuenta de la situación siniestra que el totalitarismo le otorga, y así, de ser un fiel servidor del régimen, comienza un proceso de dudas y disidencia interior.
El funcionario poderoso que había planeado el espionaje, furioso por el hecho de que Christa no se reunió con él, presiona para que se actúe contra la pareja. La actriz es detenida cuando compraba pastillas de contrabando, y es interrogada por Weisler, aunque no con la brutalidad con la que el agente interrogaba en el pasado. La chica revela el lugar del departamento en donde están escondidas las pruebas intelectuales de disidencia de su pareja, y Weisler informa a sus superiores. Pero cuando estos proceden a ir al departamento, Weisler se les había adelantado, con el objeto de esconder las pruebas (lo cual hace de manera exitosa). Dreyman, al ser cateado su departamento, se comporta de manera arrogante con su pareja (Christa) dándole a entender que él cree que lo delató, y esta sale corriendo hacia la calle, siendo atropellada y muriendo en el acto, dejando a Dreyman en un mar de dolor. Weisler y los demás observan la escena, y ante la falta de pruebas, concluyen en suspender lo que se supone tendría que haber sido una exitosa aprehensión. Weisler queda impactado con la desdichada escena, y al dejar a su superior en su casa, este le informa que ha sido despedido y que se olvide de su carrera prometedora. Le pronostica que pasará muchos años de su vida como burócrata de tercera categoría, colocando sobres. Esto ocurre en marzo de 1985.
Cuatro años después, Gerd Weisler es un burócrata que se dedica a ensobrar para la burocracia comunista. Es un hombre que no cree en el régimen que lo oprime, pero al que sirvió en el pasado con entera dedicación (oprimiendo a los demás). Es el 9 de noviembre de 1989. Mientras realiza su trabajo, un compañero escucha que el muro ha sido derribado, y que por lo tanto el régimen socialista totalitario caerá de un día para otro. Lleno de felicidad, informa del feliz acontecimiento a sus compañeros. Weisler está entre los que aprueban lo que en otro tiempo hubiera detestado, pero no celebra con la misma pasión que los demás. Quizá por el hecho de que el está consciente de haber contribuido (aunque fuera por sincera convicción) con lo que en ese día se derribaba estrepitosamente.
Dos años después, Dreyman asiste a una obra de teatro (esto cuando la reunificación ya había tenido lugar, y cuando lo que había sido Alemania Oriental vivía en pleno capitalismo y democracia, aunque también en medio de dificultades y penurias económicas). Por alguna razón, no puede completar la obra, y sale de la sala. En eso, se encuentra al ex funcionario poderoso que había ocasionado que lo espiaran años atrás. Cuando Dreyman le pregunta porque no fue espiado, el antiguo político le responde que si lo fue, e incluso le sugiere que revise en los apagadores de su casa. Dreyman se sorprende de lo que el ex funcionario comunista le confiesa, revisa los apagadores de su departamento y se da cuenta de los micrófonos. Acude a los archivos públicos a revisar, y queda impactado cuando descubre que lo que hacían había sido reportado. Entonces se da cuenta de que el agente que escribía los reportes lo había ayudado, al ocultar lo que en verdad realizaba hacía ya más de un lustro. Dreyman investiga la identidad del agente. Cuando descubre que el hombre en cuestión es Gerd Weisler, va a buscarlo, y lo encuentra trabajando como empleado. Se dispone a ir a saludarlo y darle las gracias, pero inesperadamente se detiene. El intelectual decide marcharse del lugar. El empleado Gerd Weisler ni cuenta se da de que estuvo a unos cuantos metros del hombre a quien espió, y que contribuyó en cierta medida a su cambio interior.
Dos años después (1993) Weisler se toma un descanso de su trabajo al pasar frente a una librería. Entra a ella a ver libros, y descubre un título escrito por el dramaturgo al que en el pasado espió. Cuando abre las hojas y revisa las primeras páginas, encuentra la clave de identidad que tenía asignado, con una dedicatoria para el “agente bueno”. Conmovido, Weisler decide comprar el libro. Cuando la empleada le pregunta si lo quiere como regalo, el antiguo oficial le responde que no, pues el regalo es para él.
¿Ocurrió en verdad esta historia? Por supuesto que no. La historia contada es ficticia. Es de la película “La vida de los otros”. Una película excelente que muestra el grado de infamia y opresión de los sistemas totalitarios. La película se exhibió en 2007, pero vale la pena reseñarla hoy que están a punto de cumplirse los 20 años de la caída del muro de Berlín. La fecha en que se cumplen dos décadas es el 9 de noviembre de 2009.
Sin embargo, pese a que la historia es ficticia, la situación ahí mostrada es real. En el mundo habrá personas que vivieron una situación semejante (en la Alemania Oriental o en cualquier otro país). Y es seguro que historias semejantes existen aun en las actuales dictaduras totalitarias (Cuba, Irán, Corea del Norte, Camboya, Myanmar, etcétera). La cinta tiene el mérito cinematográfico de mostrar con total crudeza la vida en un sistema totalitario, en donde los intereses del Estado son primordiales a los de los individuos. En donde los individuos no son más que máquinas esclavizadas a favor de una casta gobernante (que no clase social) que tiene el privilegio de todo, incluso de caer en las actitudes que esa casta rechaza retóricamente. El dominio de la casta socialista- comunista se justificaba, al decir de sus miembros, en razón de crear un mundo en donde nadie pensara jamás en los lujos, nadie tuviera ambiciones materiales ni propiedades en los medios de producción (negocios, tierras, fábricas, bancos u otras cosas). Un mundo en donde nadie estuviera dedicado al placer. Como demuestra la película, en realidad la casta comunista- socialista disfrutaba de todos los lujos (adquirían yates, manejaban limousinas, vivían en departamentos lujosos, quintas y hasta mansiones, y ¿Por qué no? Seguramente viajaban de vacaciones al mundo capitalista, el infierno en donde “los trabajadores se morían de hambre”). Si un mérito tiene esta genial cinta, es el demostrar en cine la horrible y desesperante vida en un régimen totalitario, en un mundo en el que ni el respeto a la dignidad humana está garantizado. Un mundo en donde hay que humillarse para no padecer represalias. Esta cinta es para el cine lo que la novela “
La fiesta del Chivo” es para la literatura. La aclamada novela, escrita por el peruano Mario Vargas Llosa, describe en una novela lo que la cinta de Florian Henckel Donnersmarck en el séptimo arte: la vida en una dictadura militar o totalitaria.Bien vale la pena que el 9 de noviembre se haga honor a “La vida de los otros”.


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El domingo 11 de octubre, el presidente de México Felipe Calderón tomó una decisión histórica, que ya hacía falta desde muchas décadas atrás: en base a las facultades constitucionales del Ejecutivo Federal, se decretó la supresión de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, la empresa estatal que operaba en el ramo de electricidad en la capital del país.
La decisión se tomó en el contexto de un conflicto al interior del sindicato que operaba en esa ineficiente y ya histórica empresa. El motivo del conflicto era claro, y bastante común entre los sindicatos que nacieron al amparo del oficialismo priista de los viejos tiempos: un fraude sindical en la elección de la dirigencia. Martín Esparza, representante de ese tipo de sindicalismo ahora asociado a la izquierda populista, es sin lugar a dudas un ejemplo arquetípico del líder sindical enriquecido con el erario y las cuotas de sus afiliados. Entre las colecciones de este líder sindical, según varias versiones documentadas, se encuentran caballos, caballerangos, gallos de peleas y hasta entrenadores (se supone que tendrá algún gran rancho, sino es que varios). Todo un líder charro, en el doble sentido de la palabra: le gustan las aficiones típicas de los charros y el es un líder ejemplar del charrismo sindical.
Valiente decisión la que tomó el gobierno federal. Y es loable comparada con la iniciativa absurda y populista de este mismo gobierno de aumentar un 2 % el IVA. Iniciativa que lo único que va a causar (si se aprobara) sería obstaculizar la prosperidad de los empresarios medianos, chicos y micro, además de causar un aumento de precios. Esta decisión de liquidar una compañía ineficiente (y por ende, de desbaratar un sindicato corrupto y amafiado) es loable y da un nuevo aire a la gris administración actual.
Como era de esperarse, la decisión de Felipe Calderón tomó reacciones distintas en la sociedad. El PAN, obviamente, apoya la decisión. El PRI declaró su apoyo a la iniciativa, aunque después de haber criticado al presidente en torno al tema. La mayoría de la sociedad apuesta al apoyo del gobierno federal (sobre todo, los habitantes de la zona donde operaba esa ineficiente compañía).
El apoyo al sindicato llegó de donde se esperaba: la retrógrada y populista izquierda mexicana encabezada por AMLO, el PRD en pleno, PT y otros partiditos. Esa izquierda que lamentablemente, es mayoría entre las filas de la izquierda mexicana (y mayoría en la izquierda de casi todos los países de América Latina). Apoyo vergonzoso, que de seguro tendrá costos políticos (y qué bueno que así sea).
Por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador criticó al gobierno federal con esta pregunta: “¿No tiene problemas de conciencia después de firmar un decreto para dejar sin trabajo a 40 mil trabajadores?”. Pregunta verdaderamente absurda y llena de demagogia (hecha al final de una marcha en apoyo al sindicato) pues en el mismo mensaje en donde anunció la decisión, el presidente dejó muy en claro que los trabajadores desocupados serán indemnizados en los términos que señale la Ley Federal del Trabajo. Además, ¿cargos de conciencia? Por supuesto que el presidente ni los tiene ni debe tenerlos, pues el despido de trabajadores no necesariamente los empobrece (sobre todo si van acompañados de indemnizaciones generosas y de seguro por bastante tiempo) y además, mas gana el país desintegrando cuando menos un sindicato que ya tiene más de mafia organizada que de verdadero sindicato.
Por otro lado ¿Por qué seguir manteniendo a una empresa estatal que sangraba al país? En las columnas escritas a propósito del conflicto sindical que llevó a la desaparición de la empresa y a la decisión, el periodista Jorge Fernández Menéndez aporta datos de la sangría económica al país por parte del sindicato y la empresa: 42 mil millones de pesos recibió este año la empresa en subsidio (la liquidación del contrato colectivo costará unos 16 mil millones de pesos).
La supresión de Luz y Fuerza del Centro es una decisión importante, valiente y que tendrá resultados positivos al país (lo mismo que la supresión de la Secretaría de la Reforma Agraria y la Secretaría de Turismo). Decisiones que contrapesan la absurda “reforma fiscal” del 2 % y la no menos absurda decisión de apoyar la Contra Reforma Electoral del 2007, que obstaculiza la libertad de expresión.
La liquidación de Luz y Fuerza, mas las secretarías ya mencionadas, son equiparables a la decisión del gobierno anterior de desaparecer Banrural (Bandidal, según le denominaban sus críticos) en octubre de 2002. Esto a pesar de lo que digan AMLO y todos sus lambiscones seguidores.



